Medal of Honor WarFighter
Medal of Honor WarFighter
Carátula de Medal of Honor WarFighter

Medal of Honor Warfighter

Salva Fernàndez salbaFR

Medal of Honor Warfighter es la apuesta de EA para la lucha en el terreno de los juegos de acción en primera persona. Una nueva propuesta de guerra moderna para PC, PS3 y 360 con el añadido de usar el archiconocido motor Frostbite 2.0.

Los juegos de acción en primera persona dominan el cotarro de la presente generación, de eso no hay duda. Call of Duty Modern Warfare cambió las reglas del juego, y eso se ha notado en cinco años donde han sido muchos los que han intentado conseguir su éxito o aprovecharse de su fórmula. Una de las últimas propuestas que recoge la esencia bélica de los FPS actuales es Medal of Honor Warfighter, la nueva iteración de la archiconocida saga de EA que sale a la venta esta semana en Playstation 3, PC y Xbox 360 con la intención de mejorar el sabor de boca que supuso el retorno de la serie hace ya algún tiempo.

Medal of Honor ha sido una franquicia que siempre ha estado enfocada en las confrontaciones históricas que la humanidad ha vivido. Nunca se había salido de emplazamientos clásicos como la Segunda Guerra Mundial, hasta que la actualidad mandó de tal manera que no había otra cosa que hacer. Así se fraguó el retorno de Medal of Honor al mundo de los videojuegos con una propuesta que se alejaba de lo que la franquicia había hecho siempre. Al igual que Call of Duty, pero tres años más tarde, la saga de EA dejaba atrás las batallas históricas para meterse en un contexto actual. El juego no destacó demasiado a pesar de tener el multijugador de la mano de DICE. Ahora, aprovechando el intervalo que parece que se quiere dar la compañía con Battlefield, llega Warfighter.

El ritmo que marca Call of Duty es tremendo. Cada año sale una nueva entrega y cada año rompe previsiones de ventas. Es el gran juego de acción en primera persona que a nivel mainstream se espera destrozar durante doce meses. Y volver a empezar. Intentar colarse en esta rutina es complicado. EA no quiere anualizar Battlefield, y eso se ha traducido en intentar batallar con ese gigante rival de Activision con otra arma como es Medal of Honor. No es oficial, pero parece que tanto la serie de DICE como esta franquicia que nos ocupa irán repartiéndose los años para intentar asaltar a Call of Duty. El principal problema es que en este caso, Medal of Honor no consigue tener los altos valores de producción de Battlefield 3 (sobre todo en PC) ni tampoco diferenciar su propuesta de la de Activision como sí hicieron, con matices y concesiones, en DICE.

Detrás del proyecto Medal of Honor Warfighter se encuentra Danger Close Games, una compañía que ya trabajó como Dreamworks Interactive en dos juegos de la serie Medal of Honor para Playstation. Formando parte de EA Los Angeles estuvieron trabajando en diversos juegos de la serie para la pasada generación de consolas, además de estar en proyectos como Goldeneye Rogue Agent, Comand and Conquer: Red Alert 3 o el modo para un solo jugador del anterior Medal of Honor. Experiencia con los FPS la tienen, aunque el resultado final de este Warfighter sigue estando lejos del resultado que tanto anhelan con la franquicia que fue referente en momentos del pasado. Warfighter, vaya por delante, es otro FPS bélico más con una falta de alma y personalidad clara.

La guerra moderna
La campaña principal de Medal of Honor: Warfighter se desarrolla en la época moderna, con conflictos relacionados con los Estados Unidos y zonas candentes hoy en día como puede ser Somalia y el terrorismo que todo lo cubre desde los famosos atentados de hace más de una década en las torres gemelas. La propuesta argumental cuenta con dos vertientes a tener en cuenta. Una de ellas son las misiones que vamos realizando en la piel de distintos personajes y en localizaciones de lo más variadas. La otra es la de un protagonista que tiene como objetivo, una vez dejada la marina, ir a Madrid a intentar salvar su matrimonio. Aunque en la capital de España pasará algo que nos es familiar y que para quien quiera buscarle tres pies al gato seguro que tendrá polémica. Las misiones se ambientan en eventos reales que han pasado durante estos años, un añadido a tener en cuenta.

