La naturaleza del videojuego indie

El auge de los videojuegos independientes, tanto en popularidad como en número y diversidad de propuestas. Cada uno cuenta con un presupuesto y equipo distintos, así como con acuerdos con distribuidoras. Por ello, cada vez es más difícil dar una definición concreta de este tipo de títulos y surge una gran pregunta: ¿qué es un videojuego indie?

¿Qué es ser indie?

Vivimos en un tiempo curioso, uno en el que todo es indie. El auge de creadores alternativos como Jonathan Blow o Edmund McMillen impulsó a muchos periodistas a intentar concretar qué abarca el término indie en lo que a videojuegos respecta. Tiende a asociarse el desarrollo independiente con aquellas obras normalmente digitales, baratas y con unos gráficos cercanos a lo retro. Pero eso no son más que etiquetas. Incluso Kojima, pese a gozar de presupuestos millonarios, considera a Death Stranding como un ejemplo de indie development. Quizá esa sea la prueba que mejor refleja lo difuso del desarrollo alternativo. Es un concepto multidimensional, cuya comprensión requiere de una perspectiva holística.

El contenido de los títulos merece atención en este análisis. Pese a los intentos continuados de las tiendas virtuales, lo indie no es un género. Entre las obras independientes hay plataformas, shooters, deportivos, RPG, etc. No existe una serie de temas o características jugables estrictamente relacionados con los indies. De este modo, tampoco es recomendable tildarlos de “alternativos” en relación a su contenido. Según la RAE, este término denomina a aquello “que difiere de los modelos oficiales comúnmente aceptados”. Suele usarse para hablar de que un videojuego experimental, que rompe con los esquemas de su género o de la propia industria, una concepción más cercana al vanguardismo. Toni Domínguez, creador de About Elise, defiende que es un error confundir el carácter innovador o divergente de una propuesta con su naturaleza indie. “Platinum Games encaja con la definición de alternativo y dudo que una entidad encargada de juegos como NieR: Automata pueda considerarse independiente porque ahí responde en todo ante Square Enix”, evalúa el desarrollador barcelonés. En resumen, ni el contenido ni el aspecto gráfico determinan que un juego sea indie.

Otros detalles, como el número de componentes de un estudio, también generan debate. “Suele relacionarse el concepto de indie con la idea de un estudio pequeño en cuanto a plantilla y recursos”, explica Raúl García, uno de los fundadores de Talking About Media. El problema, en su opinión, es confundir un videojuego independiente con uno amateur. “Un indie dev es un profesional que intenta mantener su empresa, mientras que un desarrollador amateur no tiene la presión de sostener un negocio”, expone el también docente universitario. En base a ese argumento, la condición de indie no está conectada al número de integrantes del equipo de desarrollo. Más allá de la cantidad de efectivos, Horacio Maseda, director de Start, considera importante la dimensión de la compañía. “Acoto la definición a los estudios pequeños por una finalidad práctica: pueden existir grandes empresas que creen videojuegos indies, pero no es lo habitual, ni define el fenómeno que abordamos”, concreta el periodista.

El ejemplo perfecto de la profesionalización de los indies y de que disponer de abundantes recursos económicos y de personal no delimita esta categoría es Hellblade: Senua’s Sacrifice. Ninja Theory cuenta con una veintena de trabajadores, cifra poco habitual en el desarrollo independiente, pero eso no impide que se le considere indie. Para Rami Ismail, uno de los autores de Nuclear Throne, “no es tanto la cantidad de gente como el tipo de gente”. La historia de Senua es la prueba idónea para mostrar que hace ya tiempo que los indies son algo más que garage games

Llegados a este punto, corresponde una aproximación etimológica. En latín, "independiente" surge de la suma del prefijo de negación “in-”, el de dirección “de-” (de arriba a abajo), el verbo pendere (colgar), y el sufijo “-nte”, (indica agencia, que hace la acción). En su conjunto, el origen latino de "independiente" hace referencia a aquel que no está bajo la voluntad de otro. La RAE define “independiente” como aquel “que no depende de otro” y “que sostiene sus derechos sin admitir intervención ajena”. Es decir, una persona u organización independientes no están sometidas a más voluntad que la propia. Por lo tanto, serán independientes aquellos estudios que solo dependen de sí mismos en el proceso creativo. Ya sean pequeñas o grandes firmas, la esencia de lo indie, tanto en la música como en el cine o la literatura, pasa por una creación que no responda a fuerzas externas.

