Assassin's Creed III
Assassin's Creed III
Carátula de Assassin's Creed III

Assassin's Creed III

Javi Andrés javi__andres

La Guerra de la Independencia Americana cuenta con una sombra que daga en mano influirá en la victoria y ha perseguido marcar la historia de los videojuegos de aventura para siempre. Ubisoft conecta el Animus al Assassin's Creed más ambicioso de todos, en un nuevo viaje en el tiempo que no está exento de asincronías.

Afilados records de venta, ágil desarrollo anual y un fuerte impulso en seguidores nacido a partir de los anteriores Prince of Persia para 128 bits. Una de las propiedades intelectuales más exitosas de la generación, amada y odiada pero jugando siempre con quizá la mejor ambientación histórica que se recuerde en videojuegos de mundo abierto, vuelve a sus viajes temporales. Assassin's Creed III, estrenado finalmente antes de la fecha prevista y ya en manos de miles de jugadores, es esa clase de proyectos donde Ubisoft gasta todo lo recaudado con títulos menores y realmente rentables, con la línea baja de compendios de minijuegos y conejos chillones, es uno de los trabajos más ambiciosos de la compañía de Rayman, una vez más cocido en su sede más prestigiosa, la de Montreal. Xbox 360 y PlayStation 3 conocen a Connor, el último nombre propio de esta trilogía con desglose, el nativo americano que se ve envuelto en la Guerra de la Independencia Colonial del siglo XVIII y cambiará el curso de la historia en su relación con los Templarios, siguiendo la estela de sus asesinos antepasados.

DreamScape

Si la época de las cruzadas y sus escenarios sirvieron para que se mostrase hace cinco años el funcionamiento de una revolucionaria tecnología llamada Animus de la mano del recordado Altair, los tres siguientes títulos se movieron en épocas como la fastuosa Italia del Renacimiento, Constantinopla o la Capadocia bajo la piel de Ezio Auditore, sirviendo la entrega más reciente, Revelations, como nexo de unión –a la par que de control- entre los tres personajes principales de la saga, Altair, Ezio y Desmond Miles, interconectando sus historias de pasado sanguinario, recuerdos de muerte y tragedias familiares en un final que, (Spoiler) a pesar de proporcionar esa revelación que su título prometía, dejaba con nuevas incógnitas tras una conclusión que de nuevo no cerraba la serie, sí la saga de Ezio, pero no la de Desmond, el hilo principal desde la primera entrega, dejando hilos narrativos abiertos. La historia del descendiente se quedaba además en un climax críptico para muchos, un cliffhanger verdaderamente radical que Ubisoft ha prometido que concluirá, pero no en la vieja Europa, ni en las exóticas tierras de Oriente. No en vastos y ricos palacios de oro y poder, ni en lujosas calles engalanadas con opulencia y codicia, sino en ese mítico nuevo mundo que fue, y ahora en la saga es, América. (Fin Spoiler)

La editora señalaba que cada número que se mostrarse tras el título de una nueva entrega significaba un cambio en el personaje principal. Tras Altair y Ezio, bajo el epígrafe de ese III romano se oculta no solamente uno, sino dos asesinos, un hombre y una mujer cuyas vidas se interconectan, cuyos caminos confluyen e intereses coinciden en la América colonialista. Pero la historia que acontecerá a la bella Aveline de Grandpé es territorio de PS Vita y Assassin’s Creed III Liberation. Esta entrega, la de sistemas de sobremesa y posteriormente PC, pertenece a otro nombre, a otra personalidad. A otro asesino aparte de su descendiente Desmond, que libra su particular destino en el presente y al que esta vez el jugador controla más que nunca en la serie. A Connor Kenway, nacido originariamente con el nombre Mohawk de Ratonhnhaké:ton, medio inglés medio nativo americano. La suya es una historia de venganza, de invasión, de dolor, de conquista y de pérdida, como la de Aveline.

