The Quiet Man
The Quiet Man
Carátula de The Quiet Man

The Quiet Man, análisis

Probamos uno de esos juegos que se anunció por sorpresa en el E3 y que su salida ha sido desastrosa, incluso tras un parche que intentaba mejorar varios de los problemas presentes.

Si bien los videojuegos son un medio joven, se las han arreglado en su corta trayectoria para convertir su lenguaje en uno rico, que mezclando mecánicas de juego con secuencias de vídeo, diálogos y el uso de la música nos ha dado hitos que por más años que pasen difícilmente van a ser olvidados. Secuencias como la de la ópera de Final Fantasy VI desafiaban los límites tecnológicos de la época para ahondar en la capacidad expresiva del medio y como este, podríamos encontrar muchos otros. Sin embargo, hay una tendencia en los últimos años que consiste en empoderar el sector al punto de que cualquier idea moderadamente arriesgada (que en muchos casos ni siquiera es así) tienda a buscar la dignificación del videojuego, a hacerlo pasar por "arte".

Las veces que más cerca se ha estado (véase Limbo, Journey, Braid, What Remains of Edith Finch, Inside, etc) ha sido porque había autores detrás con algo que decir. Y que sólo podían hacerse en este medio, porque sí, sus historias, presentaciones visuales darían para una película, un cómic o un film de animación. Pero donde residía su fuerza era en la interacción, en el conjunto: en ser un videojuego.

Sin embargo, ha habido muchos otros ejemplos de productos que ansían a toda costa ser considerados como algo que no son. Por muy bien que estuviera sobre el papel, Beyond Eyes fracasaba a la hora de representar mediante las herramientas del medio algo tan complejo como la ceguera. Abzû era precioso pero nada más, se quedaba ahí, a pesar de venir de Matt Nava y Austin Wintory, nombres clave del citado Journey. O Virginia, una suerte de película interactiva que tenía un montaje forzado y decidía contar su historia sin diálogos, una hora y media de tedio que no justificaba de ninguna forma su intento de ser una Twin Peaks para el público ensimismado con el 'arte' interactivo. Sin embargo, todos estos productos tenían valores. Méritos. Y hoy toca hablar de otro que busca lo mismo. Se llama The Quiet Man y definitivamente no es arte. Es muy malo.

Te conozco bacalao...

The Quiet Man se anunció por sorpresa durante el E3 2018. No se puede negar que su tráiler era contundente: filmado en imagen real, un hombre se adentraba en un callejón y se pegaba con unos cuantos pandilleros, pero previamente un giro de cámara había convertido al protagonista en un render tridimensional bastante competente. Fueron dos minutos escasos para una nueva licencia de la que no se supo más, literalmente, hasta que salió. Y no es para menos, porque hablamos probablemente de uno de los peores juegos de la generación. Quizá esto requiere un matiz, en un momento en el que llegan a plataformas como Steam más de 4.500 juegos al año y la mayoría son auténtica porquería. Pero The Quiet Man lo distribuye Square Enix y ha sido desarrollado por Human Head Studios, responsables del más que competente Prey de 2006. Viendo lo que han hecho aquí, se entiende que Bethesda les cancelase la secuela que tenían entre manos para dársela a Arkane Studios.

Así que sí, The Quiet Man es un juego lamentable, quizá el peor del año teniendo en cuenta que tiene cierto pedigrí. Podréis encontrar en Steam un montón de shooters clónicos con assets robados de la tienda de Unity, con bugs y un sinfín de problemas que impiden jugarlos durante más de dos minutos. Pero ninguno de ellos viene de una compañía llamada Square Enix. La misma que este año ha entregado Dragon Quest XI, Octopath Traveller, The World Ends With You o Shadow of Tomb Raider. Pensaréis que exageramos, que no puede ser tan malo. Os vamos a explicar a continuación, con pelos y señales, cuáles son los motivos. Estad atentos porque tiene incluso gracia.

...aunque vengas disfrazao

The Quiet Man cuenta la historia de Dane (James Hicks), un chico sordo que trabaja como sicario de un hombre de negocios llamado Taye (John Anthony Wylliams). A ambos les une un pasado traumático, son como hermanos, se cuidan el uno al otro, y por eso Taye le pide a Dane ayuda para encontrar a su chica, que aparentemente ha sido secuestrada. Esta mujer, Lana (Jessica Blackmore) es una pianista profesional y parece que guarda un vínculo emocional con Dane. Como telón de fondo, un policía investiga por su cuenta este secuestro y existe una enigmática figura de un hombre con una máscara de pájaro que aparece de la nada para crear el caos. ¿Verdad que suena interesante? Shu Hamada, director de las secuencias de imagen real (con los actores que hay entre paréntesis) seguro que también lo creía mientras filmaba, de forma convencional, lo que terminaría siendo este despropósito. Porque en aras de diferenciar a The Quiet Man de otros productos narrativos del sector, véase los clásicos juegos FMV (Night Trap, Dragon's Lair), las aventuras de Telltale o sus numerosos clones, aquí se apuesta por otra idea: como Dane -el protagonista- es sordo. ¿Qué tal eliminar toda la pista de audio para hacernos sentir como él?

