Crítica

El Escuadrón Suicida, crítica: una locura caótica y sanguinolenta al más puro estilo James Gunn

Este reinicio hace olvidar la ya de por sí olvidable película de David Ayer y nos sumerge en un filme de acción trepidante y lleno de acción y diversión.

Las luces se apagan y la música country de Johnny Cash inunda el ambiente con los sonidos de Folsom Prison Blues. Los logos de Warner Bros y de DC dan paso a un plano en el que podemos ver a Savant en la prisión de Belle Reve. Juega con una pelota de goma en un patio rodeado por cuatro paredes; la bola rebota de forma violenta. Entonces, aparece un pajarito en pantalla. El delincuente, con su melena blanca al viento, vuelve a lanzarla y pronto se tiñe de rojo. La mancha de sangre es un aperitivo de todo lo que va a llegar después. El Escuadrón Suicida se confirma como una auténtica locura, una película de acción repleta de humor que saca a relucir las extraordinarias habilidades de James Gunn como director y guionista.

Esta versión de Suicide Squad no tiene nada que ver con la película de David Ayer, pues se trata de un reinicio que se puede disfrutar sin necesidad de haber visto la anterior. Es más, los que todavía no la hayan olvidado lo harán tan pronto como disfruten de este largometraje.

El Gobierno de los Estados Unidos decide sacar de prisión a unos cuantos delincuentes con poderes. De forma amenazadora (todos ellos llevan una bomba en sus cuerpos), son enviados a una isla sudamericana y revolucionaria, con una misión en mente: destruir una instalación conocida por el nombre de Jötunheim.

El inicio de la película recuerda a esas cintas bélicas de los ochenta, donde unos cuantos héroes militarizados se enfrentan a todo un ejército armado hasta los huesos. En la oscuridad más absoluta, la operación da comienzo y las balas comienzan a silbar. En ese punto, James Gunn juega con el humor, la violencia y los planos rápidos. Casi como si se tratara de un slasher, los cadáveres empiezan a caer sobre la arena. Además, todas las muertes son muy originales, lo que le otorga un punto de variedad que es de agradecer.

Un grupo protagonista extravangante e hilarante

El Escuadrón Suicida es como el tren de la bruja, una vez arranca no hay quien lo pare. Casi desde el principio de la cinta, estos superhéroes y villanos hacen de las suyas en un filme que por tener tiene hasta componentes de kaiju, una especialidad del cine japonés que presenta monstruos gigantes al estilo Godzilla.

Con un plantel de personajes variado y variopinto, uno puede pensar que la personalidad de cada uno de los protagonistas se difumina como la mantequilla, pero nada más lejos de la realidad. La Harley Quinn de Margot Robbie es tan excéntrica como divertida, mientras que Idris Elba le da a Bloodsport la personalidad que merece. John Cena, maestro de la acción, es capaz de interpretar a Peacemaker sin despeinarse, al tiempo que Sylvester Stallone da voz a al tiburón con forma de humano, que piensa más en la comida que en cualquier otra cosa. El elenco se completa con una muchacha que maneja a las ratas a su voluntad, un hombre capaz de asesinar con motas de payaso y un coronel que se debate entre la necesidad de hacer lo correcto y de cumplir órdenes. Tal vez lo más complicado de la historia sea conseguir que las (pocas) partes serias funcionen dentro de la estridencia que la rodea. Aunque no termina de ser así, los dos elementos se conjugan correctamente.

Escuadrón Suicida es un delicioso caos sangriento que desde ya mismo se ha convertido en una de las mejores películas de DC jamás hechas. Durante las casi dos horas y quince minutos que dura el metraje, el espectador se sienta en la silla casi sin aliento, pero con la sonrisa siempre en el rostro. Sin duda, estamos ante una de las películas imprescindibles del verano y un blockbuster de calidad con el villano más peculiar que uno puede imaginar. Prepara el corazón para unas cuantas emociones fuertes.