Mass Effect Legendary Edition
Mass Effect Legendary Edition
Carátula de Mass Effect Legendary Edition

Mass Effect Legendary Edition, análisis. La mayor aventura de la galaxia

Analizamos la trilogía remasterizada de las aventuras del comandante Shepard, el mayor héroe de la galaxia.

Para el Dr. Mordin Solus, el perfecto modelo de científico salariano.

Hace 14 años los usuarios de Xbox 360 tuvimos la suerte de recibir de la mano de Bioware un juego muy especial. Al abrir la caja, nos encontramos un canto a la épica de la ciencia ficción, una ópera espacial que quería rivalizar en ambición y en escala nada más y nada menos que con Star Wars. Y eso es algo que viniendo de los creadores de Caballeros de la Antigua República (2003) no eran palabras de un cantamañanas cualquiera. El resultado tras más de 4 años de desarrollo fue Mass Effect, un título que bajo la perspectiva de shooter en tercera persona escondía un RPG con unas ganas terribles de construir para el jugador un universo plausible, entregarle unos personajes carismáticos que iba a adorar y por encima de todo, darle la sensación de ser el protagonista y director en una buena serie de Netflix o HBO. Le dio la capacidad de incidir sobre el resultado de lo que se viera en pantalla. Y en ese sentido, hace década y media y aún hoy, la trilogía de Mass Effect es un éxito rotundo que merece ser jugada y disfrutada de principio a fin.

Todos los ingredientes de la mejor experiencia cinematográfica están incluídos. La introducción in media res para ambientar al mundo y situar a su protagonista ante nosotros. Las zonas grises de moralidad en muchas de las decisiones del juego, que recuerdan a nuestra realidad del día a día. La bomba de relojería, los segadores, que marcan el ritmo del argumento y que recuerdan al jugador que hay una confrontación final inevitable (al estilo del famoso “Winter is coming” de Juego de Tronos). Los conflictos entre las diversas razas -humanos y turianos, geth y quarianos, salarianos y krogan, etc- y cuyos distintos enfoques para resolverlos depende en exclusiva de cada jugador.

El concepto de energía oscura y los poderes bióticos. Una organización supragubernamental para resolver conflictos de cualquier forma integrada por los mejores de los mejores del universo conocido. Una sospechosa organización pro-humanidad, Cerberus, “el grano en el culo del universo”. Y un elenco de personajes inolvidables que acompañarán a Shepard y ayudarán a darle color al lienzo que será su viaje por la galaxia. Todo esto es Mass Effect: es un cóctel con un poco de Battlestar Galactica y otro poco del espíritu integrador de Star Trek, con topping de Star Wars por aquí e incluso ciertos toques de Firefly. Es, en definitiva, uno de esos títulos que si te cautiva vas a recordar toda la vida.

Pero los años no pasan en balde. En términos de videojuegos 14 años es muchísimo tiempo. Y teniendo en cuenta que esta Legendary Edition se lanzó hace un mes y la recibe el público actual, resulta lógico por lo menos intentar no hacer un análisis basado en la nostalgia y apuntando simplemente los cambios a partir de una nota de prensa. Por eso hemos completado de nuevo los tres juegos, con todas sus misiones secundarias y con todo su contenido descargable con la mirada puesta en el posible comprador de 2021 y no en el de 2007, en el de 2010 o en el de 2012.

Y a pesar de la enorme diferencia que existe entre la primera y la tercera entrega (literalmente parecen de distintas generaciones de consolas), la trilogía aguanta el tipo. A pesar de que en especial la entrega original tiene costuras muy difíciles de obviar, la trilogía aguanta el tipo. Se deja disfrutar. Y por poco interés que se tenga en el género, aquí hay más de 140 horas que gozar si se quiere saber todo lo que Electronic Arts nos quiso contar. Vale la pena jugarlo otra vez o, ojalá, jugarlo de nuevo por primera vez.

