Mario en 3D

Recuerdos de… Super Mario 64, Sunshine y Galaxy

Tres juegos que nos marcaron en su momento por lo que aportaron y que ahora volverán en formato recopilatorio para Nintendo Switch.

Recuerdos de… Super Mario 64, Sunshine y Galaxy

Super Mario 3D All-Stars es uno de los grandes anuncios de este último tramo de 2020. Lo es, sobre todo, por la posibilidad de poder rejugar a clásicos que cambiaron en buena parte nuestra relación con el género de las plataformas. Pero del recopilatorio ya habrá tiempo de hablar. Hoy queremos recoger recuerdos que nos evocan los tres títulos: Super Mario 64, Super Mario Sunshine y Super Mario Galaxy. Por qué nos impactaron y qué aportaron al mundo de los videojuegos. Estas son algunos de los pensamientos que nos recuerdan los tres primeros juegos en 3D de Mario.

Super Mario 64, un juego que marcó el camino a seguir (José María Villalobos)

Todos los que jugamos habitualmente atesoramos momentos inolvidables. En mi caso conservo preciados recuerdos de esa magia que emanaba de un palito moviéndose arriba y abajo ¡a mis órdenes!, en la tele en blanco y negro que teníamos en casa. Veo mis pies desnudos sobre un charquito de agua, casi soy capaz de sentir las leves descargas eléctricas que sacudían mi cuerpo mojado con la recreativa de Space Invaders del bar de la piscina. La Game & Watch con sus pequeños botones pulidos por el uso intensivo. El resplandeciente brillo del cartucho dorado de Zelda y los mil secretos que guardaba en su interior… Algunos de esos momentos, además, se convierten en epifánicos y llegan a definirnos de por vida, cambian nuestra percepción anterior y abren de par en par las puertas hacia un mundo nuevo. Ahí es donde reina Mario 64 en mi memoria.

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Tras una agónica espera por fin llegó el lanzamiento de la eternamente retrasada Nintendo 64. Y allí estaba yo, saliendo de la tienda agarrando muy fuerte aquella preciada caja multicolor. La vuelta al piso de estudiantes fue ardua. Como salmón remontando un río, caminaba a duras penas contra una marea de cientos de jóvenes que se dirigían decididos a la primera fiesta de la primavera de aquel ya lejano marzo de 1997. Fue el año del Ok Computer, de Homogenic, de The Boatman´s Call. Fue el año de Contac, de Gattaca, de Cube. Fue el año de Nintendo 64. Ya en casa, tembloroso y lleno de emoción conecté la consola a una pequeña tele. Metí el cartucho de Mario 64 en la ranura, subí la palanquita de Start y… ya nada volvió a ser lo mismo. En ese instante quedó atrás la gloriosa época de los 16 bits y se abrió ante mí algo absolutamente nuevo. No podía creer lo que veía en pantalla. Tanto es así que estuve un cuarto de hora saltando con Mario por el jardín, subiendo a los árboles, buceando en un pequeño lago... Tan alucinado estaba que no me importaba hacer esperar a ese increíble castillo donde me aguardaban mil y una aventuras.

Llevaba un lustro defendiendo con uñas y dientes pero sin resultado, que los videojuegos eran algo más que un entretenimiento. Con Mario 64 lo vi claro, no solo eran algo más, eran mucho más. Por fin tenía en mis manos un arma con la que combatir con garantías aquella injusticia. Y no solo me abrió los ojos a mí. Lo sólido de sus gráficos, lo imaginativo de sus niveles, las complejisimas decisiones con respecto a la utilización de la novedosa cámara, dieron alas a los desarrolladores. Como cuando Chabrol hablaba de la irrupción de Godard en los cines en 1959: “Fabricó su propia gramática, y eso nos aportó un montón de figuras suplementarias. (…) Como si un gramático hubiera descubierto un medio de utilizar los verbos y los complementos de una manera diferente”. Mario 64 fue un nuevo ABC en la industria, el sólido pilar sobre el que crear los mundos futuros en tres dimensiones. Siguiendo con la comparación, me atrevo a decir que las 3D fueron a los videojuegos lo que la llegada del sonoro al cine: un cambio tecnológico tan importante y radical que dividió en dos la historia del medio (nuevos géneros antes impensables, nuevas formas de hacer, de expresarse, de narrar, de imaginar). Mario 64 habría sido El cantor de Jazz si no fuera porque el juego está a años luz de la película.

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Aquella noche de marzo de 1997, tras toda una tarde explorando tierras inéditas, me acerqué a la fiesta de la primavera. Miraba a toda esa gente, a mis amigos allí reunidos, sabiendo que nadie me entendería si me ponía a explicar lo que había presenciado, lo que había sentido. Pero pensé, hay tiempo, todo ha cambiado, tengo una baza con la que defender el videojuego como un nuevo arte. Ya nada será igual. Se fragua una revolución cultural y tenemos a alguien que nos alumbrará y guiará en el camino. Es él, Mario.

Super Mario Sunshine, una refrescante e innovadora entrega

Nos encontramos en los compases finales de un verano atípico, marcado por situaciones globales que escapan a nuestro control. Sin embargo, muchos hemos aprovechado el tener que quedarnos en casa para jugar, ya sea a títulos nuevos o a grandes obras del pasado. Una de ellas es Super Mario Sunshine de GameCube (2002), ideal para acompañar a los meses más calurosos del año. Y es que, ¿a quién no le viene a la mente la mítica manguera de agua A.C.U.A.C. que el bigotudo protagonista usaba en esta entrega? De hecho, uno de los lemas de la paradisíaca Isla Delfino (lugar al que viajan Mario y Peach al inicio del título) es que los huéspedes se relajen para “volver a casa como nuevos”. Sin embargo, con haber jugado a alguna entrega de la franquicia que nos ocupa, sabréis que relax es una palabra que no suele estar presente en el diccionario del fontanero italiano más conocido de los videojuegos.

