Tenis

El sueño de Yohny Romero no murió en Venezuela

El extenista venezolano, capitán en Copa Davis, relata su historia desde Miami, donde reside desde 2018 debido a la crisis social y económica en su país.

Fotografía de Yohny Romero con camiseta azul y short verde en una cancha de tenis azul.
Eduardo López
Periodista de reportajes y contenidos especiales de AS USA Latino/AS México, a donde llegó en 2015. Ha seguido a la Selección Mexicana de Fútbol por nueve países. Escribe sobre fútbol, baloncesto y política deportiva. Ha cubierto eventos como NBA, la Copa América Centenario 2016, Copa FIFA Confederaciones y la Copa del Mundo de Qatar 2022.
Estados Unidos Actualizado a

Yohny Romero no extraña su vida como tenista, sí a Venezuela. “Me encantaría volver, pero ahora tengo un plan en Florida”, cuenta a través del teléfono, entusiasmado con un proyecto que ha renacido. Que había iniciado en la Isla de Margarita, aquel pequeño paraíso en el Caribe, donde Yohny descubrió su vocación tras colgar la raqueta.

“Tengo 15 chicos. De Ucrania, de Latinoamérica, de Chile, de Venezuela. No he tenido mexicanos. Los preparamos para aplicar a becas universitarias. El sistema universitario se parece mucho al profesional. Son caminos largos. Decirte si hay alguno que la va a romper en lo profesional sería irresponsable, pero sí hay varios que tienen madera para hacer el intento”, detalla Romero, convertido en coach para mantenerse ligado al deporte que tanto ama nueve años después de haberlo dejado: “Mis padres trabajaban en mantenimiento de la federación. Crecí y viví el tenis desde pequeño. Me identifiqué con la parte combativa del deporte. Se me hizo fácil. El ambiente colaboró para que esos inicios se me hicieran bastante divertidos y con un ambiente sano”.

Hoy coach; antes, 260° del mundo, uno de los pocos venezolanos en el ranking de la ATP; competidor en Wimbledon y del Australian Open; medallista de bronce en los Juegos Panamericanos de 1999 en Winnipeg; oro y plata en los Centroamericanos de Cartagena, en 2006. “Mi carrera fue algo maravilloso. Fue muy especial. Sobre todo, viniendo de mi estatus social: de familia obrera a viajar y conocer el mundo. Haber tenido esa oportunidad fue maravilloso, porque muchos no la tienen”, recuerda con emoción.

El sueño de Yohny Romero no murió en Venezuela
Yohny Romero representó a Venezuela en varias ediciones de la Copa Davis.

El camino: Venezuela - Estados Unidos

Salir del profesionalismo no fue traumático para Yohny. Esa aduana que a tantos deportistas les suele ser tan dolorosa, Romero la transitó con normalidad. Abrochó con apariciones en el Australian Open y Wimbledon. “Ya tenía suficiente del tenis. De los viajes, estar de un lado a otro. No es fácil. Estaba listo para cambiar mi vida y estabilizarme en Venezuela. No extrañé la competencia y el tipo de vida. Me retiré contento. Satisfecho de lo que tenía y con los logros alcanzados. Eso me ayudó a hacer una transición más ligera”, recordó. “Fue un gran logro estar en los Grand Slams, porque venía de un retiro de cinco años y pude volver”.

- ¿Qué pasó? ¿Por qué tuviste un hiato en tu carrera?

- Venezuela ya empezaba a declinar en la parte económica. Las empresas se empezaron a ir. Los patrocinadores se hicieron más difíciles. Lo que tenía, lo perdí. Me retiré y volví. Se me dio la oportunidad de tener un buen cierre deportivo.

Yohny dependía 100% de patrocinios. El apoyo de la Federación Venezolana de Tenis era casi nulo. “El tenis se parece mucho al emprendimiento. Si no tienes la parte financiera cubierta, no puedes salir a competir. Es un deporte muy costoso. Hoteles, viajes, entrenadores. Eso afectó muchísimo el crecimiento personal que tuve. Eso derivó en la pausa de cinco años. La economía daña mucho al atleta. Eso hace reevaluar el ser un tenista profesional", lamenta.

El presupuesto anual para un tenista profesional no élite asciende, según Romero, a 120,000 dólares al año. Al menos. Entrenador, viajes, boletos, acompañamiento. Todo incluido. En la situación en la que Venezuela se encontraba entonces, el financiamiento se volvió una misión imposible. “Para las instituciones de gobierno entiendo que el tenis no era muy atractivo. Hicieron algunos aportes en cuanto a preparaciones especiales para eventos de ciclo olímpico. Era algo de país. El apoyo del día a día y recurrente prácticamente no existió”, relata Yohny.

El contexto no mejoró en Venezuela. En 2011, pese a las penurias, abrió la academia de tenis en la Isla de Margarita, en el Laguna Mar. Un proyecto que hacía sinergia entre el deporte y la educación: “Era un plan muy completo. Estudios de inglés, preparación para los exámenes de aceptación en Estados Unidos. Los instruíamos para que aprendieran a jugar y a estudiar. La idea era que ganaran becas universitarias para salir”. El sueño estalló unos años después: “El hotel se fue a la quiebra. La situación económica no les permitió seguir operando. Las estructuras hoy están en ruinas, literal. Por eso tuve que salir”, evoca. “En contra de mi voluntad tuve que salir de Venezuela y buscar oportunidad en Miami. Volver a empezar de cero. Esa infraestructura que había montado no podía replicarla en otro lado”.

Yohny recobró su deseo en Miami. Como tantos de sus compatriotas, su sangre. Trabajó en la academia de Nick Saviano (48° del ranking de la ATP en la década de los 70) por seis años hasta independizarse en 2023. Durante ese tiempo, Romero pudo seguir de cerca el crecimiento de figuras como Sloane Stephens, Amanda Anisimova y Genie Bouchard. “Es el mejor entrenador de Estados Unidos. Fui su mano derecha. Me dio la oportunidad de seguir creciendo. Un profesor impecable con su sistema de enseñanza fabuloso”. Y después retomó el proyecto de Margarita, el cual gestiona junto al también venezolano Alejandro Ciffoni. Un viaje melancólico que Yohny no dudaría en repetir. Pese a los pesares. Y la distancia. Y los que se quedaron.

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