De ver su tierra invadida, saqueada por un enemigo que quiere imponer su visión a fuego y sangre. Connor apenas conocía la libertad de un mundo en paz, virgen del progreso y la obsesión industrial europea. Un mundo en el que la naturaleza lo era todo para aquellos que vivían en armonía tribal con ella. Pero esta realidad ardió un día junto a su aldea, arrebatando todo lo que quería, dejándolo solo, sin más que su arco, su tomahawk y su instinto de supervivencia. Hasta que alguien le enseñó algo más que a ocultar su identidad bajo una capucha blanca; algo más que trepar por tejados sin ser visto; de matar sin dejar rastro. Le enseñó un credo, el de los Asesinos. Y le abrió las puertas de un grupo secreto que se convertiría en su vida, las de la Hermandad. Ese alguien se presenta a partir de la cuarta o quinta hora de juego, tras un sosegado prólogo que arranca el nuevo argumento en un espectacular primer asesinato en la Ópera de Londres, con un desconocido capitán como protagonista y primer personaje a controlar durante los primeros pasos. Y el fin del mundo corre en contra de los descubrimientos pasados ypresentes que hará un más entregado Desmond al unísono, más protagonista que nunca y con una nueva conexión con las Civilizaciones Primitivas.

Así comienza Assassin’s Creed III, que se hace un poco de rogar hasta llegar a poner en la piel de Connor en su niñez. La suya será una vida que, a diferencia de Ezio que se desarrollaba en varias entregas, se narrará en una sola según promesas de Ubi, presentando un arco narrativo principal que abarca nada menos que 30 años en la vida del protagonista desde sus pacíficos inicios, un enorme espacio de tiempo que da pie a establecer alianzas, confiar en gente cercana, pero también en ser traicionado, en encontrar amigos y aliados en enemigos, y recorrer una tierra muy distinta de todas las que se han visitado en entregas anteriores, con sus propias reglas y nuevas propuestas jugables. Una América que despertaba a su propia historia y se alejaba de la tradición virgen para ir formando sus primeras cicatrices, sometida a un profundo cambio político real como nunca volvería a vivir.

La historia de AC III se desarrolla paralela al nacimiento de Estados Unidos, en una sinergia con el habitual toque didáctico que lleva a conocer las batallas más célebres y los principales nombres propios del momento, como Paul Revere, George Washington, Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, para unos traidores, luego patriotas, combatiendo a un enemigo que no siempre viste los mismos colores pero que sí porta las mismas intenciones. La ambientación de época ha sido un distintivo de la serie, y regresa con su mejor exponente en esta entrega, que además ha ganado en riqueza de mecánicas, escenarios, personajes y exigencias, siendo una de las más completas también por su notable y ahora más duradera vertiente multijugador. Nuevos fondos pero la misma dinámica concretan un gameplay al que empiezan a notársele los años y que haya un juego de la marca cada doce meses. La historia de Connor aumenta todo lo establecido, pero también lo arrastra, y pesa.

Los saltos y las peleas a espada se vuelcan ahora mucho más con el sigilo, las armas de largo alcance, los saqueos, la caza de animales y, por encima de todas sus novedades y como gran sorpresa una vez comprobado lo bien que se desenvuelven, los enfrentamientos navales, en un Assassin's Creed que presta muchísima atención a las carabelas y el clima bucanero. Todas sus urebes son portuarias, otra vez inmensas y llenas de coleccionables que recoger y decenas de misiones secundarias para completarlo al 100%. Pero además, se han introducido frondosas zonas de campiña y acantilados, con toda una gama de movimientos tribales para poder hacer parkour por los árboles y espectaculares saltos de fe desde riscos con cascadas. AC III consigue enfrentar en un mismo juego naturaleza y urbanismo, mostrando los dos mundos que chocaron fuertemente entre 1775 y 1783. Más allá de fronteras y posesiones, la Guerra de la Independencia Americana fue una lucha de valores, de autóctonos de los bosques contra invasores del Viejo Continente.

Capcidad indígena

Connor (y los demás controlables) se mueve con fluidez y soltura, es quizá el asesino más ágilde todos, con un despliegue de animaciones bastante superior al deAltair y Ezio, ya que recicla muchas de las de sus antepasados y añadeotras tantas nuevas, adaptativas a cada zona y superficie. El diseño másvariado, curvo y diagonal de los entornos, con árboles, acantiladosirregulares o edificios de muchos tipos y formas, ha obligado a UbisoftMontreal a crear algunos gestos nuevos, como el apoyo de pies separadosen superficies torcidas y ramas en V, los saltos de longitud con carrerilla y elpersonaje encogido en el aire o los descuelgues con mejor encadenamientode agarres rápidos. Y, una vez más, les ha quedado de maravilla, lo que mejor; elprotagonista se mueve con naturalidad y verosimilitud, enlazando unaanimación tras otra y dejando al jugador la sensación de tener control yposición total sobre los escenarios, que también mantienen losestilizados diseños de Constantinopla, Roma, Venecia o Jerusalén, yesbozan además algo más de variedad en arquitectura y elementos aescalar o en los que esconderse, siendo bastante menos cuadriculados enpoligonado y con menos repetición de edificios, que también existe, claro.

La automatización de algunos pasos como ponerse a cubierto en cuclillas o apoyarseen las esquinas ayuda a esta movilidad con plena suavidad, es unresultado en pantalla muy estético y coherente, aunque con el mando enlas manos los que vengan de otras aventuras de acción sentirán que haymuchas ayudas para mover al personaje, hay situaciones que en pos delespectáculo y el realismo visual -impecable en la mayoría de áreasurbanas y callejuelas o sobre las copas de los árboles- sacrifican la posible exigencia de cálculos ypulsación de botones rápida habituales del género. Por ejemplo, lascarreras con algo de plataformeo, que está preconfigurado y no necesitademasiada concentración para hacer los saltos exactos, sino que bastacon pulsar el gatillo para que el personaje atine y apoye en los siguientes elementoso salientes. Este sistema de control para procurar mejorespectacularidad y fluidez viene de largo en la serie, desde la primeraentrega, no cambiando ni un ápice en ésta, lo que agradará al fan, alque no se le complica el movimiento constante y visualmente natural, solo estropeado por frecuentes bugs.

No se pierde con ello el tradicional manejo, encadenar los ágilesgestos de Connor entrelazando ataques, saltos, carreras y sigilo es unaexperiencia satisfactoria pad en mano, que se recupera de los cuatro ACprevios pero ahora gana ligeramente en credibilidad al mostrar en pantallamovimientos más orgánicos, que no contextuales, pues este asesino semueve igual trepando una fachada que un conjunto rocoso o las ramas deuna arboleda, se usan los mismos apoyos para todas las superficies, nocesa de expresar identidad y estilo a fin de cuentas. Casi todos los botones del mandosirven para distintos comandos, habiéndose revisado muy poco elesquema de combates, ni siquiera por las nuevas armas que entran en juego,de ofensiva a distancia algunas, como las pistolas y bayonetas, o el arco, todas ellas de apuntado automático con opción a manual. Se reuferzael sistema de contrataques y esquivos, que ahora tiene un peso clave enlos encuentros más multitudinarios, siendo lo que mejor funciona paraquitarse a unos cuantos guardias de encima pese a su superioridadnumérica y armamentística.

La Inteligencia Artificial enemiga deficiente es fundamentalpara entender las peleas en Assassin's Creed, que no son su mejor parteaunque tampoco llegan a establecerse mal. En esta quinta entrega denuevo nunca más de tres enemigos estarán atacando justo a la vez. Rodearán gruposnumerosos a Connor, sí, pero solo amedrentando, y turnándose para lanzarsus espadas, bayonetas o puñetazos. Hay muchos juegos de acción más ricos,ciertamente, y AC III los ha contemplado para coger ideas, qué dudacabe. Los nuevos protagonistas tienen mejores secuencias de combo, sabentirar de las armas rivales para usarlas en su favor contra los soldados yhacen un mejor uso de la pequeña y principal daga alojada en las muñecas. Cada mano tiene asignadas unas herramientas y armas, a escoger desde una rueda, y laspeleas gracias a esto llegan a un nuevo punto coreográfico que las hacedinámicas y realmente espectaculares, con la suficiente variedad yprecisión desde los mandos como para que el jugador lamente los errores yrepita los aciertos. A buen seguro son los mejores combates de la saga, más masivos pero con el timing habitual.

