Tinder en aviones: un estudio desvela cuánta gente tiene sexo al volar
Wi-Fi, citas digitales y nuevas conductas íntimas que transforman la experiencia aérea comercial.

Por años fue una fantasía minoritaria, casi un mito aeronáutico. Hoy, el llamado Mile High Club ha dejado de ser una rareza para convertirse en un fenómeno observable —aunque aún un tanto extraño— en la aviación comercial. Un análisis del periódico italiano Corriere della Sera, basado en testimonios de pasajeros, tripulantes y pilotos, muestra cómo el Wi-Fi a bordo, las aplicaciones de citas como Tinder y hasta plataformas como OnlyFans han cambiado la forma en que algunas personas se relacionan sexualmente… incluso en pleno vuelo.
La escena que abre el reportaje parece sacada de una película, pero ocurrió en abril de 2015. Un avión cruzaba el Atlántico rumbo a Europa cuando, en la oscuridad de la cabina, un pasajero recibió un mensaje inesperado en la pantalla del sistema de entretenimiento: “Hola, ¿qué haces?”. El remitente, identificado como “A”, indicaba incluso su asiento —45K, clase económica— y proponía encontrarse en el baño, con instrucciones incluidas para abrir la puerta desde fuera. No era un caso aislado. De hecho, usos como este llevaron a varias aerolíneas a desactivar posteriormente la mensajería interna entre asientos.
A partir de experiencias como esta, el diario italiano analizó vuelos realizados en unos 500 aviones, en 250 rutas nacionales, internacionales e intercontinentales. El trabajo abarca cerca de 1.500 horas de vuelo, un millón de kilómetros recorridos, 61 aerolíneas y 42 países. El resultado: unos cuarenta miembros del Mile High Club relataron sus experiencias, junto a una treintena de testimonios de asistentes de vuelo y pilotos, a menudo obligados a decidir si intervenir o mirar hacia otro lado para evitar conflictos mayores.
La intensificación del fenómeno tiene dos motores claros. El primero es tecnológico: la expansión del Wi-Fi a bordo, cada vez más rápido y en muchos casos gratuito. El segundo es social: el auge de las aplicaciones de citas. Algunos usuarios incluyen en sus perfiles el número de vuelo o incluso el asiento. Si hay interés mutuo y ambos están en el mismo avión, el encuentro puede concretarse poco después del despegue. En este contexto, Tinder y otras apps funcionan como una extensión digital del aeropuerto y la cabina.
La tripulación señala además dos tendencias recientes: una generación de viajeros más desinhibidos y el impacto de OnlyFans. “Sorprendímos a pasajeros grabándose durante actos sexuales”, admitieron unos asistentes de vuelo. “Cuando les preguntamos que qué hacían, respondieron que estaban produciendo contenido”. En muchos de esos vídeos, difundidos luego en plataformas para adultos, aparecen otros pasajeros de fondo, a veces identificables.

Pese a su eco mediático, el sexo en aviones sigue siendo un fenómeno limitado frente a los 5.000 millones de pasajeros que vuelan cada año. No existen estadísticas oficiales, pero una encuesta de 2018 estimó que el 5% de los usuarios de apps de citas había tenido sexo en un avión. El Corriere rebaja notablemente esa cifra: cruzando testimonios y estimaciones del personal de vuelo, calcula que alrededor del 0,05% del total de pasajeros —unos 2,5 millones de personas— ha mantenido relaciones sexuales a bordo. En la práctica, esto equivaldría a que en uno de cada 30 despegues hay una pareja teniendo sexo
¿Dónde son los encuentros?
En clase económica, el baño es el espacio más utilizado; en business y primera clase, la mayor privacidad abre otras posibilidades. Elegir el baño adecuado —lejos del personal y en zonas con varios servicios— forma parte de la estrategia. El instante más delicado es la salida: algunos regresan a su asiento como si nada, otros simulan una urgencia médica, y hay quienes simplemente no se preocupan por la impresión que causan.
El personal de cabina reconoce que no siempre actúa. Intervenir puede derivar en conflictos, violencia o en la necesidad de gestionar un incidente policial al aterrizar. Según la Convención de Chicago, se aplican las leyes del país donde está registrado el avión. En Occidente no existe una prohibición específica del sexo en vuelos comerciales, pero sí normas sobre conductas indecentes o exhibicionismo. Las sanciones más comunes son multas o la prohibición de volar con la aerolínea.
A 12.000 metros de altura, entre nubes, Wi-Fi y pantallas encendidas, la intimidad ha encontrado nuevos caminos. No es una revolución masiva, pero sí un síntoma de cómo la tecnología y las redes sociales han cambiado incluso los espacios más insospechados.

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