Outbuddies
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Carátula de Outbuddies

Outbuddies, Análisis

Una ciudad submarina y decenas de pasadizos que recorrer. Analizamos Outbuddies, este pequeño metroidvania para PC y próximamente para las demás plataformas

La antigua ciudad perdida de Bahlan oculta secretos de una antigua civilización. Extrañas criaturas han encontrado su hogar en estas ruinas submarinas. En su mayoría hostiles, pero algunas, amables, han encontrado un santuario entre esas húmedas rocas y laberínticos pasadizos. Así da el pistoletazo de salida Outbuddies, un juego de marcada estética retro y una jugabilidad que es familiar para un gran número de jugadores.

Un día de embravecida tormenta nuestro protagonista, alguien que habla de dioses antiguos, y de este lugar como la cuna de la humanidad, parece tener todas las respuestas. Se aventurará a esta antigua ciudad sólo para despertarse, sin conciencia previa de lo que ha ocurrido y de cómo ha llegado hasta ahí, en una solitaria cueva dentro de Bahlan. ¿Su único equipo? Un traje protector de submarinismo. Y su única compañía la de un robot de reconocimiento.

Lo que para el protagonista es un entorno completamente desconocido y hostil, para nosotros es un juego que se parece mucho a Metroid. Las comparaciones son fáciles, no sólo por el pixel-art de 16 bits que define el apartado visual, o por el traje y el bláster a lo Samus Aran que lleva el avatar que controlamos, o por algunas habilidades como rodar como una pelota por lugares estrechos; sino por una estructura de juego que bebe del Metroidvania en 2D más clásico posible.

Esto es interesante, porque de la última tanda de juegos que nos ha dado el género, muchos han optado más por seguir la vertiente “vania” del conjunto que la puramente metroid. Juegos como Bloodstained, Hollow Knight o Dead Cells le debían más al clásico de Konami que al de Nintendo. La parte negativa de esto es que el juego de Julian Laufer (creador y único desarrollador de este título) debe mucho a sus antecesores, y ahí es donde la mayor discusión del título reside. Es difícil separar el homenaje del título actual, y las cosas que hace por sí mismo no parecen terminar de cuajar. El apartado artístico, por poner un ejemplo, se siente a medias si obviamos el componente sentimental de lo clásico. Es poco variado, con unos colores muy contrastados que generan fatiga visual a las pocas horas de juego, y con unas animaciones simples que no terminan de revestir el gameplay.

La fórmula de Outbuddies se presenta en pleno 2019 como una puramente nostálgica. No hay elementos procedurales en el título, complejos elementos de RPG u otros elementos prestados de la actualidad del género. Hay sin embargo un robotito que nos acompaña durante toda la aventura y con el que podremos hacer diferentes acciones. Con la pulsación de un botón pasamos a controlarlo y nos permite merodear con él por el nivel, e interactuar con objetos mediante una serie de poderes como mover telekinéticamente grandes bloques de piedra para colocarlos por el escenario y ayudarnos en plataformeo y puzles. En una decisión curiosa por parte del juego, este robot puede controlarse por otro jugador en cooperativo. Una posibilidad que se antoja algo innecesaria, pero que ahí está, por si queremos experimentar la jugabilidad del título en compañía de alguien.

Quitando de en medio robots voladores. El título se mueve por terreno conocido en todo momento. La ciudad de Bahlan es un mundo interconectado a través de larguísimos pasillos, power ups y coleccionables escondidos, puertas cerradas y desniveles de altura. Es un mundo claustrofóbico donde no entra la luz del sol. Los caminos son estrechos (a veces incluso tenemos que abrirnos paso a base de detonar bombas), muy oscuros y húmedos. Las pantallas submarinas tienen más protagonismo de lo habitual y con frecuencia se complementan con las de la “superficie”, creando un mapeado en el que tendremos que saber desenvolvernos tanto buceando como en las secciones de plataformeos más tradicionales.

El control del personaje va un poco más allá del esquema básico de otros juegos del género. Podemos disparar en cuatro direcciones, hacer un esquive rápido que nos permite evitar a los enemigos, e incluso tirarnos al suelo para que no nos alcancen ciertos disparos. Buceando, los peligros no cesan. Dominar la mecánica de fijar la posición se vuelve indispensable para poder hacer frente a bancos de peces asesinos u otras criaturas hostiles, y nos permite tener siempre la vista fija en el enemigo mientras disparamos en una misma dirección. Cuanto más juguemos, empezamos a aprovechar ciertas cosas que el juego no nos dice. Por ejemplo, disparar hacia abajo nos da un pequeño impulso que podemos aprovechar para llegar a ciertas alturas.

Caer, caeremos en combate. El propio juego dispone en su menú principal de un contador de muertes que nos reta a mejorar y vigilar de cerca cada enfrentamiento que tenemos. El juego no duda en enfocarse primero a los veteranos del género, aquellos que llevan años acostumbrados a cierto tipo de mecánicas que aquí se introducen sin pestañear. El sistema de guardado es manual y los puntos de guardado no son abundantes. Los enemigos son agresivos y atacan con rapidez y sin descanso. El tiempo que somos invulnerables tras un golpe es muy reducido, por lo que tendremos que marcar las distancias en el momento que nos toquen y tratar de contraatacar rápido. Y el posicionamiento es muy importante en los combates, especialmente contra los jefes.

El primer contacto con el título puede resultar chocante, al obligarnos a acostumbrarnos de nuevo a un montón de mecánicas y diseño de niveles old school que trae de vuelta todas las virtudes pero también los defectos del género. El backtracking es habitual y está lleno de momentos muertos, en los que volvemos a enfrentarnos una y otra vez con los mismos enemigos solo para familiarizarnos con el entorno. El plataformeo presenta momentos tramposos, con mecánicas que no están del todo pulidas y que hacen estas zonas algo farragosas. Y el sistema de puertas cerradas, que se va resolviendo conforme avanzamos en la aventura, resulta frustante en las primeras horas.

El conjunto presenta una estructura clásica que, salvo un par de gimmicks que añaden opciones a la jugabilidad, tiene poco que ofrecer al género. Claro que para la mayoría de jugadores que buscan este tipo de experiencias, revivir la nostalgia es más que suficiente con este tipo de títulos. Outbuddies, con sus más y sus menos, es una buena oportunidad para ello.

Analizado para la versión de Steam.

CONCLUSIÓN

Outbuddies se presenta como un sustituto competente a los clásicos del género metroidvania. Especialmente a aquellos de la vertiente nintendera. Su fórmula es clásica, con una estética 16 bits en 2D, llena de pasillos intrincados, puertas cerradas, jefes al final de cada zona, y habilidades por conseguir. Su dificultad va más en sintonía con lo que esperan los veteranos del género que aquellos que se estén iniciando, y sus mecánicas recuerdan directamente a Metroid. Este apego a sus referentes es el mayor lastre de Outbuddies, que pese a sus dos o tres añadidos interesantes a nivel de mecánicas, no consigue apartarse de la sombra de aquellos que tanto admira.

LO MEJOR

  • Metroidvania con tintes clásicos y buen diseño de niveles
  • La ambientación submarina añade un toque claustrofóbico que añade a la experiencia

LO PEOR

  • Bebe demasiado de sus referentes, poca innovación en habilidades, jefes, tipos de enemigos...
  • Le falta rematar en algunas de sus mecánicas, el plataformeo o el control del robot se sienten torpes
6

Correcto

No es lo último ni lo más original, tampoco cuenta con la mejor ejecución, pero puede divertir si te gusta el género. Bien, pero mejorable.

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