Jugarlo pero con matices

Y eso que jugablemente no puede haber título más plano. Desde el primer minuto de la primera entrega hasta ese final tan… divisivo para los fans en la tercera, Mass Effect se juega exactamente igual. No estamos ante uno de esos videojuegos que te van proponiendo mecánicas nuevas cada poco rato para dejarte a tus anchas en los últimos niveles. Para nada. Se apunta y se dispara a lo que se mueve. Se le enseña al jugador un breve sistema de piedra-papel-tijera (esto va bien contra armadura pero no contra escudos, esto va bien contra escudos pero no contra salud, esto va bien contra salud pero no contra armadura) y fin. Cierto que hay 6 clases distintas dependiendo de nuestro estilo de juego, ya sea más en espacios cortos o en distancias largas, y se nos explican los poderes bióticos y técnicos (la magia, vamos) y cómo usarlos en nuestro beneficio.

Pero no hay ninguna evolución jugable de ningún tipo, más allá de poner puntos en nuestras habilidades cuando subimos de nivel y que la Singularidad dure más rato o que Incinerar haga un poco más de daño. Nada cambia. Y la razón de eso es que el combate, especialmente en el primer juego, es una excusa para llevar al jugador de A hasta B.

Incluso con las mejoras que ha recibido la edición legendaria con respecto al original, Mass Effect no fue ni se ha pretendido nunca que fuera un juego de combate. De hecho, el título original apenas tiene un puñado de misiones “de verdad” (Therum, Noveria, Feros, Virmire y Illos); entre estas misiones hay un sinfín de relleno para alargar la duración del juego en forma de coleccionables, materiales para obtener mejoras y pequeñas, pequeñísimas dosis de lore desperdigadas entre horas y horas - muchas de ellas opcionales, eso sí - a bordo del vehículo del juego, el infame Mako, que aporta tan poco a la experiencia que es un dolor que esta parte no se haya quitado definitivamente en este remáster. Pero en ese puñado de misiones reside la auténtica esencia de la saga, lo que la convirtió en leyenda: los conflictos en la galaxia, la manera en la que nos aproximamos a su resolución y el impacto que de una u otra forma tenemos sobre los demás. Una fórmula bastante similar se repite en la segunda y tercera entregas, pero con enfoques bastante distintos; las misiones secundarias están mucho mejor resueltas que en la primera parte e incluso el contenido opcional es de mucha mayor calidad. Además se fomenta mucho más la interacción con nuestros compañeros lo que a la postre se demostró como uno de los mayores aciertos de la trilogía.

Muchas veces de forma trivial pero otras tantas de forma completamente consciente, tendremos la capacidad de alterar la vida de nuestros compañeros y de otros tantos en la galaxia. La manera en la que se resuelve la mayor cantidad de situaciones no es disparando: es con la hoy famosa rueda de diálogo, que actualmente damos por sentada pero que no lo era tanto en 2007. Nosotros no escogemos lo que va a decir Shepard exactamente, sino que apuntamos a la idea general de lo que queremos transmitir y dejamos que Shepard la lleve a diálogo; esto es fundamental a la hora de mantener al jugador atento a la pantalla, porque no lee primero lo que va a decir y luego lo escucha de voz sino que le obliga a estar atento también a lo que su propio personaje está diciendo.

Y en los momentos más importantes, en ocasiones se abren opciones nuevas en función de nuestra actitud frente al universo hasta el momento, lo que el juego llama “virtud” y “rebeldía”. Aunque Bioware da completa libertad al jugador para escoger su propio camino - o una mezcla de ambos - lo cierto es que a menudo parece que empuje al jugador a tomar las decisiones de virtud, al margen de que sea la opción más saludable con el fin de salvar la galaxia.

Porque no hay que olvidar que existe un objetivo final para completar la aventura: vienen los segadores, una raza de máquinas sapientes que cada 50000 años aparece y elimina toda vida orgánica del universo. Y eso Shepard lo sabe desde el primer minuto y toda la saga va del intento de convencer al resto de especies para que se preparen a hacerles frente. Y eso le llevará a los confines de la galaxia, a hacer pactos con el mismísimo Diablo, a hacer nuevos y buenos amigos y también a perderlos. Porque no se puede salvar a todo el mundo y esa es una lección que Mass Effect también quiere transmitir, al estilo de cómo lo han hecho algunas de las series de televisión de más éxito en los últimos tiempos.

