Drakengard 3
Drakengard 3
Carátula de Drakengard 3

Drakengard 3

Cesar Otero

Drag-On Dragoon y su Pacto de Compañeros que unía a humanos y dragones regresa por tercera vez y para una generación ya terminada en Drakengard 3, particular cruce entre los combates masivos de Dynasty Warriors y el vuelo de Panzer Dragoon. Aunque esta vez los europeos hemos recibido el juego de la peor forma posible. Alcemos el vuelo y que la sangre empiece a fluir.

La idea planteada en el mágico film Dragonheart –casi 20 años y su final sigue arrancando lágrimas por doquier- de la amistad entre un humano y un dragón la hemos visto en títulos como la maravilla de Panzer Dragoon, la serie Drakan y el denostado pero verdaderamente épico en escala visual y sonora LAIR de PlayStation 3. Llevar a un caballero o amazona al tiempo que de pronto despegábamos en nuestra montura para trasladar el campo de batalla de la tierra a los cielos es algo que la pasada generación PS2 nos permitió hacer en Drakengard, título de Square Enix que salió justo hace una década en exclusiva para la consola de Sony. Contando con misiones terrestres, aéreas y la opción de alternar la exploración a pie o en dragón, la mezcla de los esquemas jugables de Dynasty Warriors –hack ‘n slash masivo- con el destronado príncipe Caim y de Panzer Dragoon para la parte de nuestro aliado alado dio como resultado un juego que, si bien desigual en el gameplay –la parte aérea se había cuidado más en detrimento de la terrestre-, a nivel de escenas CG y de historia nos narraba un arco argumental cada vez más complejo de traiciones familiares y pactos de sangre entre humanos y bestias, de coronas usurpadas y venganzas de reyes.

Uno de esos juegos que si bien alcanzó cierta unanimidad crítica no terminó de ser el referente que sus creadores esperaban, pero que muchos tenemos en nuestra estantería y nos encantó en su momento, el estudio Cavia (Nier) y Square Enix nos brindaron una secuela del conocido en Japón como Drag-On Dragoon que arrancaba nada menos que 18 años después del final –más bien finales, que había varios a cual más extraño- de Caim y su dragón rojo. Prácticamente continuista a nivel jugable y narrativo de su antecesor, la secuela presentaba algunas ideas nuevas, pero en general era lo que muchos fans del original le demandaban que fuese: una nueva aventura que nos dejara explorar un mapeado de Espada y Brujería –imperdonable que eliminasen la opción de poder revisitar de nuevo todas las misiones del modo Historia- tanto por tierra como a lomos de nuestras monturas, ya que podíamos cambiar de personaje. A nivel gráfico no volvía a destacar (como Drakengard), pero solamente por los efectos visuales y la maestría de Square en las escenas de video CG merecía mucho adentrarse de nuevo en ese universo de pactos de sangre y vida con el caballero novato Nowe y su dragón Legna.

Dos sin Tres
Ocho años y una generación después, el universo que Cavia creó continuará. Y lo hará de la mano de Access Games (Lord of Arcana, Lord of Apocalypse) tras terminar la versión HD de Deadly Premonition, contando con personal que intervino en los Drakengard anteriores, como Taro Yoko, director del primer juego y director creativo y creador de escenarios en esta tercera iteración, y Kimihiko Fujisaka, diseñador de personajes de la saga y en el The Last Story de Hironobu ‘Final Fantasy’ Sakaguchi. Y otros como Keiichi Okabe, autor de la poderosa partitura de Nier. Muchos os preguntaréis, sobre todo aquellos que conozcáis el LAIR de Factor 5 y el escaso éxito que obtuvo, porqué regresar a esta temática Sword & Sorcery cruce entre un Musou de Tecmo Koei y un Panzer Dragoon de SEGA. Para Takamasa Shiba, productor del juego y de la saga en PS2, el motivo radica en la abundancia de títulos para un sector demográfico casual y la falta de más experiencias para aquellos jugadores que cimentaron este sector durante sus siete generaciones, para los tradicionales o Hardcore. Shiba-san está convencido que estos últimos, “jugadores apasionados” como él los llama, son los que de verdad sabrán apreciar y reconocer el universo y la historia que antes Cavia y ahora Access nos brindan de vuelta.

