Worms Rumble
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Carátula de Worms Rumble

Worms Rumble, análisis. Los gusanos cambian de estrategia

La longeva franquicia abandona los turnos para sumarse al fenómeno del battle royale. Analizamos las claves de una propuesta tan directa como adictiva.

La serie Worms lleva más de veinticinco años ofreciendo a los jugadores la posibilidad de participar en una guerra librada por ejércitos de gusanos. Desde que la entrega original llegase al mercado en 1995 hemos visto casi una treintena de títulos, entre los que podemos encontrar desde partidas de golf hasta batallas en tres dimensiones. Por eso mismo, no es de extrañar la última apuesta de Team17, que aboga por dejar de lado los clásicos turnos para meterse de lleno en uno de los géneros de moda: el battle royale. Hoy os hablamos de Worms Rumble, una nueva entrega en la que los gusanos vuelven a pelear, aunque solo uno puede quedar en pie.

Cambiando de tercio

Un puñado de jugadores se despliegan en un escenario con el único objetivo de sobrevivir. Disparar a bocajarro, esconderse o huir para encontrar una buena posición de tiro… Todo vale para ser el último hombre —o gusano— en pie. No hay manera más rápida de explicar cómo funciona el tan de moda batlle royale, y eso es justo lo que hace Worms Rumble: coger las reglas básicas de la fórmula y meterse de lleno en ella con una propuesta simple, directa y lo suficientemente bien planteada para que la idea funcione.

Solo hay un elemento que diferencia al título de otros nombres propios del género como CoD Warzone, Fortnite y similares: la ausencia de un círculo o tormenta en favor de un componente Deathmatch sujeto al paso del tiempo. En Worms Rumble no debemos preocuparnos por un escenario cambiante que reduce su tamaño conforme pasan los minutos, sino por ser el jugador con más muertes en su contador una vez finalice la ronda. Esto es algo que deja atrás el componente estratégico del battle royale tradicional, aunque aumenta las dosis de acción y nos invita constantemente a entablar combate.

Tan cierto es que la oferta de modos se antoja escasa, como que todos los disponibles funcionan realmente bien. Las partidas albergan hasta a 32 jugadores, ya sea para que se enzarcen en un ‘todos contra todos’ en el que la reaparición tras muerte está garantizada, como en ‘último gusano en pie’ y ‘último equipo en pie’, que vienen a ser prácticamente lo mismo pero con un matiz: no hay manera de reaparecer más allá de una reanimación puntual —solo puede efectuarse si somos rápidos a la hora de socorrer a nuestro compañero—. En líneas generales, estos modos son los que más se ajustan a la experiencia battle royale.

Batallas con ritmo

Tenemos escenarios tridimensionales, aunque la jugabilidad tiene lugar en 2D. En un primer vistazo podemos incluso pensar que estamos ante una experiencia Worms tradicional, algo que olvidamos por completo en cuanto nos ponemos a los mandos de un simpático gusano. Y es que, para nuestra sorpresa, las posibilidades de desplazamiento se asemejan a la de cualquier videojuego de plataformas: los gusanos son rápidos, pueden trepar paredes, realizar grandes saltos y enrollar su viscoso cuerpo para lanzarse a toda velocidad, como si de un neumático se tratase. Se trata de una experiencia rápida y precisa, que da lugar a combates muy dinámicos.

Por supuesto, no faltan las peculiares armas que durante tantos años hemos empuñado en la franquicia. Eso sí, no hay tantas como en las entregas clásicas; el arsenal está compuesto por una docena de ellas y se echan en falta algunas de las más especiales. Asimismo, tenemos escopetas, granadas, un bate de béisbol capaz de causar estragos a corta distancia y alguna más excéntrica como el lanzador de ovejas. La escasez de armas se compensa con las múltiples posibilidades a la hora de desplazarnos por el mapa, ocultarnos mediante conductos, desbloquear atajos y la verticalidad —podemos equiparnos una mochila propulsora o hacer uso de un gancho al más puro estilo Link— con la que se suceden los combates. Con todo, no habría estado de más incluir algunas características de la franquicia en pos de ofrecer una mayor variedad.

Luces y sombras

A pesar de que prácticamente todas las ideas que Worms Rumble introduce en su propia saga funcionan, lo cierto es que se echa en falta una mayor cota de ambición en lo que a los escenarios se refiere. Por un lado, la cantidad de mapas se antoja realmente escasa; son pocos y muy similares entre sí. Por otro, lo más preocupante: la pérdida de la inconfundible destrucción de entornos de la franquicia. Y es una pena, porque resulta inevitable imaginar cómo habrían sido las partidas en caso de tener la posibilidad de destruir estructuras, cavar túneles y crear trampas a base de modificar la superficie.

En cuanto a modos de juego, más allá de haber explicado cómo funcionan y de llegar a la conclusión de que la oferta puede ser suficiente para muchos jugadores, nos habría gustado alguno que otro extra. Se echa en falta una propuesta más fiel a los orígenes del propio battle royale, con su círculo —o equivalente— y la presión por disputar los últimos compases de la partida en una porción reducida del escenario.

CONCLUSIÓN

Team 17 ha salido airosa de la siempre comprometida apuesta por dejar atrás la principal seña de identidad de una franquicia en aras de ofrecer algo completamente nuevo. ¿El secreto? Ofrecer diversión rápida, sin florituras y a través de una propuesta en la que los jugadores apenas necesitan un par de minutos para comprender cómo funcionan todas sus mecánicas. Aunque es cierto que se echa en falta una mayor ambición en lo que a escenarios y destrucción de los mismos se refiere, Worms Rumble es un título adictivo, ideal para partidas cortas.

LO MEJOR

  • La propuesta, sencilla y funcional; ofrece diversión rápida.
  • Lo dinámicos y verticales que resultan los combates.
  • A pesar del cambio de fórmula, la saga conserva su personalidad.

LO PEOR

  • El número de mapas se antoja escaso.
  • La ausencia de destrucción de escenarios, una de las virtudes de la franquicia.
7

Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas.