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Un usuario de PC cometió el pecado capital del gaming casi sin darse cuenta y revela su historia: “Es más importante que el rendimiento”

Colocar mal tu equipo puede costarte caro: la lección que aprendió un gamer por descuido.

Un usuario de PC cometió el pecado capital del gaming casi sin darse cuenta y revela su historia: “Es más importante que el rendimiento”
Periodista y creador de contenido. Nacido en Santander y apasionado de los deportes. Comunicador polivalente capaz de desenvolverse con las cámaras, los micrófonos y mediante la prensa escrita.
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Durante años, muchos entusiastas del hardware han centrado sus esfuerzos en maximizar el rendimiento de sus equipos: más potencia, más velocidad, más FPS. Sin embargo, un usuario de PC descubrió —tras una costosa experiencia— que a veces la clave no está en los componentes, sino en algo mucho más básico: la ubicación del equipo.

Lo que empezó con una decisión práctica

Hace alrededor de una década, este jugador construyó su propia PC de escritorio, seleccionando cuidadosamente cada componente para lograr un sistema de alto rendimiento. Su elección de piezas grandes dio como resultado una torre voluminosa y pesada, difícil de acomodar en el escritorio. Por comodidad y estética, decidió colocarla debajo de la mesa, junto a sus piernas.

La solución parecía perfecta. El escritorio quedaba despejado, el calor no subía hacia su rostro y, en general, el sistema parecía estable y funcional. Durante años, esa fue la ubicación habitual mientras disfrutaba de interminables partidas de Day of Defeat.

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Un pequeño detalle con grandes consecuencias

Todo cambió seis meses después. Al reorganizar los cables y tomas de corriente, movió brevemente la torre y los cuatro pequeños soportes de la base se desprendieron. No le dio importancia; pensó que no afectaría al rendimiento. Sin embargo, esa suposición marcó el inicio de un problema silencioso.

Sin los soportes, la carcasa quedó en contacto directo con la alfombra. Al cabo de un año, el equipo empezó a mostrar alertas de temperatura y una notable caída en el rendimiento. Al principio, el usuario sospechó de un fallo en el ventilador o de un exceso de overclocking, pero un diagnóstico posterior reveló la verdadera causa: la PC estaba literalmente asfixiada por el polvo.

Un “basurero” tecnológico

El diagnóstico fue contundente: el interior del equipo estaba cubierto de polvo, fibras, pelo de gato, polen e incluso células muertas. Los ventiladores estaban completamente obstruidos y las rejillas de ventilación, bloqueadas contra la pared. “Era suficiente para montar un negocio de aislamientos”, bromeó el usuario. Le tomó un día y medio limpiar toda la máquina.

Aquella experiencia le hizo replantearse algo fundamental: la ubicación del PC puede ser más importante que su potencia.

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Lecciones

De esa vivencia nacieron varios consejos que todo usuario debería tener en cuenta:

Lo que no debes hacer

  • No coloques la PC directamente sobre la alfombra. Bloquearás las rejillas inferiores y el polvo se acumulará fácilmente.
  • Evita ubicarla demasiado cerca de paredes o muebles; la ventilación trasera necesita espacio.
  • No la sitúes junto a fuentes de calor como radiadores o lámparas.
  • Jamás la cubras con telas o mantas, ya que impedirás la disipación del calor.

Lo que sí deberías hacer

  • Coloca el equipo sobre una superficie sólida, como un escritorio o un estante.
  • Si el espacio es un problema, usa un soporte auxiliar independiente.
  • Asegúrate de que esté ligeramente elevada para permitir la circulación de aire.
  • Limpia el polvo al menos una vez al año.

“Mi PC, enterrada en la oscuridad debajo del escritorio, me enseñó una valiosa lección: la ubicación es más importante que el rendimiento”, reflexiona el usuario.

Desde entonces, su equipo ocupa un lugar bien ventilado, libre de polvo y con espacio suficiente para respirar. Una lección sencilla, pero que muchos gamers —centrados en las especificaciones— olvidan hasta que es demasiado tarde.

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