Pero pese a todo, evitar los enfrentamientos sigue siendo la mejorvía, y una buena forma de acceder a zonas súper vigiladas. Técnicas dedisimulo habituales como lanzarse y agazaparse en montones de paja, queahora también van en carros y permiten salir de las áreas de peligro másrápido, o colocarse en medio de un grupo de guardias o sacerdotes paraparecer arrestado o uno más respectivamente sirven a Connor paradesplazarse por el suelo, sin necesidad de recurrir a los siemprepeligrosos aunque cómodos tejados o a los nuevos túneles subterráneos, que aceleran atravesar la ciudad. Además, en vías de movimiento yactuación, este Assassin's Creed añade los interiores de multitud decasas y edificios, genéricos en diseño, pero que dejan atravesarmanzanas enteras casi sin peligro entrando por una ventana y saliendopor la de la finca contigua. También en el movimiento en el bosque haynuevas fórmulas de camuflaje, jugando con las formas de la naturaleza como arbustos o montones de nieve, pero siempre repitiendo los elementos, jugando con los mismos trucos.

El minimapa de la esquina inferior izquierda y todas las indicaciones ingame que despliega la conexión tecnológica con el Animus son fabulosas ayudasque el nuevo usuario tendrá que aprender a contemplar y el seguidordebe interiorizar, pues distan en algunos patrones de los HUD de loscapítulos precedentes. Hay más indicadores, también a medida que se avanza en la aventura, mejor organización de las tareas activas encada momento y los puntos objetivo, nuevos efectos para la disposiciónde la barra de vida y su más lenta autoregeneración, o un árbol de menús máslimpio y ágil, creador de directamente la mejor interfaz de todos losAssassin's Creed hasta la fecha, la más clara y manejable, de nuevo desde el menú de Pausa, aunque conexcesivas ayudas dinámicas por momentos durante las partidas, dejando poco a la intuición deljugador, que también puede desactivar algunas, no todas. Menos ayudas hay, sin embargo, a la hora de explicar las misiones y la forma de proceder, generándose sincronizaciones perdidas y reinicios desde el último punto de control sin que casi nos percatemos de a qué se debe. Y esto puede frustrar, aunque realmente estamos ante un juego poco exigente, y sin selectores de dificultad.

Hablamos de variedad de entornos, presididos por las ciudades, comola portuaria Boston o la Nueva York de la época y sus alrededores, yvariedad de elementos para el movimiento de Connor, pero no se puededestacar, viniendo de los anteriores juegos, un surtido de misionesdiferenciadas. Los encargos siguen marcando el esquema y el argumento,principales y secundarios, muchos de ellos ya recurrentes y conocidos-ve, escucha, mata y vuelve- añadiendo algunos retos que se disparan por elcamino -como recoger las hojas de los almanaques de Franklin- y pueden distraer, o, cómo no, las batallas navales, un girohacia la acción en enormes veleros que recoge el testigo de las anteriorescarreras de caballo y otros momentazos que aportaban variedad a la dinámica de juego de la serie. De hecho, esta aventura no tarda en trasladar al jugador hasta un barco,manejando a un desconocido personaje que protagoniza todo el largo prólogo, más descafeinado que el resto del juego...

