Ni Wisconsin, ni Arizona: el posible estado bisagra para que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes federal
Un plan de redistribución electoral podría alterar el mapa político y abrir la puerta a un cambio de poder en el Congreso en las elecciones de 2026.

Las próximas elecciones de noviembre de 2026 podrían redefinir el equilibrio de poder en el gobierno de Estados Unidos, con la posibilidad de terminar con el control republicano en Washington y funcionar como una evaluación del segundo mandato del presidente estadounidense, Donald Trump.
En esos comicios estarán en disputa 33 escaños del Senado, además de elecciones especiales en dos estados, mientras que los 435 escaños de la Cámara de Representantes de Estados Unidos se someterán al voto popular.
El país está dividido en 435 distritos electorales —con una población de alrededor de 760.000 habitantes cada uno— que eligen a sus representantes por un periodo de dos años, es decir que se eligen durante las elecciones intermedias y cuando ocurren las elecciones presidenciales.
Actualmente, los republicanos controlan la Casa Blanca y mantienen mayoría en ambas cámaras del Congreso, aunque por márgenes estrechos. Los demócratas necesitan ganar apenas unos pocos escaños para cambiar el balance legislativo: alrededor de cuatro para el Senado y tres para la Cámara.
La batalla por la Cámara de Representantes se decidirá principalmente en territorio Trump
Analistas coinciden en que la disputa por la Cámara de Representantes se definirá principalmente en distritos donde Trump mantiene una fuerte influencia electoral, lo que eleva la importancia de estados competitivos como Florida.
La posibilidad de que los republicanos impulsen una redefinición de los distritos en Florida a mitad de la década ha encendido las alarmas entre los demócratas, que ven en el estado un factor determinante para recuperar el control de la Cámara federal. La redistribución electoral, que normalmente se realiza cada 10 años tras el censo, podría adelantarse con el objetivo de aumentar la ventaja republicana.
El plan, promovido por el gobernador Ron DeSantis, contempla revisar los mapas antes de las elecciones legislativas de 2026, en parte a la espera de un fallo de la Corte Suprema que podría modificar las reglas sobre cómo se dibujan los distritos, especialmente en relación con la representación de minorías.
Sin embargo, la estrategia implica riesgos políticos. Durante décadas, el diseño electoral en Florida ha concentrado a votantes demócratas en distritos urbanos, lo que ha permitido a los republicanos dominar gran parte de los distritos suburbanos y rurales. Cambiar ese equilibrio para intentar ganar nuevos escaños podría volver más competitivas zonas actualmente seguras para el Partido Republicano.
Esto también podría poner en riesgo escaños que durante años han permanecido en manos demócratas, incluidos los distritos representados por Debbie Wasserman Schultz, Darren Soto, Jared Moskowitz y Kathy Castor, en la región de Tampa Bay. La posibilidad de alterar esos bastiones preocupa a la dirigencia demócrata nacional, que ya ha comenzado a preparar una estrategia política y legal para enfrentar cualquier intento de rediseño partidista.
Las organizaciones de defensa del derecho al voto han advertido que cualquier intento de modificar los mapas podría enfrentar impugnaciones judiciales, ya que la Constitución estatal de Florida incluye disposiciones que prohíben la manipulación partidista de los distritos.
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