El Hijo: A Wild West Tale
El Hijo: A Wild West Tale
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El Hijo: A Wild West Tale, análisis: un juego de estrategia basado en el sigilo

Analizamos El Hijo: A Wild West Tale, dónde tendremos que emprender un viaje con mucho sigilo para explorar, escondernos y encontrar a nuestra madre.

Un título que sin duda despierta interés y causa impresión nada más verlo ambientado en el subgénero spaghetti-western, fue presentado en la PC Gaming Show 2019 y, desde entonces, no había aparecido ninguna noticia relevante acerca de este casual juego hasta su lanzamiento el pasado 3 de diciembre. El Hijo: A Wild West Tale ha sido desarrollado por el estudio alemán Honig Studios junto con Quantumfrog y viene de la mano de HandyGames, la subsidiaria de THQ Nordic. Una historia que trata del reencuentro, tendremos que ser de lo más cautelosos posibles para descubrir una salida, escabullirnos y encontrar a nuestra madre, quién nos ha querido proteger alejándonos de ella, pero no fue la mejor decisión. Entre monjes y bandidos que se pongan en nuestro camino, nos esconderemos, exploraremos, seremos traviesos y sin nada de violencia y con mucho sigilo nos escaparemos de todos ellos.

Una imagen vale más que mil palabras

El amor de una madre por su hijo puede ser un amor sumamente grande, y es que, en este juego podremos ser protagonistas de cómo la protección y el cariño hacia un hijo está por encima de cualquier otra cosa. Todo comienza cuando esta pequeña familia es atacada por bandidos en su granja, arrasando con toda ella y provocando que tuviesen que escapar, francamente una historia real del Viejo Oeste. En este caso la madre decide dejar a El Hijo en un monasterio aislado para así poder protegerlo y que ella poder sentirse más segura. Sin embargo, no sabe que su hijo, un niño de seis años, es el más travieso, atrevido y valiente que arriesgará su vida para decidir escabullirse de los peligros de su mundo. A medida que supera sus desafíos, ganará confianza en sí mismo y astucia, consiguiendo más ideas para superar a todos sus enemigos.

En El Hijo tendremos que aprender a ser lo más sigilosos posible, dónde la violencia no estará presente, pero si la estrategia para saber cómo escondernos y pasar totalmente desapercibidos. Este juego es el claro ejemplo de que no necesitamos que aparezcan unas cinemáticas con unas líneas de dialogo llenas de contenido que pretendan contarnos toda la historia que hay detrás, sino que cada imagen que presenta, el contexto que nos sitúan y los gestos de cada personaje serán suficientes para situarnos en el juego. Aun así, la historia es la que es, no esperes que aparezca algún giro inesperado o un mayor número de pistas, simplemente ayuda a esta madre y a su hijo y disfruta de una aventura en el oeste.

Fusiónate con tu alrededor y aprende a ser sigiloso

En este juego predomina su jugabilidad con todas aquellas mecánicas que nos facilitan para ser lo más estratégicos posible y alcanzar nuestro objetivo. Ser sigiloso no es una tarea fácil, pero si nuestro alrededor está a nuestro favor jugaremos con mayor ventaja. Así es como Honig Studios ha querido presentar a El Hijo, además de ayudarnos a disfrutar en cada mapa que nos encontremos. Nuestra forma de caminar siempre será en sigilo, pero si pretendemos llegar a tiempo podremos correr sin mirar atrás, pese a que esto llamará mucho más la atención. No obstante, nuestra vista de pájaro nos ayudará para descubrir los conos de visión que presentan los adversarios y además poder divisar objetos útiles que haya cerca. Escondernos dentro de una tinaja, saltar obstáculos, meternos dentro de un carro, incluso movernos a la vez que un bisonte, serán algunas maneras para no ser vistos por nadie.

Gracias a los escenarios tan lineales como son las habitaciones del monasterio, nos ayudarán a encontrar una mecánica que será gratificante para nuestro escondite, las luces y las sombras. Nos podremos fusionar con nuestro alrededor, gracias a que los adversarios nos pueden ver a la luz, pero en las sombras estaremos totalmente ocultos y su campo de visión no nos alcanzará. No obstante, si estamos totalmente pendientes al alcance de nuestros enemigos, en ocasiones aparecerán unos conos semitransparentes que indican que los obstáculos de delante bloquean parcialmente la visión, por lo que podremos agacharnos e ir con sigilo hasta el siguiente punto. Sin duda, en cada nivel tendremos que estudiar toda el área para planear nuestra estrategia y avanzar sin ser visto, para ello el juego nos ayudará con múltiples puntos de control que se agradecen demasiado. Además, no estaremos solos y no seremos el único niño que aparezca en el mapa. Como coleccionables tendremos la “inspiración infantil”, que consistirá en encontrar a los niños que son tratados como esclavos, motivarlos para reforzar su voluntad y, a veces, recibir pequeños regalos para nuestra misión.

