NieR: Automata The End of YoRHa Edition
NieR: Automata The End of YoRHa Edition
Carátula de NieR: Automata The End of YoRHa Edition

NieR: Automata. The End of YoRHa Edition, análisis Switch. Gloria a los Videojuegos

La obra maestra de Yoko Taro y Platinum Games llega a Switch con un port que se coloca entre lo mejor de su ya excelso catálogo.

Los juegos grandes, magníficos, esos que aparecen primero entre lo más reseñado del año y terminan en la lista de los mejores videojuegos de la Historia, son los que, una vez llegan, ya nunca se van. Fijaos por ejemplo en Elden Ring. Salió en febrero y parece que fue lanzado ayer. En esa liga de primerísima división juega NieR: Automata. La feliz asociación entre Yoko Taro y Platinum Games se ha convertido en, aunque suene a paradoja, un exitoso juego de culto (ahí tenemos el Fan Festival de Tokio, ese anime que está a punto de llegar o las más de 6,5 millones de copias vendidas). Estrenado en 2017 llega fresco como una rosa a su lanzamiento en Nintendo Switch en los estertores de este apocalíptico 2022.

No haré nada por lo que el Dios de la Biomecánica me impida la entrada en su cielo (Blade Runner)

Y de apocalipsis va la cosa, aunque más bien de lo que pasa mucho después del fin de los tiempos. Al contrario que en esos mundos postdesastre en los que el recuerdo de la humanidad todavía respira fuerte entre las enredaderas que abrazan edificios, en Nier han pasado suficientes años como para que enormes árboles desplacen a empujones a los rascacielos. En este contexto el hombre es solo un vago recuerdo que pervive únicamente en boca de las máquinas que los sueñan.

Juego autoconsciente de que lo es, Nier ataca al jugador con prepotencia, impidiéndole guardar partida al principio. Nos obliga a ser eficientes, a bucear por nosotros mismos en las opciones de un Menú que se integra plenamente en la narrativa del juego. No hacerlo puede derivar en repetir la primera zona en tantas ocasiones como para querer abandonar para siempre la partida. Es como un bautismo de juego, algo que nos pone a prueba para ver si somos dignos de adentrarnos en su propuesta. Y ya os decimos que vale la pena convertirse en creyente.

Ya desde el inicio los robots se nos venden como simples máquinas anónimas, vacías, a las que podemos masacrar aporreando botones sin ninguna sombra de inmoralidad en nuestras cabecitas. Son el enemigo. No piensan ni sienten, ¿verdad? Pronto se hace evidente que tienen emociones, muy básicas, sí, pero capaces de transmitir una humanidad de la que carece el mucho más sofisticado androide 2B. Nuestra protagonista de icónico diseño está siempre anulando los atisbos de curiosidad, felicidad y camaradería de sus compañeros. Nada es importante o relevante más allá de las misiones. Los robots enemigos, con su diseño redondeado y su comportamiento infantil, poco a poco consiguen que, como jugadores, arqueemos la ceja y cuestionemos nuestros actos. Exactamente como en la película Blade Runner o en la versión del director de Soy Leyenda.

Como en esta última, finalmente somos conscientes de que el mundo les pertenece a ellos, al supuesto enemigo, desde hace ya mucho. Ellos conviven en armonía con la naturaleza y en paz. Los estilizados, andróginos y bellos androides, nuestros avatares, llegan una y otra vez desde fuera del planeta para intentar reconquistar la Tierra para los humanos. Pero es este un planeta del que fueron desterrados, que ya no es el suyo.

También hay ecos fílmicos en Nier de la extrañamente atrayente Oblivion, donde sus dos protagonistas viven en soledad a cientos de metros de altura sobre una Tierra devastada. Desde allí, y en comunicación permanente con los humanos que viven aún más alto, en la órbita del planeta, realizan incursiones diarias buscando atisbos de rehabitabilidad mientras combaten a esos seres que ganaron la antigua guerra.

Como en la película protagonizada por Tom Cruise, la percepción de los pilares de nuestra insignificante existencia está construida sobre tierras movedizas. En Nier tenemos al ser humano ejerciendo de Dios ante dos formas de vida artificial, cada una de ellas más insignificante que la anterior y condenadas a una eterna lucha en pos del creador. La jerarquía se establece en paralelo con la de nuestro propio mundo, con comandantes que ejercen de clero y comunicadores directos con Dios. No se cuestiona el mandato divino, construyéndose sobre dogmas la existencia y el sentido del día a día.

Gloria a Yoko Taro, a Platinum y a los Videojuegos

Las cabezas redondas y sonrientes de los robots que sucumben ante nuestros golpes nos hacen pensar que Yoko Taro (habituado a mostrarse en público con máscara cabezona redonda) se posiciona con ellos y no con los protagonistas, con nosotros. Como juego de autor que es, Nier refleja las preocupaciones, deseos e inquietudes de su creador. Y en sus creaciones, Yoko Taro siempre se ha esforzado por invalidar, o dar único sentido posible desde la locura, a las matanzas que realizamos en la mayoría de los videojuegos. Pero claro, es difícil sustraerse del combate cuando es tan bueno como aquí.

Y es que, si Yoko Taro es el alma de Nier y quien pone en pie el juego, Platinum lo hace andar, correr, volar. Hay tanta autoría por un lado como por otro, siendo ambas personalidades plenamente reconocibles en el resultado. Lo mejor es lo bien que encaja todo en una obra con vocación de videojuego perfecto, esas que, mientras jugamos, no queremos que terminen nunca. Por supuesto, también estamos de suerte ahí.

