Hades
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Hades, análisis. SuperGiant juega otra liga

  • Jose Luis López de Garayo

Nos encarnamos en la piel de Zagreus, hijo de Hades, para tratar de escapar del Inframundo en un título colosal.

Supergiant Games sigue un patrón muy claro. Diseña un juego de calidad con un estilo artístico y una banda sonora de escándalo y se mueve al siguiente género sin explorar. En sus tres juegos hasta ahora no han repetido ni temática ni mecánicas jugables. Bastion era un ARPG postapocalíptico, Transistor tiraba más hacia la ciencia ficción y con Pyre se zambulleron al mismo tiempo en crear una novela visual y un juego de deportes. Así pues, con Hades, Supergiant vuelve a renovarse, a reinventarse y a crear un juego donde lo único que identifica al estudio es un estilo artístico que recuerda a cómic de calidad y una banda sonora para recordar.

Este tercer título del estudio salía hace algo más de un año en Early Access como uno de los juegos más “terminados” en recibir esa denominación. Desde entonces Supergiant no ha dejado de añadir y pulir, añadir y pulir. Actualización tras actualización los dueños del juego íbamos viendo como se iban sumando azulejos al mosaico roguelike mes tras mes, hilando mecánicas nuevas con historia nueva y haciendo poco a poco de esto un juego terminado. El resultado final no deja prácticamente nada que desear y termina por erigirse como probablemente el mejor juego de Supergiant.

El niño pródigo

Durante el reciente AMA de Supergiant games su guionista principal Greg Kasavin comentaba como hay un pequeño fragmento de una obra de Esquilo en el cual se sugería, desde el punto de vista de Sísifo, que Hades tenía un hijo llamado Zagreus. Esta es la única mención que pudo encontrar a dicha figura y ahí nace el germen que impulsa la historia de Hades. Encarnamos a esta misteriosa figura, resuelta por fin a escapar de los confines del Inframundo en busca de una persona muy importante para él.

Dado que estamos hablando de Supergiant Games no hace falta ni mencionar que cada una de las miles de frases que componen el argumento ha sido elaborada con cuidado y tacto. A lo largo de nuestras aventuras conoceremos a un gran elenco de criaturas mitológicas, todas ellas representadas de forma afable y modernizada. Sus retratos super estilizados dejan ver la personalidad del personaje de turno y nos fascina que cada uno cuenta con sus accesorios que aportan matices a esta personalidad. Ya sea el cráneo que porta nuestro protagonista en el hombro o su corona de laurel, el enorme brillante de Hades, el collar de calaveras de Nyx… Los dioses también necesitan ir a la moda.

Lo que hace que la historia de Hades pase a ser algo más que la suma de sus partes es el género del juego. Hasta ahora los roguelikes habían usado historia y lore más como un instrumento para pintar sus mundos que como un componente esencial de su núcleo jugable. En Hades el argumento viene hilado inexorablemente a la acción, intercalando magistralmente combates peliagudos con diálogos encantadores. Cada vez que intentemos escapar del infierno nos encontraremos con alguna frase nueva, ya sea de los dioses que nos conceden bendiciones o de Hypnos al vernos regresar cubiertos de sangre y humillados tras nuestra muerte.

La casa de Hades es el vestíbulo común a todos nuestros intentos de escapada. Cuando empecemos el juego serán pocos sus habitantes pero a medida que vayamos avanzando en nuestros intentos de llegar a la superficie iremos desbloqueando nuevos inquilinos que poblaran sus amplias salas. Tras unas sesenta intentos de escapar seguimos encontrando nuevos diálogos en la casa de Hades, nuevas conversaciones entre los huespedes que cotillear… Poco a poco cada uno de los seres mitológicos que pueblan la sala va desvelando su personalidad y todas ellas son fascinantes: la diosa de la noche Nyx, maternal y misteriosa; el viejo Aquíles, sus ansias de combate lejano extinguidas; la adorable Medusa y su increíble habilidad para dejar todo reluciente…

Durante nuestras aventuras jugables también disfrutaremos de diálogos ya sea de los dioses al bendecirnos o de personajes que nos vamos encontrando por las profundidades del Averno. Otra de las cosas que sorprende es la capacidad del juego de reaccionar con diálogo a cosas especificas de cada intento de escapada. Así, si cogemos una bendición de Artemisa para empezar la partida hay posibilidades de que Zeus mencione a su hija cuando venga él a bendecirnos. Si conseguimos una bonificación de Afrodita y otra de Dionisio hay posibilidades de que la diosa de la fertilidad y el dios del vino (naturales compañeros) nos ofrezcan una bendición conjunta con el correspondiente diálogo. Al enfrentarnos a un enemigo que nos venció en nuestro último intento este mencionará habernos derrotado con más que probable sorna. Parece magia negra la capacidad del juego para comentar sobre algo que está ocurriendo en un género con tantísimas posibilidades pero debemos recordar que es un arte que Supergiant empezó a practicar con su primer título.