Bajo este prisma nos moveremos a lo largo de más de doce misiones intercaladas por cinemáticas y explicaciones de diversa índole. Empezamos en un muelle en el que debemos poner una carga explosiva en un vehículo y marcharnos. Lo que parece ser una misión sencilla se acaba complicando debido a otras explosiones secundarias que no forman parte de nuestro plan. A raíz de esto se desarrollará una trama argumental llena de tópicos y de momentos previsibles que, además, no acaban de estar bien narrados entre las misiones. Excusas para poder disparar y matar a mansalva durante una serie de capítulos que no nos durarán demasiado. Siendo generosos podemos acabar la campaña principal en unas seis horas.

Todo ello bajo una base de juego conocido por todos. Hay dos vías más o menos aceptadas a la hora de realizar una campaña para un FPS. La que nos ocupa está totalmente relacionada con la moda Call of Duty, iniciada con Modern Warfare. Campañas en las que el jugador además de disparar y avanzar hacia delante, es también espectador de toda una serie de acontecimientos que pasan a su alrededor. Palomitera y hollywoodense. Así es la campaña de Medal of Honor: Warfighter. Llena de impactos, pero plana y sencilla. Avanzar de un punto a otro sin salirse del camino, limpiar las zonas de los enemigos y terminar la misión de turno.

El sistema de juego es fácilmente reconocible por todos. Tenemos un control del personaje casi total en el que se nos permite además de disparar, movernos y tirar granadas, realizar acciones como correr, saltar, agacharnos o tumbarnos directamente en el suelo. Nuestro control se hace ágil a la vez que realista (cambiar de pie a tumbados no se hace en un santiamén, sino que tiene más similitudes con Battlefield 3). También existe la posibilidad de asomarse en las coberturas pulsando un botón, algo que facilita el movimiento estando a cubierto. Con estas herramientas iremos moviéndonos de un punto a otro del escenario según las órdenes de cada momento en espacios cerrados, sin casi nada que se asemeje a  grandes batallas abiertas. Limpiamos una zona, nos encontramos con un script que muestra la destrucción de X estructura y seguimos por el camino. Espectáculo pirotécnico. Y disparos.

Los enemigos no ayudan a ofrecer una experiencia mucho mejor en este sentido, ya que la inteligencia artificial bajo la que funcionan es de lo más básica. Se esconden y nos disparan siempre desde el mismo lugar, sin aportar ningún patrón que nos haga sentir que no estamos con el clásico tiro al pato. Esto se combina con algunos errores evidentes que pueden empañar la experiencia, como ver que un enemigo decide salir de su cobertura para bajar rápidamente unas escaleras ante nosotros y tres compañeros más. Poco inteligente por su parte. Lo cierto es que aunque la IA de este juego sea similar a la de otras propuestas en las que prima avanzar y disparar y visualizar el espectáculo, no deja de ser pobre en comparación a patrones mucho más trabajados que permitan tener delante un reto mayor.

Entre las particularidades de la campaña principal encontramos, eso sí, diversos elementos que dan un toque único –y espectacular- a nuestro avance. Un ejemplo lo tenemos en la variedad de mirillas que podemos usar, ya que podremos tener una mirilla de corto alcance u otra más larga según nuestros deseos y como nos sintamos más cómodos. Además de poder combinar este elemento, hay algún otro como los asaltos cuando llegamos a una puerta que tienen su enjundia. Llegamos a una puerta sin saber lo que hay detrás y nos preparamos con el equipo para entrar a la habitación de turno. 

En ese momento podemos decidir como entramos con una serie de objetos que vamos desbloqueando a medida que mejoramos nuestras acciones. Al entrar previa granada cegadora se inicia una secuencia con tiempo bala en la que machacamos a los enemigos. Si por ejemplo nos cargamos a cuatro con tiro en la cabeza, desbloqueamos la opción de entrar con otra arma, como una hacha. Según nuestra habilidad podemos desbloquear bastantes objetos que nos ofrecen variedad de situaciones para asaltar por sorpresa a los enemigos. Es importante tener en cuenta en esta situación que si no somos rápidos matando en el modo tiempo bala nos pueden freír, sobre todo en dificultades mayores.

La campaña cuenta con muchos otros elementos que intentan hacerla variada e intensa. No faltarán los momentos en los que tenemos que usar un francotirador para ayudar a nuestros compañeros, así como tampoco el uso de algún que otro vehículo como una pequeña pieza tecnológica que va a cuatro ruedas y que sirve para inspeccionar el terreno o sorprender desde ras de suelo con disparos y lanza granadas a los enemigos que vayamos encontrando a nuestro paso. Situaciones de lo más variadas que llegan en pequeños impactos para ofrecer experiencias distintas con las armas. Además de tener nuestras propias armas y sus particularidades –mirillas diversas, silenciadores…- podemos recoger las armas enemigas con la particularidad que no sustituyen a nuestro arsenal, sino que una vez nos cansamos la tiramos al suelo y seguimos con la nuestra. Por último, otro de los elementos destacados del juego es que la munición, si escasea, se puede pedir a nuestros compañeros y recargar así con facilidad.

