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MASTERS 1.000 | MONTECARLO

Djokovic se estrella en su vuelta ante el mejor Davidovich

El español hizo un partidazo para superar al serbio, que sólo le había concedido siete juegos en sus dos anteriores duelos. Se enfrentará a Goffin o Evans.

Actualizado a

Montecarlo perdió este martes, y a las primeras de cambio, al número uno del mundo, Novak Djokovic, que volvía a las pistas después estar más de un mes parado por su perenne negativa a vacunarse. Un español, Alejandro Davidovich, en estado de gracia y hecho una croqueta de tanto rebozarse por la tierra batida de la Rainiero III, superó al serbio en tres sets: 6-4, 6-7 (5) y 6-1 en 2h54. En sus dos anteriores enfrentamientos, ambos en 2021 (Roma y los Juegos de Tokio) sólo había podido ganarle siete juegos. Eso cambió a orillas del Mediterráneo, en una plaza que se le da bien al malagueño, cuartofinalista en 2021 tras ganar a Matteo Berrettini, por aquel entonces octavo del mundo. Mayor aún, las más grande de su carrera (segunda ante un top-10), fue esta victoria ante uno de los astros legendarios del tenis que le permitirá medirse el jueves en octavos con Goffin o Evans. En el horizonte, un posible derbi español en cuartos contra Carlos Alcaraz.

"Es un triunfo muy especial, porque crecí viendo a Nole, que era como mi mayor fan, quiero decir, que yo era su mayor fan. Le seguía en cada torneo y partido. He disfrutado de cada momento aquí delante de toda esta gente y ante el número uno. Estoy muy feliz", expresó con una parte de comicidad Foki, como le apodan por su segundo apellido, después de romperle en nueve oportunidades el saque a su ídolo.

Pocas, muy pocas veces se ve a Djokovic irse a casa en el día de su estreno en un torneo. Hace casi cuatro años que no le ocurría. Fue en el Barcelona Banc Sabadell de 2018, cuando perdió con el eslovaco Klizan (140º) por 6-2, 1-6 y 6-3. En Mónaco, su residencia oficial, sólo había caído de inicio otras dos veces, frente a Federer (1º) en 2006, en primera ronda, y ante Jiri Vesely (55º) en la segunda de 2016. Precisamente el checo fue quien le apeó a finales del pasado mes de febrero en cuartos del ATP 500 de Dubái. También es raro que el balcánico encaje dos derrotas seguidas de un torneo a otro. Le pasó justo en aquel batacazo contra Klizan. La semana anterior le había vencido Thiem en octavos de Montecarlo. Por primera vez, el Masters 1.000 monegasco es el segundo evento que disputa en un curso.

Esa 'voluntaria' falta de actividad es la que le está pasando factura a Djokovic, ya que, por muy bueno que sea, la ausencia de competición la nota cualquiera, hasta una leyenda, cuando se enfrenta a rivales con el hambre y las ganas que demostraron Davidovich y, en su momento, Vesely. Alejandro, premio Promesa AS en 2017, aquel curso en el que se proclamó campeón júnior en Wimbledon, se dejó la vida, los nudillos, las rodillas, la cadera y la espalda para intentar restar todos los saques y contestar a la mayor parte de los golpes del gigante de Belgrado, que cometió una cifra igualmente inusual de errores no forzados: 51. Su rival, el intrépido tenista del Rincón de la Victoria, acumuló 34, pero conectó 37 winners, 10 más que Nole. Y su gran mérito fue sobreponerse al palo de perder un segundo set que tenía casi ganado con un 4-2 en el desempate y ganar el tercero, tras un inicio en el que Djokovic se puso en modo robot. Cierto es que no le duró demasiado.

Emoción y lágrimas

Davidovich explotó todas sus virtudes: fuerza, técnica, espectáculo y pasión. Todo eso se le hizo un mundo a un Djokovic fuera de forma ("Físicamente, me derrumbé, no podía moverme ni sentía las piernas, me quedé sin gasolina", dijo después), que no pudo ofrecerle una victoria a sus padres, su esposa y sus hijos, que estaban en las gradas, cerca de Goran Ivanisevic, desde este año su único entrenador, y de su fiel fisio, Ulises Badio. Y eso que rugió con rabia tras igualar el partido con un passing de mérito. Lo que no esperaba es la entereza y madurez que demostró un contrincante que es el paradigma de lo que significa jugar contra un tenista de la Armada sobre arcilla. No se rindió el chaval y, aunque al final casi no se lo creía (su entrenador, Jorge Aguirre, lloró en el box, posiblemente tampoco), se mereció con creces un triunfo inexcusable. A Djokovic, que le felicitó con amables palabras ("Bravo"), un abrazo y una sonrisa, le espera una nueva reinvención, porque en el circuito le han perdido el respeto por varios motivos, también tenísticos. "No voy a parar, seguiré adelante y espero llegar bien a Roland Garros, alcanzar allí la cima, ese es el gran objetivo de la campaña de tierra, en la que históricamente nunca empiezo bien", explicó.

Resultados del Masters 1.000 de Montecarlo.

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