Miasmata
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Carátula de Miasmata
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    Meristation

Miasmata

Abandonados a nuestra suerte en una isla perdida. Todos están muertos. La enfermedad que padecemos, parece agravarse por momentos. Nuestra única esperanza reside en encontrar los componentes necesarios para sintetizar una cura, utilizando los recursos naturales del entorno y aplicando nuestros conocimientos de medicina y farmacia. Si damos con las plantas correctas, podremos salvarnos de compartir el mismo y terrible final que casi toda la población mundial ha tenido. Por si esto no resultase lo suficientemente complicado, parece que algo nos acecha desde la espesura... Señoras y señores, bienvenidos a Miasmata.

La escena independiente no deja de sorprendernos, y el juego que hoy nos ocupa es un ejemplo más del ascenso imparable de este tipo de desarrollos. Apuestas arriesgadas que se basan en temas originales, demasiado atrevidos para que las grandes compañías puedan plantearse la mera idea de trabajar en ellos, pero que no suponen un reto para creadores empeñados en una búsqueda constante por maravillarnos. Los últimos en contribuir a nuestro cambio de visión sobre los juegos independientes han sido los hermanos Bob y Joe Johnson, integrantes de IonFx, y su más reciente trabajo: Miasmata. Una aventura de supervivencia apasionante desde el primer minuto de juego, que busca mantenernos pegados al asiento de nuestro PC mientras la tensión crece por momentos. Para ello, solamente han necesitado de unos pocos ingredientes, dando forma a un título aparentemente simple, pero que no dejará de sorprendernos durante el transcurso de la partida. Es complicado hallar similitudes entre los títulos que encontramos en el mercado, y puede que las mayores semejanzas las tengamos con otros productos de ocio. Miasmata tiene un poco de la esencia de Perdidos, de J. J. Abrams y Damon Lindelof, al ambientarnos en una isla desierta que parece ocultar mucho más de lo que muestra. A su vez, la lucha constante para sintetizar una cura nos recuerda al afán que movía al Robert Neville en la adaptación cinematográfica de Soy Leyenda, de Richard Matheson.

Tras conseguir dar el salto desde Steam GreenlightMiasmata nos propone que encarnemos a Robert Hughes, un científico infectado por la misma plaga que ha diezmado a la población del planeta, dispuesto a encontrar una cura para la misma. Despertaremos en la orilla de una misteriosa isla, sin recordar nada sobre los eventos que nos han llevado hasta ella, salvo que nuestros colegas ya se encontraban trabajando en la misma. Solamente contamos con una brújula, un reloj de pulsera y un cuaderno de notas... y nuestro tiempo se agota. La enfermedad sigue afectándonos, y si no encontramos los compuestos necesarios para paliar sus efectos, compartiremos el aciago final que otros tantos millones de personas han tenido. Afortunadamente, la isla es rica en flora, y muchas de sus plantas y hongos parecen tener las propiedades adecuadas para sintetizar un medicamento que pueda combatir nuestras dolencias. Solamente tendremos que dar con las muestras correctas, y trabajar en una cura que pueda suponer una salvación para la humanidad. Por supuesto, a estas alturas deberíamos estar sospechando que nuestra aventura dista mucho de ser un paseo por la jungla recogiendo florecitas. Algo ha ido mal, tremendamente mal, y en cuanto llegamos al primer puesto científico nos encontramos con una realidad bien distinta: El resto de científicos han muerto violentamente, y el trabajo realizado hasta la fecha está disperso a lo largo y ancho de la isla. Los síntomas se agravan, y no hay tiempo que perder.