En definitiva Supergiant ha dado un agigantado paso hacia delante para el genero roguelike en lo que a su historia se refiere. Replantea su argumento de algo lineal a algo que parece más pequeñas semillas de una historia que poco a poco van germinando en nuestra imaginación para hacer un todo completo. A pesar de su naturaleza repetitiva consigue contar una historia con un principio y un final, pero lo realmente magistral del asunto es la forma en que cada vez que jugamos media horita podemos estar seguros de que oiremos algo nuevo, descubriremos un nuevo detalle o reiremos con un chiste inaudito. Todo esto después de ya haber fracasado en nuestra huida docenas de veces. Mención especial para los tres personajes que podemos encontrar en el propio Inframundo, seres atormentados de la mitología griega cuyo dialogo expande los párrafos individuales de su biografía original.

Maestría mecánica

Si a lo largo de su catálogo Supergiant nunca ha destacado especialmente en algo esto es sin duda el aspecto jugable. Quizás Transistor estuvo cerca de ofrecer unas mecánicas algo más complejas, pero tanto Bastion como Pyre pecaban de excesivamente simplistas en lo que ofrecían. Gracias a las excelentes animaciones y un buen diseño de sonido los juegos de Supergiant siempre se han “sentido” bien pero tras unas horas jugando y conocer todo lo que ofrecían se derrumbaban.

No así con Hades. Al pertenecer al género roguelike su bucle jugable es claro: deberemos superar diversos desafíos jugables para progresar hasta un jefe final en un mundo generado cada vez que jugamos de forma aleatoria por un algoritmo. En sus orígenes este género era dado a las experiencias por turnos, mucho más fáciles de equilibrar para la aleatoriedad. Hades, sin embargo, es un juego eminentemente rápido. Desde los enemigos más sencillos hasta el malo final necesitaremos usar los cinco sentidos para no perder nuestra concentración en ningún momento pues la muerte siempre está a dos pasos.

Disponemos de cinco habilidades básicas: un ataque, un especial, un hechizo, un “dash” para desplazarnos rápidamente y una poderosa llamada en la que invocaremos la ayuda directa de un dios. Se nos presenta un sistema de combate extremadamente ágil, donde los cooldowns brillan por su ausencia y la maestría consiste en aprender en que orden debemos lanzar nuestras habilidades y no en esperar al momento ideal para usarlas. Al comienzo de nuestra aventura nos moveremos de forma tosca y precipitada, abalanzándonos sobre nuestros enemigos y utilizando todas nuestras habilidades al mismo tiempo. Pronto aprenderemos que Hades es un juego sobre el posicionamiento preciso donde tratar a nuestros enemigos como un rebaño es la mejor estrategia. Será clave posicionarnos a la espalda de nuestros enemigos, llevarles hacia una pared contra la que reventarles y aprender sus comportamientos para poder liquidarlos de forma eficiente y rápida. Lo que al principio es un campo de batalla pronto se convertirá en nuestro escenario particular para una violenta danza de muerte.

A lo largo de la partida nos encontraremos con diversas divinidades que nos otorgarán bendiciones para modificar o bien nuestras habilidades o nuestro personaje. Poseidón hará que nuestras habilidades derriben a los enemigos con la forma de una ola, Zeus nos otorgará una chispa de energía, Dionisio nos permite aplicar “resaca” en los enemigos… Cada dios favorece un estilo de juego y gran parte del encanto del juego radica en descubrir que bendiciones nos gusta utilizar con que armas para así convertir a nuestro Zagreus en una máquina de matar personalizada. Estas bendiciones también nos muestran la personalidad de los dioses que las conceden, siendo estos siempre capaces de aportar algún chascarrillo junto con sus atributos divinos. En ocasiones encontraremos dos bendiciones a la vez y ofenderemos necesariamente al dios que hemos rechazado y debiendo superar un combate en el que se nos opone la divinidad triste.

Libertad, divina libertad.

Para ser un roguelike con un combate tan minuciosamente pulido sorprende las libertades que el juego da al jugador a la hora de personalizar su estilo de combate. Otros juegos similares optan por restringir un poco esta libertad en pos de un mayor equilibrio en la experiencia pero no así Hades donde la libertad para crear nuestro personaje puede incluso tener trágicas consecuencias. Así una vez llegamos a tener una habilidad extremadamente poderosa, capaz de hacer varios cientos por cien más de daño de lo que tenía ningún derecho a hacer y con pocos inconvenientes. Cegados por la codicia compramos un objeto que nos daba dos bendiciones a cambio de una aleatoria, olvidando que una de nuestras bendiciones era esencial para nuestra estrategia. Por supuesto la ley de Murphy dictamina que esa fue la bendición perdida y nuestro intento de huida se fue al garete. La posibilidad de arruinar tu partida de forma tan atroz con una mala elección puede asustar a algunos pero representa la amplia libertad que da el título. Hay pocas sensaciones mejores que ser un semidios capaz de congelar a los enemigos al movernos, electrocutárles al tocarles y dejarles resacosos al hechizarles.