El principal problema de la campaña es que no nos ofrece ningún elemento que nos sorprenda a día de hoy, ni por la propuesta jugable que propone ni tampoco por impactarnos con algo realmente asombroso. La campaña es intensa, tiene momentos que nos vamos a sentir en una auténtica guerra disparando a diestro y siniestro, pero más allá de esto es otra campaña más de corte bélico ambientada en una guerra moderna. Casi todo lo que hacemos en el juego ya lo hemos vivido en algún otro juego, no pudiendo sacarse de encima el sabor de ser algo genérico en cuánto a propuesta y experiencia general. Divertida, pero simple.

Seguramente lo más destacado en el transcurso de la campaña –y por ende en lo que vemos también en el modo multijugador- tiene que ver con el arsenal de pistolas, metralletas y cañones pesados con el que nos moveremos. La verdad es que la reacción de las armas se hace bastante realista y acertada, algo que se agradece. Veremos como las metralletas no son infalibles y que tienen un retraso a tener en cuenta a la hora de disparar de manera seguida, o como el francotirador tiene en cuenta elementos como la caída de la bala. Dicho de otra manera: Si disparamos a un enemigo que está muy lejos y no le damos es porque la bala en el camino va decayendo en trayectoria, por lo que tenemos que cubrir este margen apuntando algo más arriba. Es gratificante el uso de las armas y sus posibilidades por la reacción que tienen a nuestros mandos.

Campo de batalla
Lo más interesante de Medal of Honor Warfighter se encuentra en el multijugador, una de las bazas más importantes de los juegos de acción en primera persona que hay hoy en día. Sin ello el juego no podría ofrecer nada demasiado interesante teniendo en cuenta que la campaña dura un suspiro y poco más que eso. Estamos ante un juego que intenta competir sin la ayuda de DICE en el multijugador, algo donde de momento tanto la saga Call of Duty como Battlefield van por delante con sus propuestas. Aunque en el caso de Medal of Honor se haya intentado coger un poco de cada uno de ellos, pero sin llegar a ofrecer algo que realmente pueda competir con los dos gigantes citados anteriormente.

La realidad que tiene que ir por delante es que ni hay una gran cantidad de mapas -se espera que se amplíe mediante DLC- ni estos ofrecen gran variedad de situaciones. En otros juegos según la modalidad que usemos los mapas parecen ser otros completamente, algo que no pasa en este Medal of Honor. El juego distribuido por EA ofrece mapas bastante pequeños en tamaño y con una estructura marcada por los pasillos y las zonas de cobertura constantes que no son la mejor elección para según qué modalidades. Se ambientan en distintas ubicaciones y emplazamientos, pero el desarrollo de las partidas dentro de ellos son bastante similares, con tiroteos constantes y muertes y poco descanso debido a lo pequeños y marcados que son.

La sorpresa llega con las modalidades de juego, que son de lo más variadas y que toman elementos de todo tipo de juegos. Desde el clásico deathmatch a otras propuestas como capturar la bandera, mantener una zona concreta, un equipo asalta y otro defiende tipo Battlefield, modalidad de cumplir objetivos concretos (aquí es donde más falla el diseño de algunos mapas), el modo asalto llegado directamente de Battlefield y otros originales como el propio Home Run que se presentó en una de las últimas ferias: capturar la bandera sin poder renacer y con propias normas que le dan un toque menos loco y más estratégico. Todo funcionando a un gran rendimiento, sin lag apreciable de momento y con hasta veinte jugadores en partida.

Lo que más destaca del multijugador de Medal of Honor es la capacidad para obligarnos a cooperar con otro jugador casi por obligación. Podemos jugar solos, sí, pero la gracia está en saber compaginar nuestros avances con la de otro compañero de trabajo. Jugar en equipos de dos nos permite tener munición a mano, renacer al lado de nuestro compañero de fatigas y conseguir más puntos a medida que vamos cumpliendo con nuestras obligaciones en el campo de batalla. Junto a esto destaca también la gran cantidad de elementos de personalización, con una gran variedad de facciones (una docena de Tier 1 con una decena de naciones distintas) y distintos niveles de perks o apoyos que podemos ir consiguiendo, como helicópteros, armas, equipamiento… entre todas las combinaciones tenemos decenas de posibilidades gracias también a la personalización de armas. Variado y al gusto del consumidor.

