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Mount & Blade II: Bannerlord

Mount & Blade II: Bannerlord

  • PlataformaPC7.5PS47.5XBO7.5PS57.5XBS7.5
  • GéneroAcción, RPG
  • DesarrolladorTaleworlds
  • Lanzamiento25/10/2022
  • TextoEspañol
  • VocesInglés
  • EditorTaleworlds

Análisis

Mount & Blade II: Bannerlord, análisis. Labra tu propia historia en el Medievo

Analizamos Mount & Blade II: Bannerlord, un juego gigantesco que dota al jugador de una libertad total para forjar su historia en la época medieval.

Actualizado a

Diplomacia, comercio, pillaje... y por supuesto, grandes batallas. Eso es todo lo que ofrece Mount & Blade II: Bannerlord, secuela de un juego de culto (Mount & Blade: Warband) que hizo las delicias de millones de jugadores gracias a una gran libertad para desarrollar a nuestro alter ego en el medievo. Con unas críticas mayoritariamente positivas en Steam, desde Taleworlds no tardarían en comenzar a trabajar en la que sería su siguiente entrega en la que pulir los -pocos- aspectos criticados por su predecesor, para lo que mantuvieron el juego durante unos meses en Early Access, un periodo en el que obtuvo un éxito muy destacable.

Después de nada menos que ocho años de desarrollo, y tras probar su versión en acceso anticipado, ya hemos podido disfrutar por fin de la versión final de Mount & Blade II: Bannerlord, un juego gigantesco con multitud de posibilidades en algunos apartados, algunas menos que en otros, pero el cual esconde centenares de horas si consigue atrapar al jugador. Y es que una de sus características es que debe ser disfrutado a fuego lento y con calma, porque no es un RPG cualquiera ni sigue las mismas reglas de los más populares del género

Lo decimos por experiencia propia, ya que comenzamos nuestra partida como solemos hacerlo habitualmente, pensando que a las pocas horas seríamos ya casi todo un señor feudal... pero nada más lejos. Hay que concienciarse que al principio somos más bien unos pringados feudales, y que pasará mucho tiempo hasta que dejemos de serlo, y es que guiados por una trama -de poca importancia-, arrancamos en busca de nuestros hermanos pequeños, desaparecidos durante el saqueo a nuestra región, en compañía de nuestro hermano mayor. Este, rápidamente decide ir por cuenta propia, aunque eso sí, ya acompañado de algunos mercenarios, suerte con la que no contamos nosotros.

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En realidad nos hemos adelantado bastante, porque nos hemos saltado uno de los apartados que más nos ha llamado la atención como es la creación de nuestro personaje. La edición física es profunda, aunque cuesta hacer un protagonista que no sea ciertamente feo, pero es a la hora de establecer sus raices y su carácter cuando el juego sobresale. Tras elegir una de las seis civilizaciones disponibles -cada una con sus especialidades y pluses en diferentes parámetros-, elegiremos qué build vamos a crear en base a sucesos de nuestro pasado, en la infancia o la adolescencia, por ejemplo, algo que definirá quiénes somos actualmente. Es decir, al arrancar la historia.

Sea cual sea el destino que decidamos para nuestro personaje, vamos a ser testigos de constantes cambios en el mapa y en los hechos que tienen lugar en Calradia, que acontecen 200 años antes de Mount & Blade: Warband. Es muy satisfactorio sentir que estamos en un universo en el que constantemente pasan cosas, independientemente de que podamos influir en ellas o no, algo que evidentemente, depende en mayor medida de nuestra influencia diplomática o bélica.

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Como decíamos antes, hay que tomarse las cosas con calma, y es que nuestra primera partida fue un completo desastre, pecando de inexpertos, por no decir panolis. El desplazamiento por el enorme mundo del juego es muy sencillo, usando un mapa en el que vemos moverse a nuestro personaje entre los diferentes puntos del mismo: pequeños poblados, grandes ciudades, castillos semiabandonados y escondites de bandidos son algunos de los emplazamientos en los que podremos detenernos para llevar a cabo multitud de acciones, aunque este desplazamiento va a ser más activo que simplemente quedarnos mirando.

Una peculiaridad es que al llegar a un punto de interés en el mapa podremos optar por visitarla tranquilamente o bien llevar a cabo todas las opciones posibles desde una sencilla interfaz. Realmente no hay mucha diferencia entre una y otra, salvo que si nos decidimos a pasear tranquilamente podremos ser testigos de algunas estampas realmente bonitas, ya que el progreso técnico de esta secuela ha sido notable. Sin embargo, desde la interfaz de la que hablamos, podremos hablar con los NPC con los que es posible hacerlo y obtener misiones secundarias, contratar mercenarios, comerciar y varias acciones más.

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Durante el movimiento nos toparemos con tropas de ejércitos de los diversos reinos del juego, mercaderes... y bandidos. Al cruzarnos con ellos tendremos la posibilidad de interactuar, aunque en el caso de estos segundos, si estamos en inferioridad numérica, no será una posibilidad, sino nos asaltarán sin ningún reparo, aunque al menos queda algo de honor entre ladrones y nos darán varias opciones: darles algo de oro a cambio de nuestra libertad, rendirnos, y por supuesto, luchar, poco aconsejable esto en los primeros instantes del juego. Bien, como relatábamos, en nuestra primera partida estos encuentros fueron habituales, quedándonos sin blanca y con pocas opciones de progresar.

Otro error que cometimos fue aceptar todas las misiones secundarias disponibles, como decíamos, como si un RPG tradicional se tratara. Craso error, ya que estas tienen un límite temporal para cumplirse, y el fracaso se paga caro: podemos perder oro o el favor de aliados que en el futuro podrían ser valiosos.

Con la lección bien aprendida, arrancamos una segunda partida también en Modo Historia. Hay que decir que existe un Modo Sandbox, que prescinde de cualquier tipo de narrativa, pero recomendamos el primero de ellos ya que apenas hay diferencia entre ambos y añade ese elemento argumental que aporta un poquito más de enjundia.

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Si profundizas, es difícil que no te atrape

La segunda partida nos la tomamos de otra manera, claro. Principalmente cumpliendo misiones secundarias poco a poco y haciéndonos con nuestras primeras reservas de oro, el cual invertimos a su vez en diferentes elementos de trueque y bienes tipicos de la Edad Media: materias primas, comida, ganado... El juego sigue un sistema muy sencillo de economía según el cual un poblado es típicamente productor de X producto, que te vende a precio barato, y que puedes vender más caro en una gran ciudad, por ejemplo. De esta forma no es complicado comenzar a introducirnos en el sistema de comercio que si bien no es imprescindible, es simple para todo lo que podemos obtener a cambio si dedicamos cierto tiempo.

A su vez, invertimos esos primeros centenares de monedas de oro en ampliar nuestro séquito de soldados, y obviamente, nuestras reservas de comida, porque si no les mantienes bien provistos de dinero, y sus estómagos llenos, no tardarán en desertar. Sí, también nos pasó eso en la primera partida... Este primer y pequeño ejército que pudimos organizar nos permitió, esta vez sí, plantar cara a los bandidos con los que nos encontrábamos y cumplir las primeras misiones basadas en asaltar sus escondites. Fueron sin duda un buen punto de partida para prepararnos de cara a las grandes batallas.

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Estas pequeñas refriegas nos resultaron especialmente satisfactorias jugando con una build de arquero -el combate con espada es sorprendentemente profundo y complejo-, teniendo que preocuparnos frecuentemente de nuestra posición y perspectiva a lomos de nuestro caballo. Pero tenemos que destacar las incursiones en los escondites, en las que podemos hacer uso de un sigilo muy básico, pero que suma una capa más de profundidad a los enfrentamientos. Eso sí, tras dar cuenta de unos cuantos bandidos, tendremos que vernos las caras con su líder, pudiendo optar por un combate 1 vs 1 o por contra, derrotarle a él y a un pequeño grupo junto a nuestros aliados. Obviamente, al estar especializados en la arquería, la primera alternativa no era una opción, con lo que optamos por la segunda.

Pasadas unas cuantas -muchas- horas, ya podremos tomar parte en batallas a gran escala, y cuando decimos gran escala, nos referimos a GRAN escala, así en mayúsculas. De cientos, casi miles de contendientes, concretamente, y aquí es donde entran en juego nuestras dotes como estratega. Obviamente no esperemos la profundidad de un Total War, pero esto no significa que no tengamos a nuestra disposición múltiples opciones para dar órdenes a nuestras tropas con varios fines: conquistar un territorio en nuestro afán megalómano, embolsarnos unas monedas de oro como mercenarios...

Una vez llegados a este punto, ya cercano al final de este análisis, podemos llegar a la conclusión de que hablamos del RPG medieval definitivo, y es que por un lado es cierto que Mount & Blade II: Bannerlord cuenta con, como hemos visto, muchos elementos jugables, pero ninguno de ellos es realmente profundo. Si queremos diplomacia, batallas, estrategia, roleo, comercio... hay opciones mejores en cada uno de esos aspectos, pero definitivamente, va a costar encontrar un solo juego que aúne todos ellos con la libertad casi absoluta que nos da el título de TaleWorlds.

Conclusión

En esta casa somos fans de Kingdom Come: Deliverance, y en cierto modo, Mount & Blade II: Bannerlord ha venido para llenar las ganas de más aventuras medievales que nos quedaron tras terminar aquel. Hablamos de un juego que, como decíamos en el texto, se juega con poso y que exige no dedicación exclusiva, pero casi, gracias a la enorme cantidad de posibilidades con las que cuenta para forjar nuestra propia historia. A pesar de un apartado técnico -sobre todo visual- muy mejorado respecto al original, y es que han pasado 12 años desde aquel, no todo es perfecto, ya que la profundidad de todas sus mecánicas probablemente no podrá satisfacer a los más exigentes. Pero si se le perdonan sus costuras, qué duda cabe que cautivará a quienes busquen vivir una segunda vida en el medievo.

Lo mejor

  • Libertad total para desarrollar a nuestro personaje a nuestro antojo
  • Visualmente es capaz de dejarnos estampas, urbanas y rurales, muy bonitas
  • Batallas realmente masivas con una cantidad notable de opciones estratégicas
  • Combate, estrategia, diplomacia, comercio... Multitud de mecánicas diferentes...

Lo peor

  • ... aunque la mayoría no goza de una gran profundidad
  • Opciones limitadas en el interior de los pueblos y ciudades: apenas compensa visitarlos
  • Exige mucha dedicación y horas para llegar a profundizar
  • Una trama completamente irrelevante, aunque no es algo que moleste demasiado
7.5

Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas. Cómpralo sin miedo.

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