Quizás el único aspecto donde Hades se aleja de la perfección es cuando empezamos a hablar de enemigos y localizaciones. Para nada queremos decir que el diseño de niveles o enemigos sea malo, al contrario. Nuestro viaje por el Averno nos llevará a través de cuatro diversos locales, cada uno con su estilo artístico y enemigos únicos. Dichos enemigos están muy bien ideados y no solo son fascinante en su diseño (mención especial a los carruajes asesinos) sino que en combate presentan oportunidades y desafios más que interesantes. Hay que decir que, salvo por los malos finales, su fuerza y magia viene de sus amplios números. Cuando hay diez enemigos en pantalla cada uno con su comportamiento y patrones de ataque lidiar con ellos supone un esfuerzo geométrico por maximizar el aprovechamiento de la sala de combate. Cuando solo queda un enemigo básico es fácil apreciar errores en su comportamiento hasta el punto de que a veces resultará difícil matarles porque se han salido del mapa. No pasa siempre y como decimos suele quedar camuflado por la inmensa cantidad de enemigos pero ocasionalmente nos toca uno tonto. Asimismo desearíamos que hubiera algún mundo alternativo o más variedad de enemigos pues llegado un punto cada intento acabamos viendo a todos los enemigos disponibles y pasando por todas las habitaciones posibles.

Alrededor del juego hay una serie de sistemas también apasionantes que conforman la progresión lineal del título. Durante nuestras aventuras podemos obtener diversos recursos que gastar en la Casa de Hades, desde materia oscura para mejorar atributos de Zagreus (más vida, monedas) hasta cambiar la decoración de nuestros aposentos. Poco a poco iremos aumentando nuestro poder, un componente que otros roguelikes como Rogue Legacy ya habían explorado en profundidad pero nunca tan bien planteado como aquí. Las primeras horas con Hades son un constante desbloquear de mecánicas nuevas y a medida que avanzando las mejoras se vuelven más sustanciales pero también más difíciles de conseguir.

Para terminar de describir el componente jugable del juego cabe mencionar el excelente armamento de Zagreus. Seis potentes artilugios de guerra robados a su padre nos servirán para aniquilar a las hordas y cada una de ellas cuenta con un estilo propio más que diferenciado. La espada Estigia es letal si conseguimos penetrar la espalda de nuestro rival pero no cuenta con utilidad defensiva; la lanza eterna tiene un buen equilibrio entre largo y corto rango pero su daño deja bastante que desear; el arco buscacorazones es excelente si conseguimos mantener la distancia con nuestro rival y la concentración para acertar los críticos. Cada arma cuenta además con cuatro aspectos cada uno de los cuales se puede mejorar con recursos cuya obtención no es nada fácil, marcando un objetivo a largo plazo para los jugadores más empedernidos.

Como último apunte seríamos culpables de crimenes serios contra el buen gusto si no mencionáramos la extraordinaria banda sonora de Darren Korb (quien también da voz a Zagreus, el muy multitalentos) que una vez más usa potentes bajos y riffs de guitarra eléctrica para crear un paraje musical que identifica a la obra sin dejar de sonar claramente Supergiant. Durante meses retumbarán los potentes estribillos instrumentales de la banda sonora de Hades en nuestro cerebro, eternamente pegadizos como el castigo de las almas atormentadas. Aun en la pesadumbre del Averno Darren ha conseguido encontrar hueco para dulces baladas pero el tono general se podría describir como “heavy rock mediterráneo”. Guitarrita española al frente, potente riff de fondo.

CONCLUSIÓN

Hades es el mejor juego de un estudio que hasta ahora lo había hecho todo bien. Supone la propuesta más madura de Supergiant, un juego que por fin une a las ambiciones temáticas y artísticas del estudio una excelencia mecánica en el combate que hasta ahora había quedado reservada para desarrolladoras niponas. Siguen estando aquí los rasgos comunes del equipo, como sus fantásticos diseños de personajes, sus increíbles bandas sonoras, una temática individual y bien trabajada… Pero ahora hay algo más, un hambre aparente por dar al jugador una experiencia satisfactoria a los mandos que nunca estuvo ahí. Quizás sea el género, quizás haya sido el año de desarrollo escuchando a la comunidad, pero es absolutamente innegable que ningún juego de Supergiant se ha jugado tan bien. Hades es un título con más de cien horas de contenido para el jugador apasionado cuyo principal problema es que no tiene suficiente contenido para satisfacernos. Ojalá tener más juegos con esos problemas, pero hay algo bonito en un roguelike que sabe cuando parar, como una serie que deja de rodarse en la temporada adecuada. Desearíamos una expansión en el futuro pero conociendo a Supergiant es más probable que pasen a diseñar un juego completamente distinto en un género completamente distinto. Mientras tanto, siempre nos quedará el Inframundo.

LO MEJOR

  • Posiblemente el mejor combate en un roguelike
  • Bastante libertad para personalizar nuestro Zagreus cada partida
  • Una historia inaudita en el género
  • La banda sonora, excepcional
  • Diseño artístico de primera
  • Desafiante a más no poder

LO PEOR

  • Algunos errores de la IA
  • Desearíamos más variedad en las rutas
9.3

Excelente

Un título referente en su género, que destaca por encima de sus competidores y que disfrutarás de principio a fin, seguramente varias veces. Un juego destinado a convertirse en clásico con el paso de los años.