Jett: The Far Shore
Jett: The Far Shore
Carátula de Jett: The Far Shore

JETT: The Far Shore, Análisis. Una idea reprimida por numerosas limitaciones

Lo nuevo de Superbrothers no termina de funcionar a pesar de su universo y su interesante planteamiento, lastrado por problemas mecánicos y de control.

Cuando conocimos la existencia de JETT: The Far Shore no pudimos sino anotar su nombre en la lista de pendientes viniendo de donde viene. Superbrothers, una organización canadiense dedicada al mundo del diseño desde hace casi dos décadas, nos sorprendía en 2012 con el fenomenal Sword & Sworcery EP, una aventura de acción y exploración aderezada por un mundo apasionante, místico.

Tras esa primera incursión en los videojuegos de la mano de Capybara (Grindstone), hemos tendido la mano a ciegas con este nuevo título, una odisea espacial que de nuevo acierta de lleno con la premisa de su voluntad artística, capaz de construir un universo fascinante sobre el papel, pero errático, autolimitado y empañado por decisiones de diseño capaces de traducirse en frustración. Es una lástima, pero JETT: The Far Shore es un experimento algo fallido por un motivo muy sencillo: su principal propósito es la exploración de territorios desconocidos, pero la libertad para conocer nuestro alrededor es escasa.

Expedición interestelar en un mundo abierto encorsetado

Comencemos por el principio. JETT: The Far Shore nos invita a embarcarnos en una expedición interestelar en busca de un futuro incierto. El presente, ahogado por el olvido, inquieta a una población en busca de respuestas. Y es ese el cometido de Mei, procedente de una tribu con ascendencia religiosa; la protagonista de esta aventura de acción en un enorme planeta oceánico nunca antes incursionado por seres humanos.

Mei es una de las pocas elegidas para esta tarea, cuya premisa argumental es la mar de interesante por cómo se nos va narrando no solo el pasado del personaje y su tribu, sino lo que sucedió cientos de años antes del comienzo de la aventura. Una especie de space opera de la que solo podemos decir cosas buenas en su diseño de sonido y arte; no así en el diseño de mecánicas. Mei y una decena de personas viajarán en estas naves llamadas jett para descubrir territorios marcados por la inmensidad y la hostilidad de lo desconocido. Seres vivos misteriosos, inclemencias climatológicas, olas marítimas impredecibles, horizontes sorprendentes… Y un mensaje que aboga por el respeto a los ecosistemas y el uso responsable de los bienes que nos aporta la naturaleza.

En el proceso deberemos informar a la nave nodriza de nuestros progresos, que se van compilando en forma de datos a través de un registro enciclopédico. Es inmersivo, es atractivo en lo visual y te sumerge desde el primer minuto. No dejas de preguntarte qué es lo que te espera y por qué eres tú la persona elegida para este viaje intergaláctico. Lo cierto es que esa primera hora de juego no se ve correspondida por el resto de la aventura.

Atravesando lo más recóndito del espacio… con un control irregular

Es desde que empezamos a familiarizarnos con los controles cuando nos damos cuenta de los puntos flacos de lo nuevo de Superbrothers, que funciona mucho mejor sobre el papel, como experiencia cinematográfica, que como videojuego propiamente dicho. Dejando a un lado el excelente uso de los gatillos adaptativos de DualSense de PS5, la manejabilidad de la nave es incómoda. La energía del vehículo depende de la gestión de los turboreactores: no podemos sobrecargar el motor. Dependiendo de si queremos iniciar un viaje de varios kilómetros o desplazarnos a ras de suelo en pequeñas distancias, la movilidad ha de ser una u otra. Tras casi una decena de horas de partida no nos hemos acostumbrado y encontramos problemas graves de diseño.

A pesar del empeño del personaje Isao, que nos acompaña en todo momento, por presentar cada nueva mecánica —creednos, hemos estado constantemente con una actitud receptiva en ese proceso de familiarización—, en la práctica no es ágil, no es cómodo y, en ocasiones, el comportamiento del jett roza lo arbitrario. Los periodos de exploración en la propia nave constan de dos mecánicas principales: un gancho para recoger y lanzar objetos; y un radar para identificar elementos del entorno en proceso de investigación.

El principal problema es la sensibilidad del control de la nave, con constantes choques y daños, físicas algo irreales más una dificultad evidente para sobrevolar según qué zonas. Ni la cámara se sitúa como es debido ni la reacción del jett a los comandos funciona como debería.

El punto en que tenemos más capacidad de interacción con el resto de tripulantes es cuando abandonamos el jett, con perspectiva en primera persona, pero son situaciones extremadamente constreñidas y, en ocasiones, decepcionantes. El planteamiento del contexto es interesante, solo que se desaprovecha este rico lore; no culmina y, para remate, llegamos al final sin tener repuesta de muchos de los interrogantes planteados por el propio juego. Es una idea pendiente de rematar, lastrada por su propia ejecución a los mandos. Teníamos la esperanza de sorprendernos por una gran historia. Hay situaciones de lucidez en lo narrativo, con elementos que aprovechan la naturaleza única del videojuego. No obstante, son muy pocos. Además, el hecho de tener un personaje guía, al más puro estilo Navi en The Legend of Zelda: Breath of the Wild, desentona y demuestra que el juego no ha sido capaz de transmitir su mensaje sin recurrir constantemente al lenguaje verbal. Te sientes encadenado: los momentos de libertad están obstaculizados por las propias limitaciones del JETT.

Y es así como te aproximas al final, en una montaña rusa de sensaciones, un choque de buenas ideas pobremente ejecutadas, aunque su componente audiovisual pueda servir de gancho suficiente para continuar. La gran virtud de JETT es que los temas que trata y el misticismo que escriben su mundo están bien cohesionados con la atmósfera. Se percibe su mensaje ecologista y cómo critica sabiamente las consecuencias de la avaricia humana y el cambio climático. Vivimos en un mundo finito, con recursos limitados, lo que nos obliga a ser responsables y respetuosos con el resto de seres que nos rodean. No olvidaremos JETT: The Far Shore por su excelente banda sonora, compuesta por scntfc (Oxenfree, Afterparty) ni por una dirección artística digna de los grandes estudios; pero sí lamentaremos su equivocado esquema de control en una aventura extremadamente autolimitada.


Hemos realizado este análisis en PS5 a través de un código de descarga facilitado por Popagenda.

CONCLUSIÓN

JETT: The Far Shore es un videojuego con un propósito tan original como apasionante, puro y extremadamente asociado a las ciencias naturales. Sin embargo, su primera hora promete cosas que no se cumplen ni en lo narrativo ni en lo jugable, por mucho que haya momentos orgánicos realmente meritorios. Superbrothers no ha consumado el control de la nave, un elemento fundamental de la jugabilidad, y cuenta con cambios de ritmo algo irregulares. Por suerte, su excelente apartado artístico, tanto en lo visual como en lo estrictamente sonoro, facilitan que sigas enganchado hasta un final que, por desgracia, deja sobre la mesa algún que otro interrogante.

LO MEJOR

  • Su banda sonora y un apartado artístico sublime.
  • El contexto de su universo engancha desde el primer momento.
  • Volar y explorar es muy satisfactorio…

LO PEOR

  • …pero el control de la nave, muy mejorable.
  • Su ritmo, en ocasiones excesivamente lento.
  • Demasiadas preguntas sin responder.
6

Correcto

No es lo último ni lo más original, tampoco cuenta con la mejor ejecución, pero puede divertir si te gusta el género. Bien, pero mejorable.