Sin desvelar nada más sobre el argumento, solamente diremos que nuestros primeros pasos en Miasmata nos servirán para familiarizarnos con el estilo de juego. Se trata de supervivencia en primera persona, con la peculiaridad de que nuestro protagonista está gravemente enfermo. Tareas que podrían parecer triviales en cualquier otra circunstancia, como correr por un campo de piedras o nadar en ríos con poca corriente, se convierten en un verdadero reto cuando estamos siendo asaltados por las fiebres que acompañan a la enfermedad. Miasmata mantendrá presente, en todo momento, que la salud de Robert Hughes es precaria, y la respuesta física se verá resentida. Descender por una cuesta puede hacernos caer rodando, si no tenemos cuidado con la velocidad que vayamos cogiendo, y adentrarnos demasiado en aguas profundas tendrá un trágico final para nuestra aventura. Tras una moderada carrera, nos veremos obligados a descansar para recuperar el aliento. La fiebre nublará nuestra vista, y la tos sacudirá nuestro cuerpo. La única forma de que podamos seguir nuestra aventura con cierta dignidad, es conseguir los componentes necesarios para crear sustitutos temporales de una cura definitiva. Para ello, tendremos que hacer uso de los puestos de investigación dispersos en la isla, examinando las plantas que encontremos y combinando sus propiedades en los improvisados laboratorios. Además, en cada puesto encontraremos anotaciones que serán de utilidad.

Cuando hallemos una planta o un hongo, podremos examinarlo con el microscopio para intentar adivinar las propiedades que puedan tener las sustancias sintetizadas a partir de ellos. Una vez encontrados los elementos correctos, podremos utilizar las herramientas concretas para crear un medicamento que produzca el efecto deseado sobre nuestro organismo. La primera de las sustancias, y muy importante para que podamos empezar a movernos con cierta libertad, es el medicamento básico. Suele sintetizarse a partir de compuestos muy comunes, y aliviará las fiebres durante unas pocas horas. Combinado con el elemento correcto, podremos encontrar una medicina con mayor potencia, que aumente la cantidad de horas de alivio febril. Además, otras plantas y hongos tendrán efectos estimulantes en nuestro estado físico y mental, de gran utilidad para sobrevivir en el entorno en el que nos hallamos. Por último, solamente unos compuestos muy concretos podrán ser usados para sintetizar los tres agentes necesarios con los que conseguir una cura definitiva... y nuestra tarea será buscarlos. Internarnos en las profundidades de la isla no será fácil: solamente podemos llevar un medicamento de cada tipo, y una cantimplora con capacidad para saciar nuestra sed en cinco ocasiones. El cuaderno de notas en el que apuntar todo lo que encontremos y nuestros descubrimientos, un reloj de pulsera, una brújula y un mapa en el que trazar nuestros movimientos.

De hecho, sin estos dos últimos elementos sería imposible explorar la isla. El mapa parte vacío, y lo iremos desvelando conforme vayamos encontrando nuevos lugares... aunque esto no será automático. Para saber dónde nos encontramos, tendremos que utilizar técnicas de orientación y cartografía, buscando puntos de referencia en el entorno sobre los que triangular nuestra posición en el mapa. Si no existen puntos a la vista, o desconocemos la ubicación de los que podemos ver, estaremos igualmente perdidos... algo que ocurrirá con frecuencia en el interior de la isla. Por suerte, la isla parece haber sido el hogar de una especie indígena, ahora desaparecida, que tuvo a bien decorar la isla con distintos elementos arquitectónicos. Las ruinas de lo que un día fueron sus hogares y templos, grandes cabezas colocadas a lo largo de la ínsula y distintos pilares de piedra, que servirán con referencia para dar con nuestra ubicación. Sabiendo que existe una combinación química capaz de curar nuestra enfermedad, y contando con los recursos para orientarnos por la isla, podría decirse que nada va a impedir que demos con una solución a los problemas de la humanidad. Pero, si todo es tan sencillo y la isla está deshabitada... ¿Por qué nos acompaña siempre la agobiante sensación de la mirada de unos ojos acechantes que se clava en nuestra nuca? ¿Qué es ese rugido que se oye en ocasiones en la oscuridad silenciosa de las veladas nocturnas en la isla?

