Die for Valhalla!
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Carátula de Die for Valhalla!

Die for Valhalla!, análisis

Analizamos Die for Valhalla! Este indie combina el beat 'em up clásico con elementos de los RPG y el roguelite. Además, está basado en la mitología nórdica.

Por: Israel Mallén

Encarnar a un dios. No hay fantasía de poder más anhelada y vigorizante que la de interpretar a un ser divino. Asumir como propias su fuerza, su inteligencia y su inmortalidad. El videojuego siempre ha destacado, precisamente, por su capacidad para crear diégesis en las que el usuario pueda ejercer como deidad y gozar de una interacción sin barreras. Lo ha hecho de muy diversas formas y perspectivas; desde dotar al avatar de una fuerza inconmensurable como en God of War hasta convertir al usuario en un ente omnisciente que dictamina el sino del resto de NPC como en Los Sims. Empero, ambos casos retratan a los dioses de una forma plana, sin apenas variaciones más allá de su personalidad. El estudio indie Monster Couch quiere, aunando beat ‘em up con elementos de RPG, cambiar esa tendencia con Die for Valhalla!

En la obra del estudio polaco, encarnamos a una valquiria, mito nórdico representado por una mujer al servicio de Odín. Su nombre es una traducción muy directa de valkyrja en nórdico antiguo y significa literalmente “selectora de caídos en combate”, su papel en los relatos vikingos. Su propósito era escoger a los más bravos héroes caídos en combate y llevarlos al Valhalla para luchar junto a Odín en el Ragnarök, la batalla del fin del mundo. Monster Couch ha estudiado el papel de las valquirias en la fantasía nórdica y se nota, pues justo esa es la función que desempeñan en su juego. Con algún matiz, eso sí.

Las valquirias de Die for Valhalla! son capaces de poseer a los guerreros caídos para valerse de su destreza en batalla. Hay alguna sorpresa más, ya que pueden dar vida a objetos inertes tan variopintos como barriles y arbustos. Incluso, mejorando las habilidades de las valquirias de forma correcta, poseer a algunos enemigos. Esta es la mecánica principal de un beat ‘em up en el que los mapas se generan procedimentalmente y cuyos guerreros evolucionan valiéndose de las lógicas de los roguelites y los RPG.

El papel de las valquirias jamás fue combatir, como tampoco lo es aquí. Lo óptimo y casi obligatorio es recurrir a la fuerza de los héroes destinados a servir a Odín en el Valhalla, cada uno con sus habilidades especiales y combos posibles. Quien disfrute de contar con esa diversidad de movimientos encontrará un juego sorprendentemente profundo, que piensa en los jugadores avezados. Estos últimos disfrutarán de un desafío en constante in crescendo, puesto que el poder y la velocidad de los enemigos aumenta progresivamente. Abraza lo hardcore como muchos otros beat ‘em up neorretro con voluntad de revivir los tiempos de las recreativas, pero también posibilita jugar una partida más suave y centrada en la aventura.

Los comandos serán, eso sí, los mismos. Un ataque estándar y uno especial y único de cada personaje como opciones ofensivas. El botón de salto, en la piel de las valquirias, es el comando con el que poseen a objetos, héroes y rivales.Según lo que dé de sí la barra de resistencia, los personajes pueden ejecutar un dash bastante útil con el que avanzar más rápido. L1 y R1 (en el Dualshock de PS4) sirven para defenderse y liberar un ataque especial con el que valerse de la ayuda de Odín. Por último, pulsar el stick derecho sirve para exorcizar el cuerpo en cuestión y volver a la vulnerable forma de valquiria -morir entonces es un final de partida instantáneo-.

Pese a que el esquema de control básico es común a todos los personajes, hay elementos diferenciales. Los cazadores, por ejemplo, confían en su virtuosismo con el arco y las flechas para atacar a larga distancia, mientras que los guerreros se baten en duelo con su escudo y su espada. Así hasta once clanes, cada uno con su propio ataque especial, que se van desbloqueando a lo largo de la aventura. Con tal fin, es necesario recolectar los martillos de Thor que dejan caer los enemigos más poderosos. Una veintena de dichas mazas permite usar a los guerreros de un nuevo clan, con virtudes y defectos exclusivos. La estrategia de Monster Couch es evidente: premiar el progreso ampliando el plantel de personajes disponibles y, al mismo tiempo, aumentar la complejidad de los combates.

Por la gloria. Esa breve frase sintetiza a la perfección aquello por lo que luchan los héroes, valientes einherjer -así se les conoce en la mitología nórdica- que pugnan por el honor de Odín. Eso sí, hay otra acepción del término, una confeccionada exclusivamente para Die for Valhalla!, que también es clave en el título. Derrotar a las hordas de rivales proporciona orbes de gloria, los puntos de experiencia del juego con los que puede mejorarse a los guerreros. Hay optimizaciones básicas, como incrementar la salud y la resistencia, y otras más elaboradas, como la posibilidad de cargar los ataques simples. Por su parte, las valquirias también pueden mejorar sus dones, aunque en menor medida que los combatientes. En el caso de los jefes finales, gigantes abominaciones que colman la pantalla, estos vomitan toneladas de orbes de gloria.

