Rigid Force Alpha
Rigid Force Alpha
Carátula de Rigid Force Alpha

Rigid Force Alpha: el Shoot'em Up es eterno

La escena independiente sigue dando alegrías a los aficionados del género con propuestas interesantes (aunque sometidas a demasiados vaivenes en lanzamiento)

31 años han pasado ya del primer R-Type, que se dice pronto. También hace más bien demasiado de la última entrega grande de la saga, un título para la vieja Playstation 2. No es ésta una referencia gratuita para empezar un análisis de otro shoot em up indie, porque aquel R-Type Final, tan sensacional como extraño visualmente para su época, es uno de los ejemplos más brillantes de uno de esos momentos en los que, por un motivo u otro, ciertos títulos dan un enorme empujón hacia delante, casi definitivo en este caso, a los shoot em up horizontales. Y viene bien recordarlo precisamente porque estamos atravesando este año una de estas edades de diversión sorprendente dentro del género de las navecitas. Y lo más grande es que no se trata esta vez de herederos oficiales de sagas lustrosas como R-Type, sino de obras independientes que se inspiran sin disimulo alguno en sus propuestas. De hecho, este Rigid Force Alpha nos viene a contar una historia parecida a la de Pawarumi, otro shoot em up independiente que hemos recibido hace bien poco: el problema es que a este Rigid Force Alpha la tradición termina pesando más que en aquél, un juego con el que, a pesar de los pesares, comparte éxitos y posibilidades de mejora.

Pura tradición horizontal.

Rigid Force Alpha lleva mucho tiempo de desarrollo detrás, y se nota. Lo que en este juego es bueno, dentro de lo que esperamos en un shoot em up, es sin duda muy bueno. En su núcleo laten las características que todos recordamos de R-Type: la memorización de niveles como requisito indispensable, las pantallas en las que suceden muchas cosas aparte de la aparición de oleadas enemigas, los bosses finales que parecen imposibles pero no lo son tanto… no hay intención alguna de disimular que a Marcel Rebenstorf, la gran mente tras este título, jugaba mucho con recreativas de Irem en 1987. Pero no son las únicas influencias, ni están escondidas para quienes siguen este género que jamás desaparecerá. Otros ecos son los de Blazing Star por el sentido del espectáculo, Gradius V por el estilo gráfico y, sobre todo, Thunder Force VI, Pro Gear No Arashi y todo juego en el que podamos absorber energía de lo que va explotando en la en pantalla, o ralentizar la nave para no pegárnosla contra los disparos enemigos.

Hay algo a nivel de control que sobresale entre lo que hay de bueno en Rigid Force Alpha. El control sobre las armas de la nave tiene el equilibrio exacto entre profundidad y accesibilidad para no dejar a ningún jugador fuera de la diversión, aunque no sea un experto. Ya sabemos que los juegos de R-Type propusieron desde siempre unas mecánicas en las que conocido dispositivo force era crucial a la hora de potenciar nuestra potencia de fuego, pero también en cuanto a la protección que nos brindaba contra los peligros de cada nivel. Rigid Force Alpha ha trabajado muy bien sobre esta característica, y el resultado se siente como una especie de síntesis de los diferentes episodios de la saga. Lo que antes era una bola de energía delante de la nave se compone ahora de cuatro fragmentos que podemos colocar a nuestro antojo en torno a la misma, con diferentes variaciones según el tipo de disparo para resguardarnos más o menos del peligro. Entre esto y lo impresionantemente bien que funcionan los cambios de posición de esos cuatro fragmentos, nos encontramos con una jugabilidad que, sintiéndose heredera directa de juegos como R-Type Delta o Final, tiene una profundidad suficiente como para divertir a todo buen aficionado a los marcianitos.