Considerado durante mucho tiempo, el fin de la sexta generación y el lanzamiento de PlayStation 3 paralizaron un proyecto, el de Drakengard 3, que terminó por convertirse en Nier. Pero director creativo y productor, Yoko y Shiba, seguían con la idea de resucitar a las criaturas aladas en los nuevos circuitos HD de Sony, sobre todo tras el descanso que Yoko-san se tomó después de terminar Nier y ponerse con los diseños de enemigos para Monster X Dragon. Con el sistema ya plenamente asentado –de hecho esta tercera entrega va a llegar como su antecesor en una época ya de despedida de la consola-, el proyecto comenzó con una brainstorming, una tormenta de ideas que Square Enix propuso a los seguidores de Caim y cia, cuyo resultado fue una historia más oscura, deseo de fans y del propio Yoko, más cercana a los cánones ‘sucios’ de Nier, más propios de un Conan El Bárbaro fílmico que del tono de los anteriores. También, rompiendo la tónica de un protagonista masculino, los fans demandaron que fuese una mujer el personaje principal que pactase con los Draco. Una mujer cuya primera imagen impacta: Bañada en sangre, con una flor en el ojo..

Intoner
En un pasado lejano, cuando la Oscuridad envolvió al mundo de males como las Guerras y la tiranía de líderes cegados de ambición, gusto por la sangre y ansias de poder absoluto, las Diosas llamadas Utatai no pudieron soportar el sufrimiento de la Humanidad. Descendiendo al mundo terrestre, se valieron de su poder mágico de las canciones para derrotar a todos y cada uno de estos señores de la Guerra que reinaban sobre sus dominios. La paz se impuso al Caos, a la locura y a la sed de sangre. Las Diosas fueron adoradas, bendecidas por terminar con la Oscuridad y dirigir con sabiduría el mundo. Se convirtieron en las Intoners, las Divas. Una de ellas, One, una joven Intoner, solamente guarda el deseo de traer la paz y mantener el equilibrio del mundo, destinada a unir al resto de sus hermanas y dirigir como lo hacen desde la cima de la creación.

Y, he aquí que en ese momento, es cuando conocemos a Zero, la hermana mayor de One, que aparece de repente con un majestuoso Dragón blanco. Intoner como One, se dice que Zero es la Diva más poderosa de todas las existentes, hábil con la magia, experta con la espada, y con un dragón como aliado del que su hermana no sabe nada, ni por qué lo tiene, ni por qué ha pactado con él. Alejada de sus Utahime, Zero no sólo es temible, sino también fácilmente irritable, colérica, violenta, promiscua y siempre encantada de buscarse problemas para hacer valer su dominio sobre cualquiera, exactamente lo opuesto a su hermana menor One, conocida y querida por su sentido de la justica, de sus actos racionales.

La trama desde el inicio es que Zero quiere matar a sus hermanas, pero los motivos no empiezan a saberse hasta haber progresado bastante, comenzando una serie de giros de guión y dando pie a un arco argumental conseguido y bizarro. La historia del juego y su forma de ser narrada es tanto su punto fuerte como débil al mismo tiempo, ya que juega  a mezclar constantemente un drama de hermanas matándose la una a otra con ecos de tragedia griega, mostrando el ansia de sangre que consume a Zero o la voluntad mesiánica de One de mantener el orden, con una narración constante in-game entre nuestro personaje y los NPCs aliados que nos acompañan en forma de diálogos entre Zero y su dragón Mikhail o sus discípulos en los que el tono es constantemente desenfadado. Cuando hablamos con Mikhail es como si lo hiciéramos con un niño que hace todo el rato bromas caca-culo-pedo-pis y Zero insultándole por su inmadurez – a él y a cualquiera, aquí no se salva nadie de los constantes “Fuck-Bitch-Bastard!”. La cosa no mejora con los acólitos, siendo todo el rato “¿me vas a clavar el qué donde y cuándo? La tengo tan grande como la cabeza de tu dragón” y otras que ya imagináis por donde va la cosa.

Como decimos, una vez progresamos, lo cierto es que la historia se va volviendo más poderosa –y también dramática al estilo de su prólogo-, aunque antes hay que soportar escenas simplemente estúpidas que menos mal que un golpe al Start solucionan. Ver por espacio de una cutscene interminable como golpean e insultan al cadáver de una de las diosas –el cuerpo está fuera de plano, pero los personajes y las acciones no- es tan absurdo como innecesario, siendo un ejemplo de que sus creadores no se cortan a la hora de coger el conjunto y pasarlo de rosca con un humor que funciona a ratos, pero que fracasa en otros por ser siempre el chiste guarro constante o la escena sangrienta con humor tarantiniano que funcionaría mejor o impactaría de verdad si fuese más sutil o aparcase el chiste fácil a un lado, cosa que por fortuna se va haciendo en la segunda parte del juego.



