PixARK
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Carátula de PixARK

PIXARK, análisis: El hermano cúbico y pobre de ARK

Este spin off de ARK combina los defectos del juego en que se basa con una copia de las mecánicas de Minecraft para ofrecer un producto descuidado y mediocre.

Desde que existimos como humanos, explorar y sobrevivir han sido parte de nuestros instintos más profundos. Muchos videojuegos se han aprovechado de esas tendencias de nuestro cerebro de forma más o menos directa para tratar de engancharnos y hacer pasar un rato más delante de la pantalla. Recolectar o farmear, establecer lazos de amistad y ayuda… Y por otro lado, nuestra tendencia natural a la creatividad, a plasmar en la medida de nuestras habilidades nuestras emociones y sentimientos ha sido clave en el éxito de productos como Minecraft. Sin duda, una suma de ambos conceptos es sobre el papel una idea llamada a ser tremendamente atractiva. Y sin embargo, este Pixark naufraga a la hora plasmar esas expectativas.

El título de Snail, mezcla a partes iguales de su hermano mayor ARK y de las mecánicas de Minecraft, nos arroja nada más empezar la partida a un mundo cúbico donde deberemos recolectar recursos para poder construir diversos utensilios y mejorar nuestras capacidades.

Rodeados de dinosaurios cúbicos

Por nuestro entorno pasean desde enormes dinosaurios a pequeñas criaturas, las cuales podremos domesticar dándoles la comida adecuada. Poco a poco, según construyamos herramientas, nuestros puños darán paso a hachas o picos que nos harán la vida más fácil. Poco a poco contaremos con mejores recursos tecnológicos, y podremos usar los materiales recogidos para construir lo que deseemos, cual Minecraft.

Eso sí, deberemos cuidarnos de provocar a los mayores animales. Sobre todo al principio, un combate es una forma casi segura de morir, lo que nos teletransportará a algún otro punto del mapa. Una mecánica poco cuidada que a veces nos hará reaparecer en los sitios más inoportunos. Da igual que tengas nivel 10, el juego no dudará en dejarte en medio de una marabunta de monstruos de nivel 50 que acabarán contigo antes de que puedas reaccionar, volviendo a hacerte reaparecer en otro lugar. En general el juego se siente repetitivo, tosco, y sin el más mínimo pulido de sus mecánicas.

Si las mecánicas son repetitivas, al menos los escenarios (con el clásico aspecto de bloques de este tipo de juegos) cuentan con una cierta variedad de entornos que hace que no parezcan tan clónicos como podrían. Eso sí, el pop-in es flagrante, con escenarios que en cuanto vemos un poco a lo lejos se dibujan ante nuestros ojos. También la tasa de fotogramas sufre más de la cuenta, haciendo del juego una experiencia muy pobre gráficamente.

 Un juego descuidado

Pero (a pesar de la pobre resolución en Nintendo Switch, especialmente fuera del dock), no son los gráficos el principal problema de este juego. Si algo falla de forma estrepitosa son los controles. Es de esos juegos en que lo primero que piensas al darte cuenta de qué botones tienes que usar es en si podrías personalizarnos a algo más intuitivo. Por desgracia, no parece haber entre los confusísimos menús más opción que la de ver su asignación.

El acceso a los menús, que generalmente suele mapearse en el botón X es aquí el B. Saltar (acción que no podremos hacer cuando nuestro inventario esté algo cargado), el A, mientras que X será lo que apretemos constantemente para recoger los recursos a nuestro alrededor. Con R usamos nuestras herramientas, mientras que con los botones de la cruceta accedemos a los objetos seleccionados.

Una vez metidos en faena, aparte de de recoger todo lo que veamos y evitar amenazas, nuestro objetivo será buscar unos buzones repartidos por el mapa donde se nos propondrán pequeñas misiones que servirán para recibir algunas recompensas. Eso sí, no hay realmente un objetivo final o una historia que engarce estos objetivos, haciendo de esta mecánica algo repetitivo y poco inspirado.

Menús confusos

De los menús, por su parte, no hay nada bueno que decirse. Toscos, ilegibles en la propia pantalla de la Nintendo Switch debido al escaso tamaño del texto y baja resolución, difíciles de navegar con los Joy Con (la experiencia es similar a intentar seleccionar cosas en un navegador de internet con solo el teclado), caóticos, fatalmente explicados…

Son un desastre que de nuevo pone de manifiesto el nulo mimo con el que se ha tratado este PIXARK. Además, el juego no se pausa al usarlos, de forma que nos quedamos vendidos ante los enemigos mientras los usamos. Algo que, vista su falta de utilidad, añade más frustración si cabe a la experiencia.

La localización, por su parte, mezcla inglés y español, a la sazón de contener algunos textos incapaces de encajar en el espacio destinado a ellos, aunque a pesar de ello podría ser peor. Al menos el apartado de sonido cumple su cometido sin alardes. Eso sí, no salva una experiencia que se queda corta por todos lados y de la que, a pesar de su potencial, es difícil sacarle disfrute.

(Este análisis se ha realizado en la versión de Nintendo Switch)

CONCLUSIÓN

A pesar de su aparente potencial, la falta de mimo en todos sus aspectos, la tosquedad de los controles y menús, repetitividad... hacen de este título una experiencia de la que es difícil disfrutar.

LO MEJOR

  • El apartado sonoro es pasable.
  • Los distintos ecosistemas que nos encontramos tienen algo de variedad.

LO PEOR

  • Controles, menús... Son toscos y no se han optimizado nada para consola.
  • Gráficamente puede llegar a ser muy pobre, especialmente en modo portátil en Switch.
  • La aleatoriedad hace la experiencia frustrante y repetitiva.
  • La localización contiene texto en inglés en la versión española.
3

Malo

La idea era buena pero se ha llevado a cabo de forma desastrosa.