Wreckfest
Wreckfest
Carátula de Wreckfest

Wreckfest, análisis

Javi Oria

La destrucción más salvaje llega a nuestros ordenadores tras más de cuatro años en versión early access. THQ Nordic es la encargada de publicar este juego de carreras y combates sobre ruedas que mantiene intacto el espíritu de lo que debe ser un espectáculo Demolition Derby.

Jugar a destruir no debería pasar de moda, y Bugbear mantiene viva esa tradición desde que tomó el testigo de los clásicos Destruction Derby con su fantástica saga FlatOut, dos nombres que bien se han ganado un puesto en el olimpo de la conducción arcade. Y es que todo juego necesita normas para tener algún sentido, pero si reducimos las reglas al mínimo y damos total libertad de acción para alcanzar los objetivos, el resultado puede ser extremadamente divertido, sobre todo si la ejecución técnica ofrece un resultado tan satisfactorio.

Wreckfest se dio a conocer en 2013 bajo el nombre Next Car Game, una campaña kickstarter que fracasó estrepitosamente y tuvo que dar el salto al modelo early access de Steam, donde cobró forma y fue encandilando a numerosos jugadores que prestaron su apoyo al proyecto. Destrucción con unas físicas de última generación era la atracción principal, una promesa cumplida y llevada a muy buen puerto por el experimentado estudio finlandés.

Propuesta clásica, nuevas sensaciones

Tardamos muy poco en explicar de qué va Wreckfest porque es algo que ya hemos visto antes: competiciones de coches alocadas que pueden consistir en carreras por la primera plaza o batallas a muerte en las que intentar ser el último en pie. Estos objetivos quedan aderezados por el ritmo frenético, los choques brutales y los desafíos secundarios que mezclan ambas cosas (consistentes en pruebas como destrozar un número determinado de rivales, marcar vuelta rápida, sacar cierta distancia al segundo, etc.). Sin embargo, tanto el apartado técnico y visual como las sensaciones al volante ofrecen experiencias renovadas en el subgénero.

En el primer aspecto destaca un acabado visual muy bueno, con efectos realmente sorprendentes y una recreación de daños totalmente brutal. Nuestros coches no durarán enteros más de unos segundos en la mayoría de ocasiones, pero lo verdaderamente importante es que llegaremos a recrearnos en sus impactantes destrozos. Como ya hemos dicho, el plato fuerte en el apartado técnico son las físicas, ofreciendo bastante realismo en muchas ocasiones y siendo espectaculares prácticamente siempre. El modo de volar, girar, rodar, embestir, salir despedido, volcar… todo es de una contundencia tal que emociona al verlo. A todo lo anterior debemos añadir escenarios bien detallados y un montón de elementos destruibles y desplazables, todo ello con un rendimiento bastante cuidado. Los puntos más flojos a este respecto son las personas en general, desde los pilotos (totalmente petrificados, ni siquiera mueven los brazos cuando vemos girar el volante) al público, lo menos detallado.

En lo referente al control, el estilo arcade que todos esperamos se ve complementado con opciones de conducción muy presentes en la mayoría de juegos actuales, pudiendo activar y desactivar ayudas que pondrán aún más a prueba nuestra habilidad y permitiéndonos ajustar parámetros técnicos del coche para dejarlo totalmente a nuestro gusto. No es una personalización exhaustiva, no es un simulador con semejantes pretensiones, pero las diferencias entre unas configuraciones y otras son verdaderamente notorias y, aun siendo un juego muy macarra, puede llegar a ofrecer una conducción más dura de lo habitual si nos atrevemos con ello. Y si queremos ampliar la emoción un poquito más, podemos seleccionar el sistema de daños realista, que hará que nuestro coche quede inservible con una rapidez y facilidad pasmosa, haciendo que cada fallo pueda costarnos la carrera de forma irremediable.

