¿Son Pokémon Sol y Luna los mejores de la saga?

Sergio C. González Sergio5Glez

La región de Alola es una clara declaración de intenciones para el fan: algo ha cambiado. Pokémon Sol y Luna son los mejores episodios de la serie a pesar de no ser los que más contenido incluyen en sus cartuchos; pero es precisamente refinamiento de la fórmula y el "Lenguaje Pokémon", explotado y perfeccionado, lo que los convierte en las obras definitivas.

Ahora sí, la espera ha finalizado. La séptima generación de la segunda franquicia más vendida de todos los tiempos, únicamente superada por el fontanero, irrumpe en todo el mundo con un mensaje implícito que hemos conseguido saber interpretar, saber leer entrelíneas, tras más de cincuenta horas de partida.

Han sido varias semanas analizando, comprendiendo y valorando absoluatamente todos los aspectos de Pokémon Sol y Luna; hemos completado la Pokédex con la excepción del legendario de la versión contrapuesta y las criaturas de evento. Alola ha sido completada. Es por ello que queremos mojarnos y responder la pregunta que muchos se hacen y muchos preguntan pero muy pocos han respondido con convicción. Vamos a ser claros: ¿Son Pokémon Sol y Luna los mejores de la saga? ¿Son mejores que Oro y Plata? Sí, lo son.

Contexualización: Dónde estamos y de dónde venimos

Pero es que debemos partir de una base para desarrollar este reportaje; y es que dejando a un lado que las justificaciones que vamos a dar se corresponden con valoraciones subjetivas intentando ser lo más justos y honestos posibles, también creemos que los títulos que han puesto por el momento el listón más alto en la saga son Pokémon Blanco 2 y Negro 2. Todos los que hayáis completado las que son “terceras versiones” de la quinta generación (Nintendo DS, 2010-2012) sabréis y coincidiréis en que a nivel de contenido se trata de los cartuchos más densos, desarrollados y completos de toda la franquicia.

Entonces, ¿por qué son Oro y Pata los más popularmente vanagloriados por crítica y público? Por una cuestión de alcance. De acuerdo con la base de datos de Nintendo Japón, la cual hemos consultado para comprobar las ventas individuales y globles de los títulos de la saga, Pokémon Oro y Plata (Game Boy, 1999), han vendido nada menos que 23.1 millones de copias; sin embargo, Blanco 2 y Negro 2 sufrieron el efecto secuela y llegaron a tan solo 8.52 millones de jugadores, si nos permitís el uso de ese “tan solo” viendo los números que maneja la creación de Satoshi Tajiri. Hay que entender también el contexto en el que se situaron esas obras: pleno fin de vida de Nintendo DS y con Nintendo 3DS en pleno despunte.

El caso es que Blanco 2 y Negro 2, con un post-game sencillamente sobresaliente, modos de juego extra y un modo de dificultad añadido, no son tan conocidos pero objetivamente son los más completos. Y no, Pokémon Sol y Luna no son los más completos ni los que más contenido esconden tras completar la Liga Pokémon, ver los créditos finales y volver a casa. Pero es que no vamos a valorar, tras tantísimas horas, este inicio de la séptima generación únicamente por las cosas que podemos hacer tras completar la Liga Pokémon sino por todo lo que ha sucedido en ese proceso. Queremos valorar la aventura, el camino, el mensaje.

Pokémon Sol y Luna, un lenguaje redefinido

Es precisamente eso lo que quería Junichi Masuda junto al equipo de Game Freak al crear las ediciones Sol y Luna, unos títulos que no podían bajo ningún concepto ser creados a marchas forzadas, con un calendario sobre ellos haciendo que sintiesen estar con el agua al cuello. The Pokémon Company decidió no lanzar los títulos en 2015 y hacer por primera vez en casi una década que hubiese unas Navidades sin nuevos Pokémon de la saga principal. Esta vez era diferente.

20 años desde la primera vez que pusimos pie en Pueblo Paleta, Kanto, hace inevitable que muchos jugadores se hayan quedado en el camino y que otros tantos hayan llegado. La media de edad de la saga continúa in crescendo, algo que también hace que esta saga se sepa a sí misma como un imán ante los que la prueban. ¿Juegos para niños? Quizá lo correcto sea decir que son juegos para aquellos que continúan teniendo algo de ese niños que fuimos y nunca más seremos.