La libertad de ser independiente

Pero es difícil desvincular la libertad creativa de la económica, por lo que conviene reflexionar sobre cómo afecta el dinero en la concepción de un videojuego indie. Uno de los significados asociados a la palabra que nos atañe hacía referencia a los títulos desarrollados sin más financiación que la propia o mediante crowdfunding. Los indies suelen contar con un presupuesto mucho más modesto que el de un triple A y una de las vías de recaudación más populares es la que recurre al micromecenazgo de los usuarios. Así, el ideal de indie desde la óptica económica describe a aquel estudio o videojuego que no depende económicamente de ninguna compañía o multinacional. Eso influye en el resultado artístico en tanto que no hay censura ni condicionantes externos como adaptarse al mercado o no tratar ciertos temas por miedo a perder beneficios.

Horacio Maseda considera que la autosuficiencia del estudio es el elemento central de la definición que estas líneas tratan de abordar. “No solo importa la libertad económica, sino también la artística. Para ser indie es importante que la capacidad de creación de los autores no esté coartada”, defiende el periodista. Raúl García coincide con la opinión de Maseda en tanto que, para él, la independencia en el desarrollo de videojuegos pasa por no depender de terceros en nada. Por lo tanto, y en función de los argumentos ofrecidos, la concepción ideal de indie consiste en la libertad absoluta y sin matices. Pero la realidad empresarial es distinta y obliga a matizar el término.

Es cada vez más inusual ser totalmente independiente y sobrevivir sin ningún tipo de financiación privada o ayuda en la distribución. Algo tan habitual como contar con una editora que publique el juego ya genera dependencias susceptibles de influir en el producto final, como lamenta David Rodríguez. “Es complicado determinar el grado de libertad artística de un equipo porque a veces hay inversores o publishers que influyen en la parte creativa”, reflexiona el miembro de Catness Games. Desde el estudio castellonense afirman que por eso mismo suele asociarse la idea de videojuego indie a aquel que no cuenta con un editor o una gran inversión detrás.

El límite de lo indie

A pesar de esta concepción generalizada, el estreno de obras como Fe o A Way Out bajo el sello de EA no impidió que el grueso de las críticas en medios especializados los valorara como indies. Los costes de producción de un videojuego son, incluso en los casos más humildes, difíciles de afrontar sin colaboración. Y por eso, para Estudio Ábrego, la aportación económica externa no anula necesariamente el carácter indie de un título. “Nosotros somos un ejemplo de búsqueda de financiación privada y no por ello nos consideramos menos independientes que el resto. La libertad creativa nunca ha sido coartada”, nos afirman los responsables de Noahmund. El debate está, por ende, en hasta qué punto influyen esas dependencias, que se antojan esenciales para el lanzamiento de tantas obras, en el juego que llega a los usuarios.

Quizá sea tan retante establecer qué es indie con exactitud porque, simplemente, sea una forma de entender la creación de videojuegos, como manifiesta Daniel Pellicer, componente de Mad Gear Games. Sin embargo, para cumplir con el propósito de este reportaje, es necesario concretar la naturaleza de lo indie. O, como mínimo, que sirva como humilde descripción en base a lo argumentado por los expertos citados. 

Así, la definición más certera de videojuego indie surge de la hibridación entre la perspectiva etimológica y la económica. Una obra independiente será aquella que no responda ante terceros en las fases de creación y para la que el único condicionante sea la propia voluntad del autor. Por supuesto, esto será mucho más fácil de aplicar en tanto que haya recursos suficientes, siempre que los mismos no procedan de donaciones de grandes empresas, pues ello es susceptible de devenir en una injerencia más o menos directa en el resultado final. Lo complejo, lo que dificulta tanto abordar con exactitud la naturaleza de lo indie, es determinar cuánto apoyo es necesario para que un proyecto sobreviva y de cómo este puede repercutir en el producto que consumen los jugadores. Asumiendo que establecer relaciones con otros actores es fundamental para el estreno de la mayoría de proyectos, la clave es salvaguardar la independencia artística. Lo que sí es evidente es que lo indie no consiste en mecánicas subversivas, tampoco los apartados artísticos reminiscentes de épocas añejas. Lo indie es la libertad.