Los precintados de Schrödinger: por qué comprar juegos retro sellados en formato cartucho puede ser una auténtica lotería
Reflexionamos sobre el riesgo de comprar juegos precintados y cómo los posibles daños sufridos por las baterías internas de los cartuchos pueden ser auténticas bombas de relojería.


Los videojuegos retro están cada vez más de moda, y no tiene pinta de que a medio o largo plazo los precios de títulos tan codiciados como los juegos clásicos de Pokémon vayan a bajar. Mientras que los coleccionistas más ávidos y pudientes buscan unidades en el mejor estado posible, comprar títulos precintados puede no ser la garantía que muchos creen que es. Sin ir más lejos, es posible que videojuegos sellados cuya caja y precinto tengan un buen estado estético alberguen una desagradable sorpresa en forma de corrosión en la placa base por culpa de la pila interna.
Comprar juegos retro precintados no es sinónimo de estado impoluto: el riesgo de rotura o desperfectos es bajo, pero nunca cero
Imagina que te encuentras un Pokémon Amarillo nuevo y precintado a precio de risa. En lugar de dejarlo en una estantería o vitrina, piensas “que le den a la especulación, los juegos están para jugar”, y cometes uno de los grandes sacrilegios de los coleccionistas: lo desprecintas para jugarlo en tu Game Boy modeada con pantalla IPS. Cuando insertas el cartucho, la consola no lo reconoce. Por suerte, tienes a mano un destornillador gamebit con el que abrir el cartucho... y al hacerlo encuentras un pifostio de tres pares de narices: la pila interna reventó, y la corrosión ha provocado daños irreparables en la placa base y otros componentes.

Esta historia es ficticia, pero no por ello es imposible que suceda. Gracias a plataformas como Reddit, a lo largo de muchos años se han ido recopilando numerosos testimonios de usuarios que narran vivencias similares, como el de este jugador: “Compré una copia de Dragon Quest IV una vez. La llevé a casa e intenté encenderla, pero no funcionaba. Abrí el cartucho y el interior estaba destrozado. Parecía que la pila de botón explotó o goteó por toda la PCB y estaba tan asquerosa que ni siquiera intenté rescatarlo. Así que sí, pasar, pasa”.
Muchos videojuegos en formato cartucho de sistemas como Super Nintendo, Game Boy o Nintendo 64 utilizaban pilas como parte de su sistema de guardado u otras características adicionales como relojes en tiempo real. Gracias a la corriente constante suministrada desde las pilas a los chips SRAM, se mantenían los datos guardados en cada cartucho incluso tras extraerlos de la consola. No obstante, estas baterías no recargables de litio son muy sensibles a los cambios de temperatura repentinos o extremos: su temperatura de almacenamiento recomendada suele ser de entre 5 y 25 grados centígrados.

Por tanto, comprar hoy juegos retro precintados, incluso si la intención es simplemente tenerlos como objetos de exposición, puede convertirse en una práctica de riesgo dado que no es posible conocer las condiciones reales de almacenamiento y temperatura que han tenido... salvo que fueses tú mismo quien los compró y guardó en el momento de su lanzamiento. Sin pretender sonar asustaviejas: el peligro real de encontrarse con unidades así en el mercado de segunda mano es bajo, pero nunca es cero. De ahí que muchos lo comparen con una especie de lotería macabra: hay muy pocas posibilidades de que “te toque”, pero si sucede, te arruina el día, la semana, y el mes.

En última instancia, el auge del precintado como fetiche máximo del coleccionismo retro choca frontalmente con la naturaleza del propio soporte físico. Al contrario de lo que muchos creen, un cartucho o una consola precintada no es una cápsula del tiempo perfecta y herméticamente sellada, sino que sus componentes se degradan con el paso del tiempo, y este proceso se puede acelerar si las condiciones de almacenamiento no son las adecuadas.
No nos malinterpretéis; comprar retro sellado no es una temeridad, pero en ningún caso es una garantía absoluta de que todo estará bien. Incluso si no hay signos externos de mala conservación —como deformaciones en el precinto, suciedad u otros indicios visibles—, puede no ser aconsejable almacenar ciertos títulos junto a otros productos de alto valor, precisamente porque el estado interno del cartucho no puede comprobarse sin abrirlo. Por este motivo, los juegos precintados viven en una especie de limbo hasta que alguien se atreve a profanar el plástico para comprobar que todo esté en orden... a veces deseando no haberlo hecho, ya que toparse con una placa corroída por culpa de una pila reventada es como haber liberado una maldición faraónica.
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