“Ahora puedes ver a niños de la década de los noventa que jugaron los primeros títulos de la serie y que ahora ya son padres o hijos”. Dice Junichi Masuda en una entrevista para el diario británico GamesMaster el pasado mes de marzo. “Sin embargo, hay algunos elementos de su jugabilidad que siguen atrayendo igual que en 1996. Ese sentido de coleccionismo patente en los juegos de la serie aún atrae a esa gente, y es muy importante desde un punto de vista estratégico”.

Nosotros lo llamamos “Lenguaje Pokémon”, un lenguaje que se ha ido ampliando y desarrollando en GameBoy, GBA, Nintendo DS y ahora Nintendo 3DS. Siempre fieles a un estilo y una filosofía, diciéndole no a sistemas domésticos donde podrían haber generado una verdadera máquina de hacer dinero; pero había que ser fieles a sus raíces y seguir siendo igual de conservadores y clásicos, introduciendo pequeñas pinceladas traducidas en cambios que, si bien poco apreciables en algunos casos, han hecho que ahora estemos ante una licencia más madura, consistente, profunda y al mismo tiempo fresca que nunca. ¿Cómo es posible que se sientan más novedosos y renovados ahora que muchos hablaban de desgaste, que la luz se apagaba? Como dijera Jack el Destripador: vayamos por partes.

La relación Entrenador – Pokémon

Desde el primer minuto Pokémon Sol y Luna hace algo que no habíamos visto nunca y que da un mensaje al jugador indicándole que las cosas están cambiando y que se está racionalizando ese lenguaje Pokémon del que hablábamos anteriormente. En Alola es el Pokémon inicial quien debe aceptar tu elección. Litten, Popplio y Rowlet. Tres piezas sinérgicas que juegan a modo de piedra – papel – tijera, por supuesto. La diferencia es que esta vez la balanza se equilibra, ya no hay una mesa de la que coger una Poké Ball; ya no hay un maletín para salvar a un Profesor del ataque de un Poochyena ni un amigo que nos dé la criatura que más nos guste como si de un llavero se tratase. En la Isla Melemele se nos da la bienvenida a un mundo donde Pokémon y humanos conviven en prácticamente igualdad de condiciones; un territorio en el que estas criaturas ayudan a las personas a llevar a cabo tareas del día a día, no solo para cumplir las ansias de jóvenes entrenadores. Puede que antes también fuese así, pero no se dejaba ver, no se explicaba ni se hacía hincapié en ello.

Las MO desaparecen, un guiño a la saga spin off Pokémon Ranger. Ahora tenemos un Sharpedo o un Lapras para ir a zonas acuáticas; un Machamp para hacer las funciones de Fuerza o un Tauros para atravesar barreras aparentemente impenetrables. Ya no afecta al Pokémon capturado; estas especies son préstamos que vienen y van, siempre están ahí y asumen que era un verdadero suplicio tener que “castigar” a uno de nuestros Pokémon con la MO 01 Corte para eliminar en un momento dado un pequeño árbol. Solo con esta presentación tenemos motivos para creer que Sol y Luna quieren ser los mejores de la franquicia porque hacen una lectura de las quejas de los aficionados tras seis generaciones completas.

Alola, un territorio casi definitivo

Pero recordad que no hemos hecho más que escoger nuestro inicial, que nos ha mirado con firmeza y la convicción de que el sí que se intuye en su rostro no será sino el inicio de un viaje; y es ese viaje a lo largo y ancho de cuatro grandes islas lo que convierten a Pokémon Sol y Lun en la aventura más redonda que hemos vivido en casi dos decenas de cartuchos. Alola se compone de Melemele, Akala, Ula-Ula y Poni, un archipiélago que está lejos de ser perfecto, pero que al menos hace que la sensación de tener una única región -Oro y Pata tienen dos, por ello comen aparte- sea mucho más grande y difícil de saciar.

Decimos que está lejos de ser perfecta porque hemos echado en falta más cuevas, más zonas heladas y alguna ciudad llena de rascacielos y gente deambulando. Alola es terrenal, agreste, casi bucólica: está viva. Se nos dice que está “muy lejos” de las Kanto, Johto, Hoenn y Sinnoh; que es una contraparte de la modernidad de Teselia o el europeísmo de Kalos. Alola tiene de lejos mucha más personalidad e identidad que Kalos, es más ambiciosa.