Arboledas y carabelas

Así es la América de finales del XVIII, una tierra virgen a la que le llueve el contraste con la invasión europea. Los escenarios naturales y los marineros son las dos grandes señas de distinción de este Assassin's Creed III, siendo las esenciales ofertas a la innovación, pues el groso del juego sigue manteniendo la mecánica habitual de hablar con NPCs para que se active una cinemática y éste encargue algún trabajito, no necesariamente asesinatos sigilosos, sino también escuchar una conversación, liberar rehenes y protegerlos, desatar un alboroto en una zona, robar algo, quitar carteles, y todas esas misiones ya bien conocidas tras cuatro entregas. Pero lo que decíamos, ahora el entorno virgen que suponen los valles y cañones de la América indígena, o la alta mar y las batallas de veleros son buen aire fresco para la serie, un cambio necesario que no se ha insertado mal aunque quizá no con tanta presencia como debería.

Connor podrá cazar animales. Para ello tiene herramientas como trampas, cebos o el indiscutible arco. Además tendrá que gestionar otros deberes como procurar la mejor calidad de vida para su pueblo en una situación de guerra civil como ésta, buscando tiendas y mercaderes que puedan conseguir madera y otras materias primas para que las caravanas de ayuda y comercio -reportan beneficios- hacia la reserva lleguen lo mejor posible, o dificultar el paso a soldados británicos. El clima constante de tensión y agresión está bien trasladado al jugador, que no solo tiene que seguir los mandatos de la Orden de Asesinos para ir dando forma a una mejor Historia sino que también tiene que saber estar pendiente de algo más que esta serie de trabajos, ayudando en tareas que pueden parecer de menor calibre pero que sin lugar a dudas ayudan a la sincronización total de Animus, ahora muy bien premiada y con motiviación a lograrla realizando cada misión con los 2 o 3 puntos extra a realizar, como acabar antes de un tiempo determinado, no recibir daños, asesinar a X por el camino, etc.

La rueda de herramientas es desde donde se gestiona con qué equipar a Connor y la forma de cazar que usará, que también puede ser a espada, daga y pistola por supuesto. El apuntado manual, con una retícula circular y destacando los objetivos en blanco gracias al interfaz constante del Animus, sirve para la caza y demuestra mejor que en ningún otro terreno que no está todo lo bien resuelto que cabría esperar el control de las armas de fuego y a distancia. La recarga lenta es quien las hace incómodas de usar, prolongando mucho los tiempos que pierde Connor en colocar nuevas balas o flechas en el armamento, también la escasez de todas éstas; Assassin's Creed no ha querido parecerse en nada a un shooter, ni lo más mínimo. Es tosco en este aspecto, y no se libra tampoco aquí de bastantes bugs y rarezas.

Las tiendas y las libras para gastar tienen bastante presencia esta vez, invitando al jugador a saquear cada cadáver en busca de objetos, munición o dinero, también llaves de puertas cerradas o manuscritos que robar para obtener mejores pistas. La lástima es que en la exposición de las tiendas y los vendedores ambulantes se vuelve a abusar de solo un par o tres de diseños, encontrándose en distintos puntos el mismo carruaje con el mismo tendero, lo que también ocurre en los montones de paja para caer tras saltar desde una atalaya tras haber usado la sincronización de vista general del mapa. Esto ha venido siendo siempre así, y no se ha cambiado en absoluto en esta quinta entrega. Sí, las atalayas o los ciudadanos pidiendo ayuda y que recompensan con libras están también en AC III, aunque los mástiles de las embarcaciones ancladas son una nueva torre de gran altura que recuerda siempre el espíritu marinero de esta entrega, dando cancha a la otra gran novedad y el punto más fuerte en lo que a resultado técnico se refiere: las batallas navales. Las armaduras van cambiando de apariencia, pero no sus atributos, lo que no expresa del todo la sensación de un Connor que mejora y de desarrolla.

