Donald Trump: Golpe al modelo NCAA
Una orden ejecutiva redefine el futuro del deporte universitario en Estados Unidos. Límites de transferencias y años de elegibilidad pondrían fin al auge de los contratos NIL y la profesionalización del sistema.


El deporte universitario en Estados Unidos dejó hace tiempo de ser un terreno puramente formativo. La irrupción de los acuerdos de nombre, imagen y semejanza (NIL) abrió la puerta a ingresos millonarios para jóvenes atletas, mientras universidades y patrocinadores compiten por talento como si se tratara de franquicias profesionales. En ese contexto, el equilibrio competitivo y financiero se ha tensado hasta un punto crítico.
La NCAA, debilitada por fallos judiciales recientes y presionada por un mercado cada vez más libre, ha visto cómo el portal de transferencias se convirtió en una autopista sin restricciones y cómo los programas más poderosos concentran recursos y figuras. El resultado es un ecosistema híbrido: amateur en el papel, profesional en la práctica.
Trump toma cartas en el asunto
Ahí entra la nueva orden ejecutiva firmada por Donald Trump, que busca poner freno a esa dinámica. De acuerdo con información de ESPN, la medida propone un cambio estructural que impacta directamente en la movilidad y duración de las carreras universitarias.

La disposición establece que los atletas podrán competir un máximo de cinco temporadas dentro de un periodo de cinco años y solo podrán transferirse una vez sin penalización antes de graduarse. Además, instruye a la NCAA a adaptar sus reglas antes del 1 de agosto y advierte que las universidades que incumplan podrían perder acceso a fondos federales.
El objetivo es claro. Reducir el caos generado por la liberalización total del sistema. Desde 2024, los jugadores podían cambiar de equipo cada año sin restricciones, lo que disparó la rotación de plantillas y transformó la construcción de los rosters en una dinámica de mercado abierto.
La orden también apunta a los llamados “collectives”, estructuras financiadas por donantes que canalizan dinero hacia los jugadores bajo el paraguas del NIL. Para la administración estadounidense, estos mecanismos distorsionan la competencia y amenazan la viabilidad de deportes menos rentables.

No es un ajuste menor. Se trata de un intento de reequilibrar un sistema que reparte miles de millones en becas y que sirve como semillero olímpico, pero que hoy funciona con lógicas cada vez más cercanas al deporte profesional. Los contratos cada vez eran más grandes y lucrativos, a tal grado que los atletas colegiales preferían quedarse más tiempo en la universidad, que ir al deporte profesional bajo salarios de novato.
Sin embargo, el camino no será sencillo. Expertos legales ya anticipan impugnaciones, al considerar que limitar la movilidad y las oportunidades económicas de los atletas podría chocar con precedentes judiciales recientes.
Noticias relacionadas
La NCAA, una vez más, queda en el centro de la tormenta. Entre la presión política, los intereses económicos y los derechos de los jugadores, el modelo universitario estadounidense enfrenta otra sacudida que puede redefinir su identidad para la próxima década.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí.


Rellene su nombre y apellidos para comentar