Ni lector de tarjetas ni pendrive: el dispositivo USB que sirve para freír tu ordenador, pero por una buena razón
Los USB killers no son “pendrives” al uso, ni mucho menos: son herramientas de diagnóstico avanzado para casos extremos donde es necesario comprobar si un PC “vive” o “muere” ante un gran pico de voltaje.


Desde comienzos de siglo, los dispositivos USB están a la orden del día. Desde los ya obsoletos reproductores MP3 o MP4 a los sempiternos pendrive, muchos de estos aparatos aún justifican el uso de los puertos USB en nuestros ordenadores. No obstante, ¿y si os dijésemos que existe un aparato que se conecta por esta entrada y cuyo propósito es freír nuestro ordenador? Así son los llamados USB killers, herramientas de diagnóstico utilizadas por expertos para probar la tolerancia de los equipos ante picos de voltaje.
Qué es exactamente un USB killer y cómo funciona
En sistemas informáticos avanzados, especialmente en entornos de laboratorio y auditoría de hardware, la protección contra picos de voltaje, descargas electrostáticas y fluctuaciones internas es esencial. Los fabricantes someten sus equipos a toda clase de pruebas para garantizar que un fallo eléctrico no pueda comprometer datos, inutilizar un dispositivo o comprometer la seguridad de un entorno crítico. Estas pruebas forman parte del mantenimiento habitual en sectores donde la precisión y la estabilidad eléctrica son imprescindibles, como la investigación, la industria o la ciberseguridad... aunque a veces, las pruebas rutinarias pueden no ser suficientes.

Para testear la resistencia de estos equipos en casos extremos nació el USB killer, un dispositivo portátil que actúa como una prueba límite — un “todo o nada” en toda regla— pensada para comprobar si un puerto USB es capaz de resistir una sobrecarga letal. Aunque sus especificaciones varían según el modelo, todos comparten el mismo principio: cargar sus condensadores internos a través del puerto USB para, a continuación, liberar una o varias descargas de alto voltaje —el pulso puede llegar a ser de hasta -220 V— directamente en la electrónica del equipo. Si el hardware no cuenta con una protección lo bastante robusta, el resultado suele ser daños irreversibles en la placa base y los circuitos afectados.
Por ello, y pese a su nombre, el USB killer está concebido primordialmente como herramienta de diagnóstico profesional, empleada por expertos en auditoría y validación de hardware. Evidentemente no sirve para hacer mediciones finas, sino para comprobar si un equipo sobrevive o muere ante una situación límite.
Una herramienta de diagnóstico que puede ser letal en las manos equivocadas
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Sin embargo, el mecanismo de los USB killers los convierte también en un instrumento muy susceptible de mal uso: tanto actores criminales como agencias de espionaje lo han empleado como método rápido y eficaz de sabotaje, aprovechando que basta una simple conexión física para comprometer (“freír”) por completo un equipo. Su portabilidad y reducido tamaño no hacen sino acentuar su peligrosidad: en un visto y no visto, una persona puede inutilizar numerosos equipos en cuestión de pocos minutos.
En definitiva, los USB killers son la prueba viviente de que un puerto tan cotidiano como el USB puede convertirse en un vector de ataque físico si cae en malas manos, así como un recordatorio de que los dispositivos externos que conectamos forman parte activa de la circuitería de nuestro ordenador. Su mero funcionamiento, además, pone de relieve un principio básico de seguridad que nunca conviene olvidar: no conectes jamás un USB de procedencia desconocida a tu PC.
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