Die for Valhalla! brinda la opción de ser avaro y concentrar todos los puntos de experiencia en un solo vikingo. No lo consideramos la jugada más inteligente, ya que si el guerrero fallece no habrá opción de redistribuir esos orbes y fortalecer a otro luchador. Con este aderezo propio del roguelite, el estudio polaco equilibra el juego y obliga a que el jugador sea prudente y que confeccione un equipo competente de soldados. Nada impide intentarlo y no es imposible, pero si harto complicado en tanto que el número de corazones para restaurar la salud de los héroes desciende enormemente conforme avanza el periplo.

Funciona de forma similar a una de las características emblemáticas de los retos nuzlocke en Pokémon o, en su versión española, Temtem. Estos desafíos autoimpuestos demandan que el jugador se deshaga sus monstruos de bolsillo si perecen en combate. Potencian, de este modo, que el entrenador de turno no deposite toda su confianza en una única criatura, medite bien sus acciones y diseñe un equipo competente. Justo lo que hace Monster Couch con su obra, aunque imponiendo dicha regla sin condición alguna. Y funciona tremendamente bien, pintando una capa de estrategia sobre el lienzo de acción que es el juego.

El principal atractivo jugable de Die for Valhalla! es su propuesta cooperativa. En una apuesta firme por el multijugador local, Monster Couch permite que otros jugadores se unan instantáneamente a la acción con tan solo conectar otro mando. Este indie no necesita de un modo especialmente dedicado al juego cooperativo, por lo que las partidas en marcha no se interrumpen. Asimismo, apela a una idea del multijugador local muy pura, en la que nuestros amigos nos prestan su habilidad a los mandos para ayudarnos a progresar en la historia. Algo, por cierto, excepcionalmente útil en el modo difícil. Por añadidura, el título cuenta con un modo deathmatch concebido totalmente para el juego en compañía.

Die For Valhalla! es reminiscente de los “todos contra el barrio” clásicos y su forma de entender las partidas en plural. La versión de Switch cuenta con un atractivo especial en ese sentido, ya que lo inmediato del cooperativo de Die For Valhalla! se hiperboliza con lo sencillo que es separar los Joy-Con de la consola y ponerse a repartir coscorrones. No es casualidad que el estudio se denomine Monster Couch; su apuesta por las partidas compartiendo sofá es firme. “El multijugador local no está muerto”, reivindican los creadores polacos en su página web.

Este indie no se toma en serio. No es un reproche, ni mucho menos, sino una descripción bastante aséptica y precisa del enfoque que emplean sus creadores. Posee cierta vocación de divulgar la cultura vikinga, algo que comparte con obras similares como Jotun, pero de forma mucho más desenfadada. Una decisión, para nosotros, óptima. El título tiende a la repetición, óbice común a la mayoría de beat ‘em up y que ni siquiera la diversidad de guerreros consigue solventar del todo. Por eso, salpimentar las escenas entre combates con un punto de humor es una elección a agradecer.

En términos audiovisuales, Die for Valhalla! es sencillamente correcto, con unos fondos atractivos, pero que se reutilizan demasiado. Además, su simpático diseño de personajes peca a veces de ser excesivamente ramplón. Con tantos clanes disponibles, no estaría de más que los héroes se diferenciaran mejor entre sí, ya que la mayoría comparte rostro con los de su clase. La música, por último, otorga cierta epicidad adicional a las batallas.

CONCLUSIÓN

Die for Valhalla! puede interpretarse de muchas formas. Obviamente, como un beat ‘em up con elementos propios del RPG que puede ser muy desafiante en su dificultad más elevada. Pero también como un juego de acción mucho más casual, idóneo para el cooperativo, que reclama la atención de un catálogo que ya no atiende al multijugador local con el mimo de antaño. En cualquier caso, es una propuesta lo suficientemente interesante como para ser poco punitivos con sus modestos valores de producción. Al menos, corrige con moderado éxito -aunque no siempre- y una veintena de clanes distintos el gran problema de su género: la repetitividad. Si buscas revivir aquellas tardes de sofá machacando mamarrachos en algún suburbio videolúdico, pero con una lograda ambientación vikinga, Die for Valhalla! es más que satisfactorio.

LO MEJOR

  • Combina beat 'em up, RPG y roguelite con acierto
  • Genial apuesta por el multijugador local
  • Original mecánica de posesión

LO PEOR

  • Ni siquiera el amplio plantel evita que pueda ser repetitivo
  • Algo plano en lo audiovisual
6.5

Correcto

No es lo último ni lo más original, tampoco cuenta con la mejor ejecución, pero puede divertir si te gusta el género. Bien, pero mejorable.