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Jackie Robinson, la leyenda del béisbol que resucita cada 15 de abril

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Jackie Robinson, la leyenda del béisbol que resucita cada 15 de abril

En 1947 este deportista excepcional entró en la mitología del béisbol. Su número, el ‘42’, es el único retirado por todos los equipos de este juego.

Desde hace 16 años, cada 15 de abril, el béisbol celebra el Jackie Robinson’s Day. Es la fecha en la que este mítico jugador debutó en las Ligas Mayores haciendo historia tanto en el terreno deportivo como en el social. Y es que, no en vano, Jackie Robinson fue el primer afroamericano que jugó en la Liga Mayor de béisbol en Estados Unidos. Este año será la primera vez, desde que se instauró este homenaje, que no se celebrará en los campos de bésibol.

Corría el año 1947, una época en la que todavía se daba en Estados Unidos una clara discriminación racial en el mundo del deporte. La Liga Mayor de béisbol era un coto privado en la que jugaban cuatrocientos hombres de raza blanca. Los jugadores ‘de color’ sólo competían en las llamadas Ligas de Negros, consideradas de menor calidad. Un argumento que Robinson se encargó de desmentir con sus números.

Hasta su llegada a los Dodgers de Brooklyn, la vida de nuestro protagonista no había sido precisamente fácil. Era Jackie el menor de seis hermanos. Cuando tenía seis meses de vida, su padre abandonó a la familia y su madre optó por trasladarse a Pasadena, en California, para buscar un futuro que le permitiera sacar adelante a sus vástagos. Y lo logró.

Jackie Robinson consiguió llegar a la Universidad. De hecho, sus aptitudes atléticas le permitieron conseguir la acreditación deportiva en cuatro disciplinas (atletismo, fútbol americano, baloncesto y béisbol). Pero a unos meses de licenciarse, Jackie se planteó abandonar y buscar un trabajo que le permitiera conseguir mayores ingresos, pues había visto cómo su hermano mayor Mack, medalla de plata en los 200 metros lisos en los JJ OO de Berlín 1936, a cuatro décimas del mismísimo Jesse Owens, había sufrido la discriminación racial al volver a su país, que no tenía en cuenta los méritos, sino el color de las personas.

Un medallista olímpico en la familia: su hermano.

Su hermano mayor, Mack Robinson, había hecho historia 11 años antes. Sin duda, los Juegos Olímpicos de Berlín siempre serán recordados por las cuatro medallas que Jesse Owens sumó, pero en una de aquellas carreras destacó otro protagonista en el que nadie reparó, y eso que estuvo a punto de aguarle a Owens su tercer oro, el de los 200 metros lisos. Cuatro décimas separaron a Mack Robinson de la medalla de oro y tuvo que conformarse con la plata. Su hija comentaría años después que su padre, cuando recordaba la hazaña siempre decía: “Podría haber ganado a Owens de tener un calzado mejor y un entrenamiento decente”.

Sin embargo, cuando Jackie estaba en esta disyuntiva, el ejército se cruzó en su camino. Fue llamado a filas durante la Segunda Guerra Mundial, lo que retrasó su decisión, y a su vuelta, una oferta del equipo de béisbol de los Monarchs de Kansas City le puso en el camino del triunfo deportivo. Si bien es cierto que jugar en este equipo de las Ligas Negras era mejor de lo que tenía, tampoco era la panacea. Sin un contrato fijo en el equipo, duran te los largos viajes para jugar los partidos, Jackie sufría los zarpazos de la discriminación. Los negros tenían que esquivar la segregación y los desplantes de los blancos segregacionistas más recalcitrantes, que les impedían comer en restaurantes y usar los servicios. La costumbre y, sobre todo, la paciencia les daban fuerzas para superar estos episodios que se repetían constantemente a lo largo y ancho del país. A pesar de todo, Robinson acabó siendo uno de las figuras más destacadas del equipo. Su forma de jugar era una tortura para los pitchers contrarios, especialmente con su característica amenaza de robar base y que hacía dudar al lanzador del equipo contrario. Sus números era buenos y no pasaron desapercibidos para el mánager del equipo de béisbol de las Ligas Mayores Brooklyn Dodgers: Branch Rickey.

Se vivían tiempos que auguraban cambios. Tras la Segunda Guerra Mundial y el papel destacado de los afroamericanos en el ejército norteamericano durante la contienda, se hizo más evidente la necesidad de mejorar la situación de la gente de raza negra en otras facetas de la vida y Rickey vio una oportunidad de arriesgar y dar un paso más en el béisbol.

Tras decidir que Robinson sería el jugador que ayudase a su equipo a ganar las Series Mundiales de nuevo, Rickey se reúne con él para que firme por los Dodgers y jugar en el filial: Montreal Royals. Sin embargo, de esa reunión lo más importante fue la conversación que ambos mantuvieron una vez cerrado su fichaje. En ella, el mánager de los Dodgers le dice a Jackie que necesita un hombre con agallas, pero no para defenderse, sino para aguantar. Le expone el hecho de que ser el primer afroamericano en un equipo será algo que levante muchas ampollas en un mundo ‘blanco’ como el béisbol y que, entre otras cosas, le provocarán en muchos de los campos buscando desestabilizarlo. Finalmente, Robinson se compromete a no entrar en las provocaciones y dedicarse a lo suyo: jugar. Sin duda, una complicada decisión para él, ya que el que sería el ‘42’ de los Dodgers era una persona temperamental y comprometida con los derechos civiles. De hecho, fue sometido a un juicio militar en su etapa en el ejército por no querer sentarse en la parte de atrás de un autobús como le había pedido un superior. De este juicio Jackie fue absuelto y terminó licenciándose con honores por sus méritos.

