Si vas a instalar un termo eléctrico en tu hogar, no cometas este grave error: te puede salir muy caro
Repasamos la importancia de los manguitos antielectrolíticos en la instalación de los termos eléctricos, y su papel fundamental para maximizar la vida útil de estos aparatos.


En España, los termos eléctricos son considerados electrodomésticos de gran consumo, motivo por el cual cualquier particular puede instalar uno en su hogar si así lo desea, sin la necesidad de recurrir a un profesional o técnico especializado. Sin embargo, al hacerlo por nuestra cuenta, es fácil cometer un grave error que irá “matando” al aparato poco a poco: no instalar los manguitos antielectrolíticos favorece la aparición de la corrosión galvánica, un proceso electroquímico que acelera la degradación interna del termo y que puede reducir drásticamente su vida útil.
Corrosión galvánica: el asesino silencioso de tu termo eléctrico
A diferencia de los calentadores de gas, cuya instalación está estrictamente regulada en España por motivos de seguridad, los termos eléctricos pueden instalarse en el ámbito doméstico sin necesidad de contratar los servicios de un instalador autorizado. Ahora bien, aunque la operación es relativamente sencilla, conviene conocer a fondo todos los pasos a seguir.

Uno de estos pasos indispensables es conectar al termo dos manguitos antielectrolíticos —también llamados manguitos dieléctricos—, uno en la salida del agua caliente, y el otro en la entrada del agua fría. Aunque si olvidamos conectarlos y sellamos la instalación el termo funcionará “correctamente”, omitir la protección activa de los manguitos por no instalarlos puede tener consecuencias catastróficas.
La corrosión galvánica es un proceso electroquímico que se produce cuando dos materiales distintos están en contacto eléctrico entre sí y, además, hay un medio conductor que los conecta, normalmente agua. En estas condiciones, uno de los metales actúa de ánodo —el que se corroe—, y otro como cátodo —el que se conserva. El metal más “débil” se va degradando progresivamente hasta que, finalmente, se “pica” y produce fugas de agua.

Se trata de un proceso paulatino y silencioso que depende de múltiples factores, incluyendo la salinidad del agua del suministro. Aunque la corrosión galvánica no se puede eliminar al 100%, sí se puede reducir drásticamente mediante medidas muy simples, como el propio ánodo de magnesio que incorporan los termos eléctricos, instalar filtros o descalcificadores, o el componente que tenemos entre manos: los manguitos antielectrolíticos.
Manguitos antielectrolíticos: unos componentes tan baratos como indispensables en tu termo eléctrico
Los manguitos antielectrolíticos tienen el cometido de romper el contacto eléctrico entre distintos metales, como los de la entrada y salida de agua del termo y la instalación de cobre o los latiguillos que conectemos a la grifería. De esta manera, se evita que el “circuito” electroquímico se cierre, lo que a su vez obstaculiza en gran medida la aparición de la temida corrosión galvánica.

Pese a la importancia de estas piezas críticas y sorprendentemente baratas —muchos termos eléctricos suelen incluirlos de serie, y un par nuevo apenas llega a los 5€—, algunos particulares olvidan conectarlos con las prisas, y a los pocos meses comienzan los problemas: fugas de agua y corrosión acelerada que podría haberse evitado simplemente leyendo el manual de instalación. Y lo que es peor, dependiendo del lugar donde el termo estuviese instalado y elementos cercanos como muebles u otros electrodomésticos, podríamos lamentar pérdidas de varios cientos o miles de euros.
Por suerte, si se trata de una instalación reciente, no haberlos instalado no es algo irreversible ni mucho menos: basta con desconectar latiguillos y válvula de seguridad e instalar correctamente los manguitos tras asegurarnos de que se ha producido un sellado satisfactorio con cáñamo o teflón y, por último, volver a conectar los latiguillos y la válvula. Tampoco está de más comprobar periódicamente el estado general tanto de la instalación como del termo. Sin ir más lejos, el ánodo de magnesio presente en el interior debe ser revisado cada varios meses, y ha de ser sustituido en función de su condición.

En definitiva, aunque instalar por nuestra cuenta un termo eléctrico puede ahorrarnos la mano de obra de un fontanero, hay que andarse con ojo y comprobar que la instalación se realice de manera adecuada, siguiendo los pasos correctos en orden y asegurándonos de que usamos buenos materiales y entendemos qué hace cada componente. De lo contrario, sufriremos en nuestras propias carnes el enésimo caso de “lo barato sale caro”... algo especialmente hiriente teniendo en cuenta que pudimos evitar todo un estropicio con dos pequeñas piezas que valen menos que una copa en cualquier garito de moda.
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