Para ir a nuevas zonas costeras de los todavía futuros Estados Unidos, Connor aprenderá a enrolarse en tripulaciones y acabar capitaneando los barcos. Pero los mares norteamericanos de la época eran temibles arenas de batalla, un entorno hostil donde piratas y anticoloniales también intentan acabar con los grandes veleros europeos. Así, pudiendo timonar los enormes buques y con toda la tripulación a su servicio y preparada ante los cañones, el protagonista tendrá que colocarse en la mejor posición lateral para que las balas hagan su misión, incendiando las embarcaciones enemigas y una vez destrozadas, asediarlas en unos interesantes abordajes a pie con todos los marinos peleando a espada al mismo tiempo y donde se puede trepar por cualquier sitio del barco para acabar con todos los invadidos. Las enfuercidas o calmadas aguas, la fuerza del viento y la rapidez con que se mueva la tripulación marcan un gameplay apasionante gracias a su impresionante resultado gráfico -lo mejor del juego en todas sus versiones- y el comportamiento físico, que casi deja notar como empuja el vieto o la dificultad de manejar desde un timón estructuras de madera y cuerdas gigantescas como fueron estas carabelas.

Todo funciona por Secuencias en AC III, teniendo cada una diversos apartados que completar con mayor o menor sincronización con el Animus, pieza esencial de la marca y aquí todavía más protagonista. La duración del juego es la estandar en la serie, no bajará de las 13 horas para una primera vuelta y se va a muchas más si se quiere conseguir el 100%, siempre indicado en toda la gran lista de estadísticas y baremos que se pueden consultar en cualquier momento y hasta comparar con otros jugadores. Las batallas más célebres de la Historia Americana tienen presencia en el juego, dejando además algunos de los puntos más fuertes de su propuesta, tanto a nivel técnico como jugable y emocional. Pero cuenta con un gran handicap, arranca demasiado lento, con tres secuencias introductorias que no expresan lo que el resto del juego y están realmente a un nivel inferior a lo que el manejo de Connor es capaz de recoger, tanto en variedad como inspiración.

Las misiones secundarias, minijuegos, y retos de los distintos clubes son otro factor importante en AC III, que expande muchísimo su duración con todo esto. Desde partidas a un primitivo tres en raya hasta peleas cuerpo a cuerpo desarmados contra oficiales, búsqueda de criaturas gigantescas, de cofres, o carreras contrarreloj por los tejados, recompensas por caza... Hay una variedad intensificada en todo lo opcional del juego, aunque mucho ya se ha vivido en los anteriores, hace del título una potente apuesta sandbox, aunque ésta no se abre del todo hasta la sexta y séptima secuencias. Además, es mencionable que en el desarrollo de la aventura central singleplayer se encuentra con importantes altibajos, también dramáticos y secciones que parecen más de relleno. Además tiene detalles que pueden no gustar, como que los barcos dañados se reparen automáticamente al llegar a puerto, que el caballo se controle fatal en los campos debido al atasco con todo, o que la detección de los enemigos cuando se quiera pasar desapercibido a veces actúe de forma aleatoria. Pero si se le sabe perdonar esto, Assassin's Creed III no es ninguna decepción jugable y argumental, con buena variedad y presentación, sin embargo con un desajustado apartado gráfico que además se diferencia mucho esta vez entre versiones.

Un vasto y precioso universo... de bugs

No es descabellado decir que Assassin's Creed III es el episodio más grande, cuidado en entornos y rico en aspecto gráfico de toda la serie. Sin embargo, tampoco es descabellado tacharlo como el que más bugs visuales y físicos presenta, llegando a mermar la jugabilidad con situaciones de atasco, objetivos que desaparecen o se comportan de forma extraña, armas que no disparan... Cada partida es un mundo, pero con mala suerte puede resultar realmente frustrante, casi ningún jugador se quedará sin ver alguno de estos errores de programación en su pantalla, como ya se ha podido constatar en los foros de MeriStation entre usuarios que ya lo juegan. Armas que se quedan flotando, clipping alarmante en los comportamientos de los cuerpos caídos, animales que desaparecen o tuercen sus extremidades, IAs aliadas que no responden del todo bien, etc. Tanto en PlayStation 3 como Xbox 360 esta obra tiene una considerable cantidad de errores de este tipo, debido también a la magnitud del universo que pone en pie y el descomunal nivel de detalle, elemento e interacciones, con un mundo rico y con aglomeraciones humanas y animales.