Con un inicio poco prometedor –toda la parte del reino del mar- la velocidad del juego aumenta a partir del segundo capítulo, y la historia brilla cuando se pone seria –el momento en que vemos cómo se regenera una Intoner, una especie de bautismo de sangre que hasta el discípulo que viene con nosotros se deja de bromas-, cuando los autores se ponen serios y apuestan por el drama fraticida y los tonos alejados del humor gratuito. Pero ellos mismos a veces no pueden evitar dinamitar lo logrado haciéndonos escuchar constantemente bromas sobre tetas siliconadas, sobre erecciones imposibles, pervertidos que adoran a vírgenes o cómo cada discípulo de Zero se va a tirar a su jefa y de qué manera. Si sólo el humor se hubiera rebajado o colocado en golpes puntuales que lo hicieran funcionar mejor, este sería un componente mejor usado que no sobreexplotarlo constantemente lanzando uno tras otro hasta dar con el que nos haga sonreir. Lo mejor, sin duda, es Zero, puesto que la protagonista que llevamos es simplemente una sádica, cruel, egoísta, megalómana y sin posibilidad absoluta ni ganas de redimirse, algo que dada la constante corrección política que impera actualmente se agradece y mucho en cuanto a personajes que manejar.

El juego, cuya duración es considerablemente larga -entre 25 y 30 horas- y encima nos invita a ver sus 4 finales para tener la visión global de toda la trama, se divide en capítulos y dentro de estos en versículos, que a su vez se dividen en partes, las cuales recogen tanto las escenas de video como las partes jugables. Así, un versículo puede durarnos de 25 a 40 minutos teniendo a lo mejor una cinemática y un nivel dividido en tres o cuatro partes que recojan varios escenarios de combate y un Jefe Mediano. Tambien tenemos sidequests en los reinos por los que nos movemos, que normalmente consistirán en arenas cerradas y requisitos como recoger items mientras matamos a un número de enemigos dentro de un tiempo concreto y con un arma en específico que nos servirán para obtener recompensas y subir de nivel.


El esquema jugable mezcla el estilo Musou de Tecmo Koei –Dynasty Warriors, los One Piece de PlayStation 3- con el Hack ‘n Slash más puro, por lo que los que no gusten de pasarse niveles combatiendo y nada más que combatiendo puede que Drakengard 3 se les haga pesado. En determinados momentos la acción salta a lo que dio personalidad a las entregas anteriores: El combate sobre dragones. Aquí se mezcla tanto el vuelo con libertad alrededor de un escenario o Final Boss como los instantes más sobre raíles deudores del mítico Panzer Dragoon. La jugabilidad, una vez se va desbloqueando, va ganando mucho. Como decimos, todo el inicio con Zero y una sola arma es aburrido –y tedioso hasta que aprendemos a soportar la cámara y los frames-, hasta que ya podemos usar  el genial sistema de cambio de arma.

Nuestro armamento consta de cuatro tipos bien distintos de armas, cada una con su poder –a media distancia como la Lanza para romper escudos y defensas, para combates cercanos como la Espada, Garras para realizar combos a una velocidad superior o los Chakram para proyectiles a larga distancia -, y para acceder a ellas solo pulsar L2 o R2 y en tiempo real se abre un círculo sobre Zero mostrando cada una que nos hayamos equipado antes de empezar el nivel. Pulsando el botón asignado de los cuatro frontales cambiamos inmediatamente de arma y de estilo de lucha, pudiéndolas combinar en una mecánica rápida y bien implementada.

El control con Zero se divide en Salto, Ataque Ligero, Ataque Poderoso, Esquiva y Escudo. Tenemos una barra de stamina que limita el golpe poderoso, que aunque se recarga con mucha rapidez, conviene aprenderse los combos, ya que si lo usamos en plan machacabotones normal a pesar de su poder podemos perderla y tener que recurrir en esos segundos al ataque normal. Drakengard 3 cuenta con pequeñas secciones de salto bien recibidas –hasta podemos agarrarnos al borde de una plataforma- entre tanto combate, y cuando la cámara no da el coñazo, son partes ágiles que se ejecutan con celeridad. Por último, como golpe especial tenemos el modo Intoner, que una vez relleno el indicador de sangre situado en el HUD podemos activar/desactivar con L3+R3. Zero se vuelve increíblemente poderosa, tanto que cargarnos a un Jefe de nivel o quitarle media barra a un Jefe Final –por norma una de nuestras hermanas- es algo sencillo, quizás demasiado, ya que los Jefes Medianos son demasiado sencillos y apenas plantean problemas.