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El arranque del argumento de Sunshine es algo más original que una buena parte de las entregas de la saga, ya que en lugar de tener que salvar a la princesa directamente y sin mucho más contexto que el ser secuestrada por Bowser, lo que debe hacer el héroe de esta historia es limpiar la isla de los grafitis y el desorden causado por un misterioso Mario Oscuro. El resolver de quién se trata es uno de los atractivos principales de la aventura, en la cual nos topamos con una serie de escenarios 3D abiertos y muy veraniegos donde nos esperan enemigos variados e interesantes aliados a los que conocer. De hecho, y a modo de curiosidad, estos NPC cuentan con doblaje en gran parte de sus líneas de diálogo, algo inusual en el universo de Mario Bros., en el que los habitantes suelen tener a su disposición tan solo una serie de sonidos y aspavientos clave. Eso sí, el italiano sigue adoptando su papel de “héroe silencioso” y no suelta prenda, al menos en un plano verbal. Pero donde calaba el título era en lo que nos ofrecía a través de los mandos.

Toda esta premisa, sumada a una jugabilidad innovadora que tomó parte del set de movimientos de Super Mario 64, añadió a la mezcla diversos elementos que no habían estado disponibles nunca antes en la franquicia. Ejemplos de ello son el poder montar a Yoshi y modificar su color y habilidades (algo que se traspasó posteriormente a Super Mario Galaxy 2), además de personajes como Bowser Jr. (también conocido como Bowsy), el Maestro Kinopio y Floro Piraña. En conjunto, la entrega que nos ocupa dejó muy buen recuerdo a toda una generación de jugadores, que descubrieron una entrega algo distinta dentro de la que posiblemente es la franquicia de videojuegos más conocida de todos los tiempos. Tenía mecánicas novedosas, el poder calibrar la intensidad del agua con los gatillos funcionaba realmente bien y cuando pensábamos que lo habíamos visto todo, las misiones retro, sin nuestro acuac, nos maravillaban con el desafío extremo que suponían. Seguramente no es el favorito en los tops ni el más recordado, pero su aura especial hacen que poder volverlo a jugar sea una buena noticia.

Super Mario Galaxy, un juego intergaláctico y único a partes iguales - Eli López

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Hoy, casi trece años después, todavía me digo a mí misma: gracias, Eli del pasado. Gracias por ahorrar tu paga semanal durante varios meses para comprar aquella joya de los videojuegos. A pesar de que podría haber esperado un poco más para pedirlo por Navidad, pues recordemos que Super Mario Galaxy salió a la venta el 16 de noviembre de 2007, no lo hice. No podía. A partir del primer tráiler que vi del juego, sentí la necesidad de embarcarme en la nueva aventura de Mario desde el primer día que estuviera disponible. Quería hacer todo lo que veía en los tráileres lo antes posible. No podía perder ni un solo segundo.

Recuerdo haber jugado Super Mario 64 en la Nintendo 64 de mi tío. Era una niña de unos cuatro o cinco años, pero, curiosamente, todavía se me vienen recuerdos a la cabeza jugándolo. Obviamente, yo no era muy consciente de lo que estaba haciendo, pero sí de lo feliz que era. Probablemente, ese fuera el principal motivo por el que quería subirme cuanto antes al Planetarium del Cometa y explorar las galaxias: volver a ser igual de feliz. ¿A quién no le gusta serlo? Y lo conseguí. Vaya que si lo hice. Desde los primeros minutos, controlando a Mario durante el Festival de las Estrellas, hasta los últimos, luchando contra Bowser para variar… Super Mario Galaxy consiguió que me sintiera como una niña de nuevo. Pero ¿qué lo hizo exactamente?

¿La gran cantidad de misiones que ofrecía y la manera de realizarlas, jugando con la gravedad continuamente? ¿El diseño de los escenarios, con superficies esféricas que daban lugar a todo tipo de situaciones con Mario boca abajo o de lado? ¿Los nuevos personajes, entre los que destacaba mi querida Estela, y habilidades, como convertirse en abeja o un Boo? ¿La precisión de los controles del juego, patente con acciones, como el ataque en giro? ¿La calidad de los gráficos, en los que sobresalía el uso de la iluminación? ¿O tal vez la música, realizada por una orquesta sinfónica? Realmente, es imposible que me quede con un único motivo por el que Super Mario Galaxy me hizo tan feliz, al igual que lo sería para justificar por qué se ha convertido en un juego tan destacado, influyente y querido.

Absolutamente todo en Super Mario Galaxy era digno de alabar. Bueno, es cierto que la cámara era precisa en el 99,9% de los casos únicamente, pero, por lo demás, era simplemente brillante. Solo Mario podía tener una nueva aventura tan sobresaliente y diferente, aunque curiosamente estuviese llena de guiños a las anteriores que había tenido. Una aventura que no sentó cátedra como Super Mario 64, pero que sí revolucionó el género y demostró, una vez más, el buen hacer y esa magia especial que solo tiene Nintendo. Un juego que, como el de la consola Nintendo 64, se ganó un hueco en nuestros corazones tras ofrecernos algunas de las mejores horas de juego que hemos vivido y viviremos jamás con un videojuego.

Super Mario 64

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Imprescindible para tu Nintendo 64, Mario se pasa a las 3D en un increible cartucho plataformero con toques de aventura y una jugabilidad absolutamente genial.

Carátula de Super Mario 64
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