Sistema y modos de juego

Aunque Wreckfest nos permite dar rienda suelta a nuestra mala leche, los modos de juego no siempre invitan a la acción descerebrada. En las carreras, por mucho que se nos dé experiencia extra al golpear a los rivales, el verdadero objetivo sigue siendo quedar primero, y para ello es mejor alejarse de los accidentes multitudinarios y aprovecharse de pequeñas tretas como cerrar el paso contra las paredes o apoyarse en otros coches al tomar las curvas, en lugar de embestir como un animal a todo lo que se mueve buscando crear el caos. Esto resta sentido a muchos de los objetivos secundarios que se nos proponen, pues el beneficio es insignificante al lado del tiempo perdido y el riesgo de romper el coche. Se echa en falta un tipo de carrera por puntos en el que los accidentes y la conducción temeraria se vean recompensados debidamente. Los escenarios de destrucción, por otra parte, tienen dos modalidades: último superviviente y combate a puntos. En el primero hay que tener mucho cuidado con lo que hacemos, por lo que tampoco podremos dar rienda suelta a nuestras ansias asesinas. Al igual que ocurriera en los clásicos Destruction Derby, es tan importante que los demás mueran como no morir uno mismo, así que mejor estar a salvo en la medida de lo posible (no chocar a nadie durante un tiempo prolongado significará descalificación). En la modalidad por puntos reapareceremos siempre que nos destrocen, por lo que aquí sí podemos centrarnos en aplastar todo lo que se ponga por delante y verlo convertido en puntos a nuestro favor.

Dentro de la información útil del hud, llama la atención el nostálgico esquema de las partes del coche que nos indica el estado de la carrocería. Sin embargo, en este caso le acompaña una barra con el porcentaje de salud global, que cobra todo el protagonismo por ser lo que realmente marcará que podamos seguir sobre la pista o no. Hemos de prestar atención a ambos elementos, ya que el maltrato de las partes externas dejará al descubierto el corazón de nuestro vehículo, haciéndolo mucho más vulnerable.

El modo principal de juego guarda grandes similitudes con otros títulos actuales de conducción, siendo una campaña con diferentes niveles (cinco en este caso), dentro de los cuales hay una serie de entradas con un número de eventos determinado cada una. Nuestros resultados nos permitirán ir acumulando puntos para desbloquear los sucesivos niveles, que también nos exigirán diferentes vehículos que iremos adquiriendo sobre la marcha, ya que las entradas imponen sus propios requisitos de clase, tipo y origen de los coches. Encontraremos, además, eventos especiales en los que podremos ganar vehículos singulares como autobuses, cosechadoras o cortacésped. Las inusuales situaciones en las que este tipo de competiciones nos colocarán nos brindarán algunas de las mejores y más divertidas experiencias del juego. El número de eventos es suficiente para acercarnos a las 20 horas si queremos completarlo, más si nos empeñamos en sacar todos los puntos, estrellas de desafío y nos empeñamos en hacerlo en un nivel de dificultad elevado. Sus 22 localizaciones con diversas disposiciones completan unos números bastante generosos.

LO MEJOR

  • Frenético y muy divertido, el ritmo de las carreras es bestial.
  • Acabado audiovisual muy sólido.
  • El motor de físicas es brutal.
  • La inteligencia artificial es muy convincente.

LO PEOR

  • Se echa en falta un modo de carrera que premie realmente la destrucción.
  • Fruto de lo anterior, los objetivos secundarios muchas veces se antojan incoherentes.

CONCLUSIÓN

Wreckfest es lo que cualquier fan de Destruction Derby podría haber deseado. Ofrece diversión a raudales, la destrucción mejor recreada jamás en un juego de este tipo y una jugabilidad exquisita por su control y motor de físicas. Esta propuesta macarra trae de la mano un acabado audiovisual muy bueno y situaciones extremadamente divertidas y alocadas, con una inteligencia artificial muy trabajada que tiene la virtuosa capacidad de sorprendernos en sucesivas ocasiones. Tan solo podemos echar de menos un modo de juego en el que la destrucción durante una carrera se vea recompensada directamente, lo que daría, además, mayor coherencia a los objetivos secundarios que en ocasiones se nos piden.

8.5

Muy bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.