No importa que los actores muevan la boca y no escuchemos nada, tampoco que los golpes sordos que damos a los enemigos sean profundamente anticlimáticos, ni el hecho de que sí que haya frases sueltas con doblaje y otras no. Lo que importa es que no funciona en absoluto, porque The Quiet Man tiene un problema gravísimo con su punto de vista e incluso en secuencias donde Dane no aparece, no hay absolutamente ningún atisbo de la pista de audio. Podéis pensar en el cine mudo: todo se cuenta con intertítulos, es un arte perfeccionado desde hace casi un siglo, pero lo que hacían allí era contar con actores expresivos, directores que trabajaban el plano y el encuadre para que la imagen tuviera un sentido. Nada de esto existe en The Quiet Man. Son tres horas de experiencia de juego en la que te limitas a alternar combates al estilo beat'em up (pero mal) con secuencias de vídeo donde la gente habla mucho y no se oye nada.

Sin embargo, aquí llega el giro definitivo: si terminabas The Quiet Man en el momento de su lanzamiento, aparecía una cuenta atrás para lo que que acabó siendo un parche gratuito. Una actualización llamada "Answered" que añadía sonido, diálogos y subtítulos a absolutamente todo el juego .De repente, lo que hacía distintivo a The Quiet Man, aunque no fuera para bien, se confirmó como una pobre y triste maniobra de marketing. El 'arte' digno del episodio de Los Simpson en el que Homer llenaba una carretilla con cosas al azar y cemento mientras la gente comentaba lo vanguardista y rompedor del suceso. El 'arte' de poner una pantalla en negro durante más de una hora y cuarto, como hizo el director portugués João César Monteiro con Branca de Neve (2000). 'Arte'.

Una cosa es cierta: The Quiet Man mejora con diálogos, principalmente porque se hace menos tedioso golpear a los enemigos clónicos que aparecen cada pocos minutos al tener un feedback sonoro, y la historia es un cliché con patas pero no es mucho peor que las que se pueden encontrar una tarde de domingo en esos telefilms alemanes que se cuelan por televisión. Es más pretenciosa y eso no ayuda, porque tiene una calidad irrisoria, pero es lo único que hace que el juego pase de ser un absoluto despropósito a una simple y llana mediocridad consentida e imposible de recomendar ni siquiera por la curiosidad. Ah, por cierto: que para activar la pista de audio tenéis primero que pasaros el juego en silencio y luego rejugarlo de nuevo. Ánimo.

CONCLUSIÓN

El análisis ha sido suficientemente claro y no parece necesario añadir nada más para advertiros de que podéis invertir los quince euros que cuesta en causas mucho más interesantes, como quemarlos para recibir un poco de calor ahora que llega el invierno. Pero podría haber hablado de cómo sus combates son simples a rabiar, de su variedad de enemigos entendida como que pegas a grupos de latinos o grupos de afroamericanos, con diferencias tan tangibles como texturas de otro color. De sus glitches o bugs, que atrapan a los enemigos en paredes. Y tantas otras cosas que son en verdad irrelevantes cuando el juego ni siquiera es fiel a sí mismo en sus principios y todo lo que ofrece es de una calidad tan irrisoria que no merece la pena ni escribir una sola palabra más sobre él. De hecho, el propio juego se resume a sí mismo a los pocos minutos de empezar, con graffiti en el que se puede leer en perfecto castellano "Me da grima". Ahí sí, acertaron.

LO MEJOR

  • No ha salido en formato físico, así que el plástico de su caja no va a perjudicar al medio ambiente.
  • Jugarlo en compañía puede tener un pase para aligerar el sufrimiento de padecerlo..

LO PEOR

  • El intento de hacer un juego rompedor, original, y fracasar vilmente tanto en la primera vuelta como en la segunda, cuando tratas de hacer que alguien se interese por rejugarlo.
  • El combate es soso, torpe y arcaico.
  • Dura unas tres horas... Y son demasiadas
2

Muy malo

No tenemos paciencia ni para seguir mirando el resto de opciones para no salir más defraudados.

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