La sensación de caminar realmente entre frodosa jungla virgen o ajetreadas calles es ahora mayor que nunca, trayendo además riqueza de situaciones y variedad en los acontecimientos, con el Assassin's Creed más avanzado de todos en este sentido y el que mejor transporta a otra época. Al igual que el más avanzado en diseño de mapas, con mayor sensación de naturalidad y formas orgánicas, así como montones de sitios por los que subirse, esconderse o que aprovechar y todo ello con un asombrosos nivel de detalle y apenas pérdidas del framerate. Ahora bien, estamos ante un caso especial que en PlayStation 3 y Xbox 360 presenta resultados muy dispares, siendo la máquina de Sony la que en esta ocasión se galardone con el mejor apartado visual frente a una edición para la máquina de Microsoft que recurre a algo de tearing o dibuja peor los efectos meteorológicos como la niebla. Precisamente los efectos climáticos y los ciclos día-noche son otro gran acierto técnico de AC III, llevados más allá con nevadas y tormentas marinas inolvidables.

El popping es pronunciado en ambas versiones, especialmente en algunas partes concretas de las ciudades donde el número de polígonos puestos en pantalla y las aglomeraciones de personas marcan históricas estampas, algunas de guerra, con cientos de IAs corriendo en todas direcciones o interactuando en luchas contra soldados, que también vienen en grupos muy numerosos ahora. Las animaciones animales pueden resultar algo bruscas también, o detalles como la capa del personaje montado a caballo, que directamente desaparece mezclándose con el cuerpo del equino. También se ha recortado la distancia de dibujado en el horizonte, especialmente en vistas desde puntos altos. Hay bastantes incongruencias de este tipo o pequeños descuidos, que estropean una presentación espectacular y grandilocuente, realmente venida a menos por estos pequeños desajustes visuales y de comportamientos físicos inverosímiles.

A cambio, todo el espectro sonoro del juego es abrumador, dejando claro que Ubisoft ha vuelto a manejar una superproducción de las más grandes de la generación y todo un archivo documental de recreación histórica, con un enorme reparto de voces para el perfecto doblaje total al castellano, músicas originales de la BSO que se rescatan de piezas compuestas de la época, sonidos y ambiente social envidiablemente recogidos, frases arcaicas... Poco se le puede criticar a Assassin's Creed III en el sonido, si acaso, una más que exagerada desincronización labial en la versión en castellano, que nos enseña a menudo a personajes moviendo la boca directamente en silencio. Pero es una mimiedad al lado del magnífico resultado de audio logrado.

Más de un asesino

Assassin's Creed añade a su Campaña central toda una gama de modos multijugador, la mayoría rescatados de los anteriores episodios y con un gameplay similar al que se perfiló definitivamente en La Hermandad, pero ahora hay muchas más opciones de personalización, héroes a elegir, perks, armas, habilidades especiales... Deathmatch parece que seguirá siendo el modo más concurrido en partidas, aunque ahora trucos a equipar como la nueva habilidad de desaparición casi total -buenísima- o la bomba de dinero capaz de lanzar a una muchedumbre contra el enemigo hacen a los encuentros más emocionantes. También en Dominación habrá que enfrentarse por equipos para tomar zonas, y aquí otra de las 10 perks disponibles hace más intensos e imprevisibles los duelos, como el poder para convertir NPCs en nuestra misma apariencia, creando clones de nuestro personaje por el escenario y que despistan al adversario que nos quiere dar caza.

16 personajes de los dos bandos del juego pueden ser de momento llevados hasta mapas inéditos que, eso sí, se inspiran en las localizaciones de la Campaña principal, tanto en zonas urbanas como los astilleros de Boston o la zona central de Nueva York como en parajes selváticos, plantaciones de algodón o riscos nevados. Además, las armas con que entrará en combate cada personaje varían, con una búsqueda del equilibrio clarísima al no dejar a ninguno por encima de otro. También en cooperativo podremos hacer frente a distintas hordas junto a otro usuario, con una cuenta atrás y siguiendo los cánones de los principales modos multijugador de hoy. Ubisoft ya ha confirmado que habrá varios DLCs que ampliarán esta parte del juego, alojado en el segundo HD-DVD en la versión de Xbox 360. No es una revolución en mecánicas ni en la serie, pero sí una evolución en cuanto a posibilidades, sistema de experiencia y absorción de las tendencias actuales en el formato online. No consigue acercarse a Call of Duty, Halo y demás multijugadores de éxito, pero mantiene el tipo con esta adición para prolongar su vida útil y dar cabida a las expansiones descargables.