En Nier el final nunca es el final. Es de ese tipo de juegos (aunque estén en las antípodas, pensamos en los Lego, por ejemplo) que se disfruta más cuanto más te adentras en él. Su rejugabilidad, forzada si queremos desvelar todo su misterio, es pues un regalo para el jugador que se resiste a abandonar ese mundo tras los créditos finales. El juego no desaparece tras el The End sino que crece a través de él. Es un puzle al que siempre le falta alguna pieza, y es la vuelta una y otra vez a su montaje que terminamos por vislumbrar el mosaico completo. Así, de los 20 finales posibles, tenemos 5 importantes, clasificados de [A] a [E], que guardan el meollo del asunto. Y ya os aseguramos que el esfuerzo para desvelarlos vale la pena con creces.

La versión de Switch, esa máquina imposible

Se ha convertido en féliz costumbre. Switch, esa máquina tan limitada técnicamente sobre el papel, vuelve a sorprendernos con una revisión que hace que nos frotemos los ojos. Es cierto que el port se beneficia de unos gráficos originales que no eran punteros ni siquiera hace cinco años, por lo que la traslación a la portátil es casi exacta. El valor de Nier no está en el realismo que brindan millones de polígonos sino en la evocación a través de su bella dirección artística. Se trata pues, más de un valor estético que gráfico. Su particular uso del color, en continua variación entre zonas y según nuestro estado de salud, su atmosfera brumosa, las partículas que brillan en el aire cuando reflejan la luz del sol, la vencida belleza de unas ruinas de las que conocemos su pasado porque son nuestro presente, se trasladan casi tal cual a Switch en otra traslación portentosa.

Se dan las concesiones habituales como texturas con menor resolución, menos vegetación que solo se hace del todo evidente en la distancia, sombras titubeantes de las que no se libraba del todo la versión de sobremesa y un popping del que podríamos decir lo mismo. Por lo demás, todo luce de impresión a unos rocosos 30 frames por segundos que, tras alguna caída muy puntual (cerca de cataratas, por ejemplo), una vez pasadas unas horas no nos hace echar de menos el framerate tambaleante de PS4/One. La resolución, por su parte, luce a los máximos números en dock y portátil, esto es, 1080p y 720p respectivamente, aunque todas las carencias comentadas se notan mucho menos con la consola en las manos que en el televisor, donde se le ven algo más las costuras.

Tanto en dock como en portátil encontramos pros y contras. Si como decimos el juego luce increíble cuando está desacoplado, parece increíble igualmente que a estas alturas no sea un estándar contar con la elección del tamaño de los textos en portátil. Unas líneas diminutas que cuesta leer por su mímesis cromática con los fondos nos ha hecho compadecer a los usuarios de Switch Lite por su menor tamaño de pantalla.

El dock se beneficia, por su parte, de una sencilla implementación del control de movimiento. Una vez cogido el truco (esquiva agitando el joycon izquierdo, combate haciendo lo propio en horizontal o vertical con el derecho), nos hemos sorprendido a nosotros mismos realizando aspavientos ante la pantalla como opción preferida ante la más habitual de presionar botones.

En general, como el estado habitual de Switch para reposar es siempre el Stand By, esto beneficia las partidas más cortas en portátil y las exigencias de guardado (encontrarnos en lugares y zonas determinados). Esto puede traducirse sin embargo en la interrupción de la conexión de red, por lo que conviene estar atento para volver a activarla en las opciones. Su multijugador asimétrico con toque souls, esto es, dejar nuestro cadáver en un espacio de juego común o encontrar el de otros, funciona sin problemas más allá delque ehmos comentado.

Con respecto al contenido, Nier Automata The End of YoRHa Edition, incluye todos los extras que habían recibido hasta ahora las versiones de sobremesa (DLCs de nombre impronunciable y skins cosméticas para pods y personajes) sumando elementos en ese plan para la versión de Switch.

CONCLUSIÓN

El excelso catálogo de Nintendo Switch se enriquece aún más con este juego Magnífico. Nier Automata The End of YoRHa Edition es además uno de los mejores port de la consola, por lo que todo lo que hace grande a la genialidad de Yoko Taro y Platinum Games está aquí. Complejo a poco que se rasque en su superficie, en Nier afloran filosofía (con guiño directo a Sartre), existencialismo, religión, humanismo, biología, Inteligencia Artificial, Robótica, y todo ello en un envoltorio que demuestra que Yoko Taro se aburre con juegos que formalmente sean lo mismo de principio a fin. Así, tenemos 3D, 2D, scroll lateral, matamarianos vertical y horizontal, bullet hell, espacios semiabiertos y pasilleros… Nier es un juego con sorpresas tras cada esquina, y que se disfruta más cuanto más jugamos a él. Para rematar una obra de tal magnitud tenemos esa banda sonora de Keiichi Okabe que también se ha convertido en un referente y es de lo más recordado de una obra ya de por sí inolvidable. Así que sí, esta versión de Nier: Automata hace honor al clásico. Una obra imprescindible destinada a ocupar páginas en las recopilaciones de mejores videojuegos de la Historia del medio.

LO MEJOR

  • Está todo aquí a pesar de los necesarios sacrificios técnicos.
  • El control por movimiento se ha implementado de forma sencilla y efectiva.
  • En modo portátil luce especialmente bien.
  • Máxima resolución posible en dock y portátil.

LO PEOR

  • En el dock se pueden apreciar las costuras.
  • Textos en portátil demasiado pequeños y no ajustables
9

Excelente

Un título referente en su género, que destaca por encima de sus competidores y que disfrutarás de principio a fin, seguramente varias veces. Un juego destinado a convertirse en clásico con el paso de los años.