La criatura, pues desconocemos su nombre, es un ser peligroso y letal. Nos acechará durante toda la aventura, y nunca sabremos desde dónde aparece o hacia que lugar se dirige. Puede rastrearnos a kilómetros de distancia, deslizarse en la espesura y sorprendernos en medio de la jungla. En los momentos en los que se encuentre cerca de nuestra posición, nuestro corazón comenzará a latir con fuerza y solamente tendremos tres opciones: enfrentarnos a ella, huir o escondernos. La primera se mostrará inútil rápidamente, y solamente servirá para ganar unos pocos segundos de tregua antes de tener que tomar otra decisión. La segunda puede resultar un fracaso, si no lo hacemos lo suficientemente bien tendremos a la criatura demasiado cerca como para correr. La tercera y última... teniendo en cuenta nuestro estado físico, puede tener terribles consecuencias. Está es la triste realidad, pues la criatura es aparentemente invencible. Tendremos que confiar en nuestra suerte y en nuestro instinto para librarnos de ella en cada ocasión, teniendo en cuenta que se trata de un ser extremadamente astuto, que aprende de nuestros movimientos y se va volviendo más agresivo conforme pasan los días y sigue sin obtener su presa. Ciertos compuestos nos ayudarán a detectarla y saber si estamos bien escondidos, y otros potenciarán nuestras capacidades físicas para huir de ella. Solamente hay una certeza: siempre estará ahí, esperando para atraparnos.

El juego se controla únicamente con una combinación sencilla de teclas. El ratón orientará nuestros movimientos, y su botón derecho nos hará mirar nuestra muñeca y a la brújula. Esta información es necesaria para saber el tiempo que podremos mantenernos en el exterior,  las horas que quedan hasta que la fiebre vuelva y la dirección que llevamos. Con el botón izquierdo realizamos la mayoría de las acciones, como recoger un objeto o planta, usar un arma o arrojarla si lo quedamos pulsado. También es necesario para interactuar con el instrumental de laboratorio y el diario. La "barra espaciadora" se usa para saltar, "mayúsculas" para correr y "control" para agacharnos. Con "tabulación" mostraremos el diario, y podremos leer las anotaciones sobre la investigación, repasar las notas que hemos encontrado en los puestos científicos y ver nuestro estado actual, así como acceder a las medicinas y a la cantimplora. La tecla "M" muestra el mapa, y para definir un punto de referencia sobre el que triangular nuestra posición, tendremos que hacia el mismo y pulsar con el botón izquierdo del ratón. Y, por supuesto, el movimiento se realizará con la habitual combinación de las teclas "W", "A", "S" y "D". Sencillo y intuitivo, y perfecto para que nuestros pensamientos puedan destinarse a una preocupación mayor: encontrar una cura antes de que la criatura nos encuentre a nosotros. Y, por lo experimentado, no parece una tarea tan sencilla. ¿Se echan en falta una mayor cantidad de interacciones con otros elementos de la isla? La verdad es que sí. La ausencia de posibilidades como cazar animales para alimentarnos, o recoger madera en el interior para hacer una fogata, habrían terminado de dar forma a una auténtica lucha por la supervivencia.

A nivel gráfico, Miasmata hace gala de una calidad visual muy poco común en los desarrollos independientes. La belleza con la que se recrea la isla y las distintas zonas de la misma, el agua y hasta los efectos climatológicos que puede azotarla, es digna de mención. Los efectos de luz son impresionantes, haciendo que cada momento cuente y consiguiendo que necesitemos buscar refugio una vez llegada la noche, pues podríamos perdernos o incluso tropezar y caer por un precipicio a pesar de llevar una antorcha. Incluso nos lo pensaremos cuando una tormenta asole la ínsula, dificultando la visión durante el tiempo que se quede ahí. La riqueza de la flora y su fauna, creando entornos paradisíacos que no dudaríamos en visitar, si no fuese por la enfermedad y el tema de la criatura de marras. Evidentemente, su calidad no puede competir con la de los mejores juegos en primera persona del mercado, pero el motor diseñado por Bob y Joe Johnson destaca en el buen sentido. Muchas veces nos soprenderemos observando una preciosa panorámica mientras esbozamos una leve sonrisa, u oteando la espesura cuando pensemos haber visto una silueta que se haya movido por ahí... y que puede que ni siquiera lo haya hecho, pues no hay constancia de que la criatura del juego pueda observarse en dichas circunstancias, pero la sensación paranoica de ser perseguidos no hace más que acrecentarse, gracias al magnífico trabajo visual realizado en Miasmata.