Junto con esta precisión pasmosa del control y sus posibilidades, hay que hablar de muchas otras vertientes en las que el juego es realmente sorprendente para un estudio tan pequeño. Los escenarios llegan a tener niveles muy altos de detalle, y algunos de ellos exhiben una calidad visual realmente elevada. Las voces en japonés, impagables, y el diseño de las seis fases, a cual mejor, están en la categoría más alta del género. El espectáculo de los viejos Pulstar y Blazing Star de Neo-Geo, juegos muy cortos y difíciles pero de los que era muy difícil separarse pese a su escasez de novedades importantes, está de vuelta en Rigid Force Alpha.

Una vuelta de tuerca a R-Type 2

Con todo lo bueno que hace, a Rigid Force Alpha le faltan un par de hervores para terminar de confirmar lo mucho que promete. El poderoso apartado audiovisual pronto empieza a enseñar alguna imperfección que otra en forma de algún modelo menos inspirado, pero mucho más grave es el stuttering que nos encontraremos incluso en sistemas con gráficas potentes, o ciertos detalles incomprensibles como esos menús de opciones que se controlan con un puntero de ratón, que no pegan para nada en un juego como este. Tengamos claro que son defectos perdonables para un juego independiente de este tamaño, pero Rigid Force Alpha está tan pulido en otras parcelas que llaman demasiado la atención

Y es que lo que de verdad aleja a Rigid Force Alpha de encaramarse a la historia más brillante del género no son unos cuantos tirones puntuales: tiene más que ver, como es lógico, con su jugabilidad. Aunque pensamos que se ha gestionado bien la dificultad, con un modo fácil que cualquier aficionado medianamente conocedor del género podrá superar y un modo normal que bien podríamos considerar el verdadero juego, Rigid Force Alpha no llega a golpear tan fuerte como lo consiguen títulos como Pawarumi o Sine Mora a nivel jugable. Todo está muy pulido y atrapa sin remedio a quien busque otra máquina recreativa actualizada a la que jugar una partida al día hasta completar el juego en su modo de dificultad normal, y quien quiera un juego así hará bien en darle una oportunidad de inmediato. También quien quiera intentar el modo difícil. La lástima es que los dos títulos que acabamos de mencionar levantaban al personal del asiento con sus novedades, que se convertían en plato fuerte, y en Rigid Force Alpha tal cosa no llega a suceder. No hay aquí nada tan rompedor como el juego con el tiempo (Sine Mora) o la profundización a lo bestia en las mecánicas de Ikaruga (Pawarumi), sino más bien una puesta a al día de retales de aquí y allá que no termina de dejarnos perplejos como consiguen otros shoot em up actuales, por muy bien seleccionados que puedan estar estos recortes (que lo están).

Rigid Force Alpha es, con todo, un juego que disfrutarán los incondicionales de los shoot em up más clásicos que se pregunten por la ausencia de una nueva entrega de R-Type. Cumple ese papel de sobra, pero los veteranos no podemos dejar de recordar que, sin ir más lejos, tanto R-Type Delta como aquel R-Type Final conseguían variar su jugabilidad hasta niveles demenciales gracias a las diferentes naves, que transformaban cada elección en un videojuego diferente. Nada de esto pasa aquí y, lamentablemente, se nota.

CONCLUSIÓN

Rigid Force Alpha es un espectáculo visual de primer nivel para el género de los shoot em up, que no deja atrás a ningún aficionado por su dificultad. Su jugabilidad está medida al milímetro y sus niveles, en los que pasa de todo, no dejan resquicios. Solamente su excesivo apego a la fórmula (ya añeja) de Irem y algo de stuttering, que no debería estar presente en un juego tan notable a nivel visual, le impiden asaltar las categorías históricas de los videojuegos horizontales de navecitas. Con todo, es especialmente recomendable para los fanáticos del género, que lo exprimirán a fondo.

LO MEJOR

  • Visualmente es un espectáculo
  • Mecánicas muy sólidas a nivel jugable
  • Una máquina recreativa actual

LO PEOR

  • Algunos tirones que no deberían estar ahí para lo bien que luce todo
  • Se adhiere en exceso a las mecánicas de los primeros R-Type
  • Le habrían sentado muy bien más naves y modos de juego a elegir
7.5

Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas.