Haití: el milagro del Estado fallido
‘Les Grenadiers’ vuelven a una Copa del Mundo desde Alemania ‘74, cuando su turbulenta historia atravesaba un capítulo especialmente macabro. El presente no es más alentador.


Haití es el prototipo del Estado fallido. Dictaduras, corrupción, terremotos, huracanes, golpes de Estado, deforestación, represión, inseguridad, magnicidios. Todos los males se han instalado, desde su misma fundación, en el país más empobrecido del hemisferio occidental. Por ello, su clasificación al Mundial de 2026 no es otra cosa que un milagro.
Un milagro entre un colapso social y político. El país lo gobierna, desde 2024, el Consejo Presidencial de Transición, un órgano colegiado compuesto por siete personas, entre quienes están representantes de los principales partidos políticos locales y empresarios. Dicho consejo ejerce las funciones de la jefatura del Estado, en su calidad de gobierno provisional, en lo que se convocan a elecciones para elegir a un presidente. La autoridad del cuerpo terminará el 7 de febrero de 2026; si para entonces no se ha investido a un nuevo mandatario, Haití corre el riesgo de quedarse sin gobierno. Otra vez. Como en 2021, cuando Jovenel Moïse fue asesinado a las afueras de su residencia, presuntamente, a manos de mercenarios exmilitares colombianos. En medio de la anarquía, la Federación Haitiana de Fútbol no ha cesado operaciones.
La FHF encontró la forma de abaratar costos y potenciar a su selección nacional al valerse de la diáspora. El exilio forzado a Curazao, donde disputaron todos sus encuentros de la eliminatoria mundialista, les alejó de su tierra y su afición, pero les confirió tranquilidad para trabajar bajo la batuta de Sébastien Migné. El técnico francés, experimentado en países turbulentos, asumió el timón en 2024. En su currículum están los encargos del Congo, Kenia y Guinea Ecuatorial. Haití ofrecía un reto similar y extrapolable. Migné llamó a filas a futbolistas con raíces haitianas, aunque nacidos fuera de ‘La Española’. La base de Migné es netamente ‘foránea’: 15 de los 23 convocados que lograron el boleto mundialista en la Fecha FIFA de noviembre son franceses, canadienses, suizos o incluso estadounidenses. Sólo ocho son oriundos de Haití. Y ninguno de los 23 vive y juega profesionalmente el país.

El plan funcionó. La distancia geográfica no se tradujo en desconexión emocional con la causa haitiana. Ni la eliminatoria ni sus jugadores pasaron por el maltrecho país, pero la afición no castigó. Miles de hinchas haitianos salieron a las calles de Puerto Príncipe, Carrefour, Cap-Haïtien a celebrar la histórica clasificación al Mundial en el que fue un bálsamo entre la tragedia. Un resoplo entre el infierno. Duckens Nazon, estrella de ‘Les Grenadiers’, nacido en Francia, sintetiza esta improbable conexión entre equipo y pueblo. Cuando hay orgullo nacional y algo qué defender de por medio, no hay separación que valga: “Hay gente que no tiene nada en el bolsillo. Solo cuentan con nosotros. Y hoy los podemos hacer llorar de alegría. Démosle eso. No los defraudemos”.

Haití: la historia maldita
La historia se ha cebado con Haití. Desde mediados del Siglo XX, el país ha vivido sumergido en dictaduras, como las de la familia Duvalier (Papa Doc y Baby Doc), o regímenes inestables y porosos. Una sucesión de golpes de Estado y calamidades naturales han dejado a Haití en un perpetuo estado de ingobernabilidad. La población ha resentido las inclemencias: el conflicto armado interno, entre gobierno y pandillas, ha causado más de 1.3 millones de desplazados. Según datos del Banco Mundial, casi 5.4 millones de haitianos (47% de la población total) tiene problemas para alimentarse a diario y 3,100 personas han muerto desde 2019, producto de la violencia entre pandillas, autodefensas y fuerzas gubernamentales. La de Haití es una de las crisis humanitarias más apremiantes de los tiempos modernos, de acuerdo a la ONU.
Mientras el país batalla con su presente, ‘Les Rouge et Bleu’ comenzarán a preparar, lejos de Haití, su reaparición en el máximo escenario tras la surrealista e infame puesta en escena de Alemania ‘74. Y no es por los resultados que consiguió la selección, goleada por Argentina (4-1), Italia (3-1) y Polonia (7-0) en el grupo 4, sino por el entorno enrarecido. Aquel equipo se instaló en Múnich acompañado por la policía secreta, el brazo represor de los Duvalier, los Tonton Macoute, tristemente célebres en Haití por su extrema violencia, apoyada en las creencias vudú y la santería. El entonces vicepresidente de la Federación, Acedius St. Louis, también era a la sazón el comandante de Les Leopards, la guardia personal de Jean-Claude Duvalier, hijo predilecto del dictador y, a la postre, su sucesor. El coctel, claro, no dejó nada bueno. Ernst Jean-Joseph, defensa, no superó un control anti-dopaje, razón por la que fue torturado, según relata el periodista Brian Glanville en su libro The Story of the World Cup. Jean-Joseph desapareció por algunos días hasta que, ya de vuelta en Haití, telefoneó a sus compañeros para indicarles que seguía con vida.

No están ya los Duvalier, por suerte, pero Haití aún dista de la paz y la prosperidad. Pero, para los males, están ‘Les Grenadiers’, para devolverle la sonrisa, aunque sea por unos minutos, a un pueblo herido.
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