Con toques de travesura te saldrás con la tuya

Sin agregar nuevas mecánicas innecesariamente, el juego se va desarrollando de manera natural y se introducirán gradualmente otras habilidades para combinarlas y aumentar el desafío. Sin embargo, este desafío no es gradual, es decir, a lo largo de todos los niveles el juego presenta nuevos retos, pero el nivel de dificultad sube y baja y en ocasiones de pasar de un nivel fácil y ameno, pasas a otro que tienes que apreciar mucho el área para poder avanzar. No hay que olvidarnos de que manejamos a un niño de seis años (y a veces a su madre), por lo que los juguetes serán nuestras herramientas para distraer y desviar la atención de los adversarios. En nuestro bolsillo no podrá faltar el tirachinas con el que llegamos al monasterio, y que será sin duda la herramienta que más nos podrá ayudar, ya que a diferencia de las otras no es consumible y podremos tirar piedras para romper lámparas o jarrones de manera sucesiva.

En el bolsillo habrá más espacio para otros juguetes que sin duda en ocasiones serán imprescindibles para pasar de puntillas. Podremos obtener un juguete de cuerda para llamar la atención de todos los adversarios cercanos, pero siempre teniendo en cuenta desde dónde lo lanzamos y a hacía que dirección, porque si lo hacemos mal este mismo nos podrá descubrir. Por otro lado tenemos las flores de cactus, una especie de nube de polen que nos facilitará introducirnos en ella para escondernos y ser invisibles por un breve tiempo. Y por último los fuegos artificiales, que aturdirán a los enemigos y romperán objetos frágiles que puedan obstaculizar nuestro camino. Está claro que gracias a estas herramientas el juego se hace mucho más interesante a pesar de la dificultad que aparece en ocasiones cuando queremos manejar a nuestro personaje, ya que nos presenta unos controles algo imprecisos debido a la perspectiva y al uso del teclado y ratón.

Una representación gráfica que encaja perfectamente

El Hijo: A Wild West Tale destaca por su estilo visual y refina el carácter indie que viene a demostrar, con múltiples singularidades y con unos detalles que sin duda te sitúan en el oeste. Con un toque al reciente Desperados III, demuestra tener una representación gráfica que encaja perfectamente al mundo que quiere mostrar del sigilo, además de ser sencillo y con una paleta de colores que encajan a la perfección. Eso sí, estaremos ante una IA algo artificial y sencilla de esquivar, sin ninguna inteligencia que vaya a más que unos muñecos moviéndose de un lado a otro. Añadido a esto, el apartado sonoro es algo lejano, pero no del lejano oeste. Estará compuesto por una melodía a piano que en ocasiones se hará repetitiva, pero es bastante plana, intentando crear una atmósfera de spaghetti-western con música del oeste, pero se echa de menos mayor profundidad en ella. Mientras que encima de nuestros enemigos aparecerá un círculo con una interrogación si creen que nos han llegado a ver, nuestro personaje seguirá luchando por esconderse y sólo escucharemos alguna mueca de susto o preocupación. Cuando seamos descubiertos posiblemente nuestra decisión sea correr y ponernos nerviosos, pero el juego no logra que sea así. No crea tensión ni nerviosismo por no ser pillado, al revés, habrá momentos que estaremos en un silencio constante que en vez de ponernos tensos nos relajará.

Nota: 7.2

CONCLUSIÓN

Este emocionante juego de sigilo llamado El Hijo: A Wild West Tale es sin duda una de las novedades que le faltaba al año, con momentos muy estratégicos y unas mecánicas de lo más destacables, pese a los controles inestables que presenta y a una IA algo aburrida. Es un juego que castiga a aquellas personas que somos impacientes, ya que si no nos esperamos nos descubrirán muy rápido, pero si somos capaces de esperar, la victoria será más que gratificante. Sin duda, es un juego que tiene una combinación de niveles, con puzles muy adaptados para el juego que es, con una dificultad que varía, pero que te hace sentirte inmerso dentro de cada área. Además, añade una historia en la que estás deseando avanzar para lograr saber el final, pero para ello tendrás que probarlo tú mismo y adentrarte en este viejo y lejano oeste, repleto de bandidos y monjes.

LO MEJOR

  • Múltiples puntos de control repartidos por los niveles.
  • Diseño de mecánicas muy equilibradas y sencillas.
  • Una representación gráfica llamativa y perfecta.

LO PEOR

  • Controles imprecisos y en ocasiones torpes.
  • Una IA algo aburrida y artificial.
  • Un apartado sonoro muy débil.
7.2

Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas.