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En medio de redadas del ICE, Dave Roberts de Dodgers acepta viaje a la Casa Blanca y enciende polémica

Dave Roberts defiende el viaje a la Casa Blanca por respeto institucional, mientras fans y prensa cuestionan su postura

Muchos fans han criticado a Roberts (derecha) por no marcar una distancia co Donald Trump.
Kiyoshi Mio
Ariel Velázquez
Especialista en periodismo deportivo con vocación en investigación y en artículos de largo aliento.
Estados Unidos Actualizado a

En Los Ángeles, pocas figuras pesan tanto como Jackie Robinson. Su nombre no es una estatua ni una fecha en el calendario. Es un recordatorio permanente de que el beisbol también puede ser un acto político, incluso cuando pretende no serlo. Por eso, la posibilidad de que los Dodgers visiten la Casa Blanca en abril para celebrar su último título de la Serie Mundial ha abierto una grieta incómoda entre tradición, conciencia social y conveniencia.

La crítica no viene sólo de aficionados en redes sociales. Se escucha en la prensa local, en organizaciones civiles y en una ciudad marcada por la migración y la diversidad. Para muchos, posar frente Donald Trump, presidente de Estados Unidos en el contexto actual no es un gesto neutro, sino una contradicción directa con el legado de Robinson, un hombre que entendió el deporte como plataforma y no como refugio.

Robinson no fue un símbolo silencioso. Habló de derechos civiles, desafió a los dos partidos políticos y pagó el precio. En 1944, siendo teniente del ejército, se negó a ir a la parte trasera de un autobús. Fue acusado de insubordinación y absuelto. Años después, ya como figura pública, dejó una frase que hoy vuelve a incomodar.

“El derecho de todo estadounidense a una ciudadanía de primera clase es la cuestión más importante de nuestro tiempo”.

Esas palabras resuenan mientras el equipo que rompió la barrera racial en las Grandes Ligas debate si aceptar una invitación que, en los hechos, se ha convertido en algo más que una celebración deportiva.

Dave Roberts, mánager de los Dodgers y una de las voces más respetadas dentro de la organización, ha sido claro. Para él, la visita no tiene que ver con la persona que ocupa la presidencia, sino con el cargo.

“Soy un manager de beisbol. Ese es mi trabajo. Me crió un hombre que sirvió a nuestro país durante 30 años para respetar el cargo más alto del país”, declaró hace unos días para The Los Angeles Times.

Roberts insiste en que no intenta enviar mensajes políticos ni convertirse en portavoz de nada más allá del diamante.

“No importa quién esté en el cargo, iré a la Casa Blanca. Nunca he intentado ser político. Seguiré lo que dicta la tradición”.

El problema es que la tradición ya no existe en el vacío. Mientras se discute la visita, Estados Unidos atraviesa un momento marcado por redadas migratorias, protestas y muertes en Minneapolis a manos de agentes federales. Casos que han sido cuestionados incluso por investigaciones periodísticas internacionales, como la verificación de la BBC sobre el asesinato de Alex Pretti, donde no se encontró evidencia de que portara un arma.

En ese contexto, organizaciones como la Red Nacional de Jornaleros han pedido públicamente a los Dodgers que no asistan a la Casa Blanca.

“Los Ángeles es una ciudad construida por inmigrantes, familias trabajadoras y soñadores. Celebramos a nuestros campeones, pero también defendemos la justicia y la dignidad”.

El silencio institucional del club no ha ayudado a calmar el debate. Stan Kasten, presidente de los Dodgers, se ha limitado a decir que no hay una decisión tomada. Sin embargo, el equipo estará en Washington a inicios de abril y después regresará a casa para el Día de Jackie Robinson, una coincidencia que vuelve aún más delicada cualquier resolución.

Favoritos al tricampeonato

En el papel, los Dodgers lucen listos para dominar otra vez. Con Shohei Ohtani, Mookie Betts, Yoshinobu Yamamoto y refuerzos clave como Kyle Tucker, el sueño de un tercer título consecutivo está sobre la mesa. Pero antes de lanzar la primera bola, el club arrastra un pendiente moral que no se resuelve con estadísticas ni nóminas.

“Para construir un liderazgo, uno debe basar su posición en lo que es correcto, no en lo que es conveniente”, palabras de Jackie Robinson.

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Para muchos en Los Ángeles, ir a la Casa Blanca hoy es lo segundo. Y eso explica por qué la defensa de Dave Roberts, centrada en el respeto institucional, no ha logrado apagar el ruido.

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