Ya como miembro del equipo, Jackie tuvo que hacer frente a situaciones humillantes. Cuando llegó a Daytona, a los primeros entrenamientos con el equipo de Montreal, no se alojó con el resto de compañeros, sino en casa de otros afroamericanos. Esta primera vez viajó con su mujer, con la que se acaba de casar. Durante esas semanas sufrió los gritos e insultos desde la grada, incluso se llegó a suspender un entrenamiento con la excusa de hacer cumplir la ley que impedía la actividad física conjunta entre negros y blancos. Este tipo de situaciones, además de ir contra Robinson, influían en sus compañeros de equipo, puesto que alimentaba la tensión en el vestuario, en el que había quienes no veían con buenos ojos su fichaje. Encima, los periodistas insistían en realizar preguntas incómodas a Jackie, a las que él contestaba sin inmutarse. De hecho, cuando un periodista antes de entrenar por primera vez le preguntó qué haría si un pitcher le tiraba una pelota a la cabeza, tras mirarle a la cara, Robinson contestó: “Agacharme y esquivarla, como haríais vosotros”. Sin embargo, la buena temporada y el estoicismo con que resistía todos los improperios le hicieron acreedor de un respeto que acabó con todas las reticencias en el seno de los Montreal Royals, pero esta era la primera batalla, llegó el año siguiente, 1947, y se consumó el gran salto de Jackie Robinson, pasaría a jugar en los Brooklyn Dodgers, en las Ligas Mayores. Fue Branch Rickey quien no paró hasta que consiguió que jugara en los Dodgers, para lo cual le hizo incluso cambiar de posición. Jackie Robinson era Segunda Base y le puso de Primera Base, ya que la otra posición estaba cubierta.

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Pese a que venía del equipo filial, para Robinson la llegada a Brooklyn suponía partir de cero. Además, su bienvenida fue una carta firmada por varios jugadores en la que expresaban su negativa a jugar con él. La situación se solucionó tras una reunión entre Rickey y los firmantes. El mánager les recordó a algunos de ellos su origen extranjero y les hizo recapacitar sobre la irracionalidad de su petición. Al final, depusieron su actitud. Aunque algunos de ellos, empeñados en la negativa, acabaron saliendo traspasados a otro equipo. Tras varios entrenamientos, Jackie Robinson, al igual que ocurriera en los Royals, se hizo poco a poco con el apoyo de sus compañeros, incluso algunos de ellos, a pesar de sus propios prejuicios, le defendían en el campo cuando desde los banquillos rivales le increpaban. Sonada fue la deplorable actitud del entrenador de los Phillies de Philadelphia, Chapman, que no ahorraba insultos y expresiones despectivas contra Jackie. Pero finalmente, llegó el debut: el 15 de abril de 1947 ante los Braves de Boston. No obstante, todavía le tocaría protagonizar algunos hechos lamentables, como que en Philadelphia no dejaran al equipo alojarse en el hotel en el que lo hacían desde hacía años por la presencia de Robinson y que algunos de sus compañeros no lo entendieran y se lo recriminasen injustamente.

Y es que los viajes a otras ciudades, especialmente algunas como Pittsburgh o Cincinatti, eran extremadamente desagradables en aquella primera campaña. Algunos compañeros nacidos en esos lugares pedían incluso no jugar, dadas las amenazas que recibían, amén de los aficionados que esperaban para increpar a Robinson tras los partidos. En aquella primera temporada, Jackie lideró la clasificación de bases robadas y fue nombrado Rookie del año. Posteriormente le llegarían más reconocimientos por su juego.

Sin embargo, con el tiempo, Robinson acabó siendo muy importante en los Dodgers y comenzó a relajarse el ambiente en el vestuario, incluso algunos compañeros le trataban con familiaridad. No era para menos, Jackie estuvo jugando hasta 1956 en la franquicia de Brooklyn.

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Con su mítico número ‘42’ a la espalda, Jackie Robinson fue sin duda el pionero (al poco tiempo se le unirían otros) en hacer romper al béisbol su prejuicio sobre el color de los jugadores. Su última aparición pública fue en el mes de octubre de 1972 en las series Mundiales. El 24 de ese mismo mes y año, Robinson fallecía dejando una herencia que el béisbol no podrá olvidar, mejor dicho, que no quiere olvidar, por ello, en 1997, coincidiendo con los 50 años de su debut, se retiró su número de toda la Liga. En la actualidad, la Fundación Jackie Robinson, además de preservar su memoria y su legado, se en carga también de becar a deportistas para que puedan realizar su sueño. Lo que el protagonista empezó hace 68 años todavía no terminado.

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Sin duda, la vida de Jackie Robinson merecía una película y la tuvo. En concreto, dos filmes recogen toda la historia de su llegada a las Ligas Mayores: una, en 1950, protagonizada por el propio beisbolista, y la segunda, más moderna en 2013. ‘42’ está dirigida por Brian Helgeland y protagonizada por Harrison Ford y Chadwick Boseman.

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