En lo sonoro, un hilo musical acompaña los momentos más distendidos, con suaves melodías que ayudan a que nos sintamos en un lugar seguro durante unos instantes. Mientras viajemos por la isla, solamente nos acompañarán nuestros pasos, el ruido de las hojas al ser pisadas, o de las ramitas que son quebradas a nuestro paso... y que la criatura puede escuchar. Nuestra respiración entrecortada por la tos, y los ruidos propios de la naturaleza, el viento en las hojas y los truenos durante las tormentas... todo contribuye a mejorar la intensidad de la magnífica experiencia recreada por el motor gráfico. Pronto aprenderemos a pararnos durante unos momentos y escuchar a nuestro alrededor, buscando pistas que puedan indicarnos la cercanía de la criatura, o creyendo haber confundido nuestros pasos con el latir acelerado de nuestro corazón. Nada en Miasmata se ha dejado al azar, y nos encontramos ante uno de los mejores apartados técnicos de la escena independiente. Todo tiene un motivo, una razón de ser dentro del juego, y todo contribuye a crear la agobiante y temible atmósfera que el juego busca recrear. Tiene sus defectos, evidentemente, como la calidad de ciertas texturas en la lejanía, o el comportamiento de ciertos elementos con el entorno (como tirar algo al agua y que no salpique) pero la apreciación general es más que buena, y su mecánica de juego se combina a la perfección durante todo momento.

Sin embargo, lo más impresionante del trabajo de IonFx, su efecto más demoledor, no se consigue directamente al aplicar cualquiera de los elementos anteriormente mencionados. Es la fantástica combinación de sus elementos visuales, sonoros, control del personaje, argumento y escenarios, la que consigue trasladarnos a la piel de Robert Hughes con una facilidad pasmosa. Contribuye que, a pesar de la ficción de su argumento, el comportamiento sea tremendamente realista en todo momento, dentro de las capacidades que todos entendemos por humanas. En Miasmata somos humanos, y nuestras limitaciones están más que claras, nunca podremos salirnos de ellas porque no hay manera de hacerlo. Si intentamos forzar nuestra maquinaria un poco más allá de lo debido, acabaremos por los suelos. Si corremos demasiado rápido por un camino de piedras, caeremos. Si nos deslizamos sin control colina abajo, nos precipitaremos hasta encontrar un obstáculo... y perderemos todo lo que llevemos en las manos, que acabará disperso por el terreno. Las plantas se acabarán, las armas se perderán y no serán repuestas de forma automática. Estamos frente a un reto complicado, sin las ayudas habituales de muchos juegos de supervivencia, sin demasiadas pistas de lo que tenemos que hacer, o de cómo tenemos que hacerlo. De hecho, es fácil rendirse con Miasmata... y hacerlo sería un tremendo error.

LO MEJOR

  • Consigue sumergirnos de lleno en el juego.
  • Fantástico nivel gráfico y sonoro.

LO PEOR

  • Faltan algunas opciones de supervivencia.

CONCLUSIÓN

Porque las sensaciones que transmite el juego, la experiencia que nos propone, está a la altura de los más grandes del panorama actual. Miasmata arriesga, hace un apuesta atrevida con un contenido extraño para muchos, y que puede plantear dudas una vez conocemos sus elementos. Los temores pueden continuar durante los primeros minutos de partida, cuando uno no tiene muy claro hacia que objetivo se dirige... y rápidamente se ven despejadas cuando se produce la conexión con el protagonista, cuando el jugador pasa a convertirse en Robert Hughes. Miasmata hará nuestras las emociones y dudas del científico, y convertirá su objetivo en nuestra meta. Bob y Joe Johnson han conseguido crear un título que es capaz de cambiar nuestra idea de superar el juego por el simple hecho de lograrlo, para sustituirla por un ansia constante de conocimiento, de seguir avanzando, de resolver el misterio. ¿Qué ha ocurrido en la isla? ¿Qué es esa criatura? ¿Cómo puedo defenderme de ella? ¿Dónde se esconden los compuestos necesarios para la cura? ¿Me estará acechando ese ser entre los arbustos que pueden verse a lo lejos? Lo único que podemos hacer es jugar con las pocas cartas que se nos han dado, e intentar salir victoriosos. Si buscas una experiencia distinta, intensa y emocionante, tienes en Miasmata una parada obligatoria.

9

Excelente

Un título referente en su género, que destaca por encima de sus competidores y que disfrutarás de principio a fin, seguramente varias veces. Un juego destinado a convertirse en clásico con el paso de los años.