Eso sí, conviene no olvidarlo: buena parte del éxito del juego proviene del aspecto cinematográfico con el que a propósito se le dotó; con el aspecto no nos limitamos a hablar de la elección de los ángulos de cámara o de la paleta de colores, sino también al ritmo que se mueve la acción y a la forma que nos empuja a seguir adelante. A bordo de la Normandía SR-1, nuestro papel como Shepard, segundo de abordo del Capitán Anderson, es participar en una misión de reconocimiento para probar el nuevo sistema de ocultación co-desarrollado entre humanos y turianos; pero pronto las cosas se van a torcer y en muy poco rato el jugador comprende dónde se está metiendo y lo vasto del mundo que le rodea. La primera media hora de partida podría ponerse tranquilamente en un museo del videojuego, porque pocas veces se ha visto tanto en menos tiempo y a la vez tan bien explicado. Es un menú degustación de Mass Effect y un anticipo de lo que está por llegar.

Hay notables diferencias de factura técnica entre las diferentes entregas de la saga y esto, a pesar del lavado de cara general, conviene señalar. El primer Mass Effect, a nivel de escenarios, localizaciones y todo aquello que se aleje un poco del camino principal, es un juego bastante feo. Feo y muchas veces vulgar, con assets puestos sin ningún criterio, colonias donde supuestamente habitan personas que transmiten todo menos habitabilidad e inmensas zonas donde no hay nada. La cosa cambia en Mass Effect 2, donde hay un mejor criterio a la hora de decorar lo particular y lo general y el salto gráfico es notable. La tercera es la más completa de todas en ese sentido y todos los entornos son ricos en detalles y creíbles desde el punto de vista del espectador. Shepard está doblado de forma estupenda - en inglés - tanto en su versión masculina como femenina (una elección que deberemos hacer al principio del juego) y contribuye a enriquecer la personalidad del comandante.

Hay muchas cosas que se podrían contar aquí para intentar convencer al lector de que participe de esta aventura por primera vez; pero sería un flaco favor, porque es mucho mejor descubrirlo por uno mismo y sentir por primera vez el peso de la decisión sobre quién tiene que vivir y a quién hay que dejar atrás. Sentir qué decisión es la correcta moralmente o cuál es la mejor para los intereses de la galaxia en su conjunto. Participar de la evolución de nuestros compañeros de aventuras, tanto de aquella evolución de quienes están con nosotros siempre como de los que únicamente están de paso. Poder estar con nuestros amigos una última vez, en ese contenido descargable (incluido en la edición legendaria, como todo el resto de DLCs de la trilogía) que es a su vez una aventurilla más ligera y puro fan service: Ciudadela. Disfrutar del momento cumbre que, al margen de que nos pueda gustar más o menos el final, se ha ido construyendo durante tres juegos hasta ese punto.

CONCLUSIÓN

Mass Effect está bastante lejos de ser perfecto, tanto en sus entregas individuales como mirándolo en su conjunto. Pero es un producto redondo, que ofrece con muchas garantías aquello que se pide de él. Si uno llega aquí buscando la profundidad del combate o mecánicas nunca antes vistas en un videojuego, va a quedar terriblemente decepcionado. Pero si uno busca un mundo construido con cariño, con enfermizo detalle a nivel conceptual, con una historia que no trata al jugador como si fuera un niño de 12 años y con un elenco de personajes que no va a olvidar, Mass Effect es su casa. Y lo será durante posiblemente muchos años, porque es de esas aventuras que se olvidan con dificultad; siempre nos quedará Rapture, siempre nos quedará La Comarca, siempre nos quedará la Normandía.

LO MEJOR

  • Un worldbuilding difícil de igualar
  • Los personajes y las relaciones con y entre ellos
  • Trata al jugador como a un adulto

LO PEOR

  • El combate es completamente plano
  • El primer juego está muy atrás a nivel técnico
8.5

Muy bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.