A pesar de no tener todo lo que nos habría gustado, es difícil sentir éste un territorio limitado o falto de contenido. Game Freak ha dado con la tecla, recreando una Hawaii alejada de la tecnología, donde hasta nuestra llegada de la lejana Kanto no existía una Liga Pokémon, no hay gimnasios, no hay Máquinas Ocultas.

Todos estos cambios son algunos de los riesgos que ha tomado The Pokémon Company a la hora de crear estas entregas. Podrían haberse equivocado y darse un buen golpe entre la crítica y, más importante, su público. Pero cuando leemos que estas ediciones han distribuido más de 10 millones de copias físicas solo para su lanzamiento -récord en cualquier título de 3DS-, superando con creces el resto de episodios vistos en esta consola, nos damos cuenta de que han acertado.

Componente artístico, un compendio de 20 años de creación

El diseño de las nuevas criaturas es otro punto completamente subjetivo. Pueden gustarnos más o menos los diseños de Ken Sugimori para estas alrededor de ochenta nuevas especies, pero es innegable que se ha vuelto al trazo sencillo, que por cierto ya se pudo intuir con Pokémon X y Pokémon Y (3DS, 2013). La quinta generación -y un poco la cuarta-, sentaron una tendencia que dejó de gustar a los clásicos: trazos más curvos, más líneas en los diseños, colores y formas. Digamos que, si tuviésemos que dibujarlos en un papel, con esas dos generaciones todo sería más difícil. El resultado era un compendio de especies menos atractivas o difíciles de recordar por su ligera mayor complejidad. Esa vez tenemos un término medio, un equilibrio que ha gustado mucho a la redacción de la revista.

Lo mismo podemos decir de la banda sonora, que recupera el estilo de la primera generación en algunas melodías pero recogiendo la tecnología de la pasada sexta generación. No toma tantos instrumentos como escuchábamos en Hoenn; a cambio es la más variada. El tiempo dirá en qué posición queda la banda sonora de Pokémon Sol y Luna, pero tras medio centenar de horas dando vueltas y combatiendo por este archipiélago creemos que se ha hecho un trabajo sobresaliente, a la altura de los mejores capítulos de la franquicia y sumando por ende más puntos para justificar que desde nuestra perspectiva se trata de los mejores juegos de la serie.

El ritmo de juego en Pokemon, equilibrado

Importante también pararse en el ritmo de juego, no tan lento como podía parecer pero sí menos ágil de lo que deseábamos. Es evidente que hay que explicar a las nuevas generaciones de qué se trata todo esto y por qué este universo ha causado tal locura lustro tras lustro; pero la primera hora de juego no es la ideal para aquellos que lleven años sin visitar la dimensión Pokémon, aquéllos que ya no recuerdan ese lenguaje.

Pasado este pequeño trámite se abre ante nosotros un mundo enorme, con pequeños detalles como el Poké Relax, que permite incidir en el vínculo Entrenador-Pokémon al término de todas las batallas. Puede parecer algo banal, pero en vez de obligarnos a usarlo a modo de minijuego se justifica su existencia con la eliminación de problemas de estado o aumentando el cariño, que a la postre hará que los ataques con menos probabilidad de acierto den en el blanco.

Yendo ya más a fondo en aspectos importantes, las batallas son indudablemente las más completas tanto a nivel de interfaz -que por fin explota y ejecuta con acierto la doble pantalla gracias a la distribución del mapeado en la zona inferior y el dinamismo de la cámara en el panel superior- como informativa. Por primera vez podemos ver en directo en qué se traduce un “ha bajado la velocidad” en un sistema de seis puntos donde la ausencia de ellos implica normalidad y la compleción de los mismos alude a una alteración total en esa estadística. Ahora vemos cuántos turnos quedan de forma numérica en lo referente a los climas. Todo está más pensado para agilizar el proceso de combate y que sea en definitiva más cómodo. Pokémon Sol y Luna son los títulos más atentos de toda la saga, y se nota. El hardware de la consola ha permitido la eliminación de la base redonda donde antes aparecían los Pokémon en el campo de batalla; además que el entrenador se ve y justo detrás, entremedias con unos fondos muy detallados y dinámicos. En algunos casos incluso también bonitos.

