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Empezar a jugar a videojuegos con nuestros hijos

Xose Llosa

El papel socializante

La afición a videojuegos entre madres y padres

Siempre se dice que la media de edad de los jugadores está por encima de los 30 años. Por eso, muchas y muchos de los que jugáis y de los que nos leéis posiblemente tengáis hijos. Cuando se es fan de los videojuegos y se tienen niños, quizá se reflexione sobre la relación entre los niños y los videojuegos de una manera más profunda a la que lo hacen padres y madres que no tiene interés alguno en el medio. En este sentido, partimos de una posición claramente ventajosa, ya que la mera reflexión en la relación de videojuegos y niños parece un buen camino para encauzar una socialización adecuada.

Ahora mismo el debate sobre los videojuegos y la violencia vuelve a estar sobre la mesa. Los de un lado esgrimiendo que los videojuegos te permiten una aproximación a la violencia activa, los del otro lado con la necesidad de rebajar el discurso para explicar lo que es mero simbolismo. Lo cierto es que la relación entre violencia y videojuegos, entre violencia y cómics, violencia y televisión, violencia y cine… es tan recurrente como pobre en su formulación. Un debate que se repite una y otra vez, en el que los argumentos que tratan de hilar la violencia y los videojuegos carecen habitualmente de fundamento alguno.

¿A qué jugamos con nuestros hijos?

Si pensamos en riesgos que los videojuegos tienen para los niños, sin duda hay elementos más importante de los que preocuparse que de la violencia: las cajas de loot y los micropagos parecen algo que precisa más atención. En el reportaje que dedicamos al riesgo que las cajas botín imponen para los niños recogimos testimonio de diferentes profesionales del campo de la psicología y la educación, que sí presentaban argumentos basados en la evidencia para intervenir sobre estos sistemas de consumo. Organismos de clasificación de edad en videojuegos, como ESRB, ya han movido ficha a este respecto, con la decisión de informar de juegos con micropagos. Los problemas que pueden surgir de la relación de los niños con las cajas botín, y que los hemos conocido a través de casos muy esperpénticos con niños gastando enormes sumas, son el ejemplo de que en videojuegos, como en todo, hay que educar.

Sin embargo, en el fondo de cualquier debate que se debe establecer entre la relación de los niños con los videojuegos, y los posibles riesgos vinculados a esta, hay un punto de partida muy básico: los videojuegos, por el mero hecho de serlo, no son un riesgo de ningún tipo para los niños.

Con este punto de partida se puede comenzar a construir una relación saludable entre niños y videojuegos, igual que padres y madres tratan de que sus hijos mantengan relaciones adecuadas con su consumo de televisión, por ejemplo. En este sentido, la preocupación de madres y padres debería estribar en la necesidad de socializar a los niños en videojuegos, promoviendo conductas de relación adecuadas con estos, y tratando de generar espacios enriquecedores. A la vez, en la comprensión de que los videojuegos tienen un papel socializante con los niños, capaces de crear modelos o transferir valores, igual que cualquier película o libro.

Esto implica, no sólo comprender qué tipo de videojuegos son adecuados para cada edad, sino también entender que los videojuegos no son mero entretenimiento, sino que disponen de la capacidad de desarrollar todo tipo de facetas en nuestros hijos. Así, si sabemos que un niño necesita mejorar en matemáticas, por poner un ejemplo sencillo, los juegos de puzzles le requerirán en muchos casos pensamiento matemático; si queremos que nuestros hijos aprendan valores relacionados con la amistad, con la ecología, con el respeto a los iguales… hay tantas opciones en el catálogo, como libros en la estantería de una biblioteca. Es decir, los videojuegos son un elemento de desarrollo, igual que los libros o el contenido de cine o televisión; como padres, comprender este valor para los videojuegos -que quizá en nuestro uso nunca nos hemos detenido a estudiarlo-, puede hacer del videojuego una herramienta educativa para los niños y niñas más allá del mero pasatiempo.

Pero, sobre todas las cosas, los videojuegos con los niños son una oportunidad para compartir espacios. Hace poco Paco García lanzaba un artículo recogiendo juegos apropiados para jugar con los niños y niñas. Muchas de esas recomendaciones encuentran origen en la experiencia de padres que hay en la redacción de Meristation. Entre el ajetreo de la vida cotidiana, encontrar ratos para compartir videojuegos con los niños es dar forma a un oasis donde se establece una relación de íntima colaboración entre padres, madres e hijos, que no es frecuente en tantas actividades de nuestro día a día.