Acentuando el componente RPG tendremos informes al final de cada versiculo sobre el loot adquirido, los secretos descubiertos y la experiencia obtenida. Podemos encontrar material con el que potenciar las armas y comprar pociones para curarnos, potenciar ataque o defensa de manera temporal. De hecho, la parte de las armas no hay que tomarla a la ligera, ya que dentro de su categoría no es lo mismo pelear con una espada pesada y lenta pero poderosa,  a hacerlo con una rapidísima. A pesar de que básicamente manejamos a un personaje poderosísimo con el que nuestros rivales caen por docenas, el lograr un buen equilibrio con las armas dentro de cada una de las 4 categorías nos puede hacer las cosas un poco más fáciles o algo más difíciles –contra los arqueros hay que aprender a usar el escudo, contra los lanceros a esquivarlos y sorprenderles.


Vamos con el apartado más ‘delicado’, y el que para algunos puede arruinar por completo toda la propuesta: El gráfico. De entrada hemos de señalar que Drakengard 3 en sus escenarios parece un juego no de la generación que ha terminado, sino de la anterior, directamente de la época PlayStation 2. Los personajes, sobre todo las Intoners, escapan mejor en cuanto a diseño y animaciones –muy orgánicas en el caso de Zero excepto cuando anda-, y Mikhail se mueve con cierta soltura teniendo en cuenta que es un dragón. Pero hay dos elementos que afean muchísimo el conjunto. El primero es una cámara que nos va a dar más guerra que sus hermanas a Zero. Tenemos dos opciones, o dejarla anclada y que no siga al personaje –que no rote cuando ella gire- o hacer que nos siga y gire cuando nosotros giremos. El problema es que de uno u otro modo vamos a tener que rotar nosotros constantemente la cámara, que le gusta de tardar un siglo en girar y que los enemigos ataquen desde los puntos ciegos que crea.

El otro problema es un framerate que pega unas caídas abismales hasta en las escenas de video generadas con el motor del juego  -como ejemplo la cutscene en que Zero habla con su hermana Five en plan serie 24, con la pantalla dividida. Ya sea en peleas multitudinarias, momentos en que desatamos nuestra voz con el modo Intoner o cuando el escenario se llena de explosiones por bombas o cañonazos, hay que prepararse para ver los cuadros descender en un conjunto que no pasa de 30 cuando todo en pantalla permanece estable. En su apartado artístico el juego luce mucho mejor, y en las escenas CGI marca de la casa –al fin y al cabo esto lo paga Square- Drakengard 3 luce impresionante. La sangre es una constante, terminando nosotros y Zero bañados por ella –Zero por la de sus enemigos, nosotros por cada salpicón de sangre a la pantalla. Es una pena que el ritmo que la propuesta va logrando jugablemente se vea lastrado por tirones constantes aún siendo en general un título que saca muy poco en pantalla en materia de renderizado.

A nivel sonoro en cambio nos encontramos con un doblaje en inglés –las voces en japonés no vienen incluidas dentro de los 15GB que pesa el juego, siendo un DLC aparte disponible en la PSN- de actores que ciertamente se lo pasan bien con un diálogo tan pasado de rosca, aunque cuando Zero y sus hermanas se dejan de bromas sobre menstruaciones y se ponen serias, mucho mejor, siendo genial el estar escuchándola a ella gritando “DIE DIE DIE!!!” mientras estamos en medio de un grupo de enemigos y una lluvia de sangre. Los diálogos in-game entre Zero y los discípulos a veces se solapa con el de los enemigos, muestra de que hace falta un parche que corrija esto. Y a nivel musical es junto con sus CGI los momentos más perfectos de toda la propuesta, ya que Keiichi Okabe, ese genio que nos brindó una de las mejores partituras del sector con la BSO de NiER, firma aquí una maravilla en la que la electrónica se da la mano con temas minimalistas de guitarras acústicas, cortes a piano, coros gregorianos ominosos, percusiones Taiku de combate y lo mejor: Los temas vocales con arreglos que van convirtiendo la voz de la cantante de normal a Vocaloid con golpetazos de puro Dubstep, y que ilustran los enfrentamientos de Zero con sus hermanas voz contra voz acompañadas de guitarras y batería metaleras. Otra banda sonora magistral en un 2014 que llevamos ya varias, y que cuando Drakengard 3 se pone serio, la música eleva con mucho el drama y lo que corroe a Zero.

6.8

Correcto

No es lo último ni lo más original, tampoco cuenta con la mejor ejecución, pero puede divertir si te gusta el género. Bien, pero mejorable.