Sistema de combate exprimido al máximo: jugabilidad perfeccionada

Game Freak introduzco las Megaevoluciones con Pokémon X e Y, y esta vez han asumido con valentía no eliminarlas pero sí dejarlas relegadas a un segundo plano -para prácticamente el final del juego- en favor de los Movimientos Z, que no dejan de ser un complemento para justificar lo comentado párrafos atrás sobre el vínculo Entrenador-Pokémon, una tarea que Oro y Plata no supo completar al cien por cien a pesar de dejarnos llevar tras nosotros nuestro inicial del equipo. Esos Movimientos Z necesitan de los Cristales Z y la Pulsera Z, excusas perfectas que claman a gritos la palabra merchandising, pero son un acierto que atrae a los más pequeños de la casa. Sin querer entrar en spoilers innecesarios, Sol y Luna cuentan con un humor para nada forzado pero de muy buen gusto. Se ríen de sí mismos con algunas anécdotas sinceras y naturales, muy acertadas. Y esos Movimientos Z, con sus animaciones y carteles con frases explosivas al más puro estilo Inazuma Eleven y Yo-kai Watch, son un golpe directo en el centro de la diana para darle un toque de estrategia a los combates sin llegar a ser tan “overpowered” como las Megaevoluciones.

Solo podemos usar un ataque de este tipo por combate, y no están tan sumamente fuera de límites como pensábamos sino que se pueden contrarrestar si sabemos anticiparnos a estos movimientos y llevamos una estrategia no solo ofensiva sino defensiva. Si Pokémon X e Y clamaban los equipos ultra ofensivos desde una perspectiva eminentemente competitiva, ahora la escena más desarrollada de jugadores de la saga puede ver con estas entregas un balance necesario, que gustará más o menos, pero que nos obliga a llevar equipos no tan rápidos y ofensivos como otros más preocupados por la defensa defensa especial y, sobre todo, puntos de salud. De ti depende cuándo ejecutar ese Movimiento Z que tienes guardado bajo la manga; y también depende de ti cómo y contra qué especie del rival usarlo. Con las Mega Evoluciones el margen de error era mayor; ahora está más reducido. Esto, para nosotros, hace que Sol y Luna ganen enteros para ser considerados los mejores de esta franquicia.

Trascendencia: dónde quedarán Sol y Luna con el paso del tiempo

Si nos adentramos en lo que supondrán estos episodios en la franquicia, un aspecto que tenemos que tener en cuenta y que sirve para situar correctamente cada entrega en la jerarquía abstracta de la serie, es menester mencionar que Sol y Luna suponen un punto y aparte, una línea trazada con convencimiento y valentía.

Se dejan atrás cosas hasta el momento impensables como los mencionados gimnasios, la forma de afrontar la aventura -que ya no es tanto completar una Pokédex como descubrir el mundo Pokémon en parajes más profanos-, las medallas, las grandes ciudades. La música y la ambientación son tribales, haciendo que su atmósfera beba aparte respecto a ese toque tan "Siglo XXI" de Pokémon X e Y. Los legendarios, Lunala y Solgaleo, comparten no solamente un origen mitológico sino también genético, ya que tal como veréis en la historia -no vamos a entrar en Spoilers-, las raíces de ambas criaturas tienen más en común de lo que puede parecer en un primer vistazo. Lugia y Ho-oh hacen gala de la epicidad y el contraste entre dos puntos completamente opuestos en los que hay una tercera criatura que ordena ese desequilibrio; mientras que aquí son ellos mismos los que, tal como veréis, mantienen un pulso particular en el que espacio y tiempo se dan de la mano.

Además, esta vez no hay trío de legendarios convencional. La idea de los cuatro Tapu nos ha parecido sensacional, así como la aventura de hacernos con los cinco Ultra Entes. Desde que completamos la Liga Pokémon hasta el punto actual hemos necesitado unas quince horas. Nos lo hemos tomado con calma, disfrutando del momento, y ha merecido mucho la pena. Por un lado, la búsqueda de todas las Ruinas y sus respectivos puzles; recordad el nombre del desierto en que se encuentra Tapu Bubu, quizá el mayor guiño en años al Bosque Perdido de Kokiri en Ocarina of Time. La captura de estas criaturas es compleja, aunque hemos echado en falta más especies legendarias y míticas errantes. Podríamos decir que los Tapu equivalen a Azelf, Uxie y Mesprit en Sinnoh.