LO MEJOR

  • Mejor que nunca, la ambientación histórica.
  • Las batallas navales.
  • Paisajes preciosos azotados por deslumbrantes efectos climatológicos.
  • Las partes con Desmond, interesantes y diferenciadas.
  • Cientos de secundarias, clubes, caravanas, caza, pequeños puzles, carreras...
  • El apartado sonoro.

LO PEOR

  • Montones de bugs y errores de física.
  • Arranque muy lento repleto de tutoriales y largas presentaciones.
  • La IA enemiga en combate.
  • Distancia de dibujado recortada respecto a anteriores AC.

CONCLUSIÓN

Ha sido y será uno de los nombres del 2012, Assassin's Creed III, un superventas que va a devolver a Ubisoft la confianza que estaba perdiendo una saga tan querida como ésta, con entrega anual y que empezaba a caer en la repetición. No se aleja de sus directrices, no hay cambios radicales en este nuevo episodio numerado, sin embargo, sí hay añadidos, bastantes, y bien expuestas en pantalla a la par que bien resueltas desde el mando. El que probablemente sea el AC más cargado de bugs de todos, es también el más grande, rico en contenidos, mejor ambientado, cuidado y variado, superior al valorado La Hermandad. Arranca muy lento y sin reflejar lo que esta historia guarda verdaderamente a partir de la sexta y sépitima Secuencias, un absoluto sandbox donde la naturaleza y sus formas toman el papel protagonista. La América recién colonizada ha acabado siendo un poderoso marco para poner en pie una historia interesante y fiel que además tiene vibrantes sorpresas escondidas y una decidida mirada al mar para acoger otra de sus principales novedades, las batallas navales.

Lo mejor de este juego a nivel técnico lo regalan las gestas marinas que los enormes buques y sus cañones permiten. El jugador tiene en este AC III diferentes opciones además de los tradicionales saltos por tejados y asesinatos con menor o mayor sigilo, se ha agrandado en todos los campos. Señas de identidad de la marca como combates multitudinarios pero con una IA no demasiado espabilada, o la majestuosa ambientación reaparecen en esta entrega, una vez más repleta de desafíos y encargos secundarios para que completarla contemple un buen número de horas de juego. Por supuesto, no le falta una puesta al día en su multijugador, que sigue las directrices actuales y busca posicionarse al lado de los grandes nombres de este formato en red, sin conseguirlo y sin originalidad, pero con una propuesta notable y que se agradece como ampliación.

Su siempre grandiosa presentación deja claro que Ubi sabe la IP que maneja, sobre todo a nivel audiovisual. El apartado sonoro es sencillamente sobresaliente mientras que el gráfico se queda algo por detrás por el mero hecho de tener bastantes detalles y errores sin trabajar del todo, síntoma de los tiempos apretados que se manejan en la sede de Montreal para dar forma cada año a una nueva entrega de la saga. Connor acaba de convertirse en el perfecto descendiente de los queridos Altair y Ezio, pero además lleva a Desmond Miles hacia una dirección que dejará boquiabierto al seguidor, que puede ir despidiendo el formato de esta marca claramente en su clímax argumental. Más tiempo de desarrollo y algo más de originalidad respecto a sus precursores le hubieran servido para hacerse de una vez una obra imprescindible, y no que vuelve a quedarse en must have bien hecho pero solo para los incondicionales. El curioso que quiera descubrir Assassin's Creed ahora, con este juego, puede verse desbordado por los bugs y su rocambolesca historia de anacronías y viajes en el tiempo.

8.5

Muy bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.