Apartado técnico
Medal of Honor Warfighter se anunció entre otras cosas con el motor Frostbite 2.0 como principal elemento visual a tener en cuenta. Se trata del motor que sirve para dar vida a Battlefield 3 por ejemplo, algo que puede parecer una garantía. Pero a la hora de la verdad el juego no acaba de convencer en el apartado técnico. Tiene elementos muy vistosos y destacados –en consola nos pidió instalar 1’7 gigas para verlo todo de manera potente, y la diferencia si no lo hacemos es más que notable- pero en términos generales la sensación es que no se aprovecha el motor de DICE como se debería. La destrucción de escenarios, uno de los elementos clave de Frostbite, tiene poca incidencia tanto en campaña como en el modo multijugador, y en el primer caso se limita más a momento scriptados que a elementos que afecten jugablemente. La verdad es que en este sentido no se consigue lo que se deseaba.

Dicho esto, cierto es que hay elementos espectaculares en explosiones, derrumbamientos y otros elementos de este tipo. Técnicamente el juego cumple, pero sin alardes, ya que tanto los personajes como los escenarios podrían tener muchos mejores detalles a nivel de texturas y a nivel de carga poligonal en general. No llega a las cotas de Battlefield 3 en comparación con ninguna de las versiones. Ni en PC es mejor ni en consolas tampoco. Además, elementos como el clipping o texturas a baja resolución nos las encontraremos más de lo habitual, sobre todo en el multijugador donde el acabado técnico no es tan pulido. Si a esto añadimos que los mapas no son para nada amplios como en el caso del juego de DICE, el resultado es que se ha desaprovechado un motor potentísimo aunque el resultado sea más que correcto.

La banda sonora está marcada por la épica y el toque bélico que intenta dar, con acierto, en los momentos que hace acto de presencia. Lo que más destaca en este sentido son los disparos, explosiones y demás elementos especiales que tienen mucho empaque y nos meten de lleno en el fragor de la batalla. Es uno de los apartados cuidados del juego, al que se le añade la buena noticia que llega traducido no solo en textos y menús, sino también con voces. Íntegramente en castellano, algo interesante sobre todo en campaña donde se nos irán dando órdenes y comentando cosas que debemos tener en cuenta. Eso sí, en el multijugador hay algunos fallos de sonido, como armas que no suenan como deberían y ausencias de sonido puntuales.

LO MEJOR

  • La respuesta realista de las armas
  • El sistema de cooperación del multijugador
  • Completo y variado en personalización del personaje para el multi

LO PEOR

  • Campaña genérica, tópica y muy corta
  • IA enemiga muy mejorable en patrones y con ciertos errores
  • Frostbite 2.0 desaprovechado, puede dar muchos más de sí como se ha visto en otros juegos
  • El diseño de los mapas en general, excesivamente cerrados y pequeños, no adaptados a según qué modos

CONCLUSIÓN

Medal of Honor Warfighter es otro juego de acción de corte bélico que no consigue destacar entre la gran cantidad de juegos de este tipo que ocupan el mercado actual de videojuegos. Nos encontramos ante una propuesta que tiene por un lado una campaña sin carisma, usando patrones genéricos en argumento, desarrollo y mecánica de juego. Además, dura un suspiro (5-6 horas) y ofrece errores marca de la casa en este tipo de campañas: IA enemiga puesta en duda, pasillero, scripts por doquier… Eso sí, tiene algunas mecánicas y situaciones originales y bien implementadas. Junto a ello tenemos un multijugador con elementos interesantes como el trabajo cooperativo o la gran personalización de personaje y clase de soldado, pero que queda empañado por unos mapas demasiado cerrados que no acompañan en según qué modalidades. En todo caso, un multijugador divertido que puede convencer a jugadores que busquen algo a caballo entre Call of Duty y Battlefield, pero con menos ambición y más discreto en general. El juego funciona con el motor Frostbite de Battlefield, pero no aprovecha las bondades vistas en Battlefield 3 (sobre todo en PC) aunque cumple con su cometido.

6.5

Correcto

No es lo último ni lo más original, tampoco cuenta con la mejor ejecución, pero puede divertir si te gusta el género. Bien, pero mejorable.