Los Ultra Entes, por su parte, cuentan con su propia historia detrás, sus Poké  Ball y unas pautas. Eso sí, quizá demasiado guiadas. Insistimos en que hubiese sido ideal la aparición de más Legendarios voladores o errantes, como en Rubí Omega y Zafiro Alfa, pero estos episodios se centran en Alola dejando entrever que habrá una tercera versión en el futuro con más, mucho más. ¿Será Nintendo Switch la consola elegida? Por lo menos es la ideal; y el rumor de Pokémon Stars encaja perfectamente.

El ascenso al Monte Plateado es irrepetible; eso es algo que sabemos todos y no tiene discusión, pero la introducción del Árbol de Combate al terminar la Liga Pokémon es más que un acierto, porque no solo nos permite enfrentarnos a nombres como Cynthia, Azul o Rojo, también nos deja reclutarlos y usarlos en el novedoso Battle Royal, que en un 4v4 se rompen todos los esquemas e invita al combate multijugador a los que teman o no estén interesados en el denso y complicado mundo de la escena competitiva.

Entrenamiento real: Bienvenidos, EV’s e IVs

Sol y Luna son también los juegos que mejor interpretan la relación de la saga con el deporte electrónico, los que le dicen sí al juego organizado. Una vez acabamos el juego y nos dirigimos a cierto punto de la Isla Melemele, podremos usar el Entrenamiento Extremo para mejorar los Individual Values (IV's) a través de las Chapas. Esto racionaliza el entrenamiento de la genética, la crianza de criaturas literalmente perfectas sin tener que echar mano al bolígrafo y el papel. Esto es algo que hemos agradecido mucho, pues a pesar de ser necesario subir al nivel 100 a nuestras especies para acceder a esta posibilidad, de cara a los Campeonatos VGC regionales de 2017, el Modo Online y la mera ambición por crear uno de los 802 Pokémon existentes en seres vivos perfectos son motivos para quitarse el sombrero.

Mención aparte para las Formas Alola. En vez de crear 130 criaturas nuevas, Game Freak ha decidido a bien hacer unas decenas menos y redibujar otras antiguas -solo de Kanto por ahora- con la explicación de las Formas Regionales; todo se cuenta durante la aventura. Y son un acierto, un golpe sobre la mesa a la nostalgia que se convierte en el enésimo guiño a la Primera Generación, con innumerables menciones a todas las regiones pero un énfasis más que evidente en Kanto. Nuestra apuesta es que habrá no remakes sino secuelas en Kanto en el futuro, pero ya habrá tiempo para especular. Quizá sea ese Pokémon Stars el título que incluya tanto Alola como Kanto una vez terminamos la historia principal gracias a las posibilidades técnicas de la consola. En unos meses -quizá- saldremos de dudas al respecto.

Justificación final: Sol y Luna, en lo más alto

Y en general lo que podemos decir es que Pokémon Sol y Luna nos han dejado más satisfechos que Oro y Plata, incluso también que Negro 2 y Blanco 2. Ninguno de los mencionados cuenta con el espectacular y cuasi eterno Frente de Batalla de Esmeralda (GBA, 2004), pero todo el lore, la forma de llevarnos por cada isla, la relación del personaje con mucha el Pokémon y la opción de tener más personalización que nunca; sumado a la variedad de fauna, Poké Monturas, Formas Alola, Entrenamiento Extremo; o la propia población de la región y lo bien que se ve por fin la saga con este motor gráfico, hacen que nos hayamos sumergido más que nunca, que si ya estábamos enamorados de la franquicia lo hagamos mucho, mucho mas.

No son los juegos definitivos, ojo, pero tampoco lo fueron Oro y Plata; tampoco lo fueron Blanco 2 y Negro 2. Y Game Freak lo sabe. Otras franquicias no podrían lograrlo por haber agotado su propia fórmula con el paso del tiempo. El caso de Pokémon es diferente; Sol y Luna son un soplo de aire fresco, una inyección de vida que recoge todo lo bueno de la cosecha de 1996 y las últimas generaciones. Ese lenguaje al que hemos hecho alusión en diversas ocasiones, en definitiva, está ahora más definido que nunca, y por eso Pokémon Sol y Luna son los mejores de la saga.

Lo mejor de todo es que sentimos que el final está lejos, pues lo mejor está aún por llegar.

Pokémon Sol / Pokémon Luna

Pokémon Sol / Pokémon Luna, desarrollados por Game Freak y distribuidos por Nintendo para Nintendo 3DS, son las nuevas entregas de la popular saga RPG que celebra el 20 aniversario de la franquicia Pokémon.

Pokémon Sol / Pokémon Luna