El E3 de la crisis
Llega el E3 2012, una feria donde los rumores sobre las teóricas nuevas consolas son protagonistas. Es poco probable que PS4 y Xbox 720 hagan acto de presencia, así que todas las ilusiones sobre hardware se depositan sobre Wii U. Y a la nueva consola de Nintendo se deben sumar los títulos que cerrarán la generación. ¿Un E3 como broche de oro?
Cuando hace un par de años los expertos economistas nos avisaban que la recesión iba a ir para largo, no nos lo creímos del todo. Al menos el que suscribe tenía la velada esperanza de que la bonanza económica volviera a hacer acto de presencia para hacernos levantar el vuelo de la maltrecha sociedad española, justo a tiempo antes de que los videojuegos empezaran a hundirse también con el resto del barco. Sin embargo estaba equivocado.
Es ahora cuando vemos que la salida de este pozo está mucho más lejos de lo que esperábamos, y los recortes ya son la menor de nuestras preocupaciones. Aquí y allá se cierran compañías, revistas, editoras… Parece que los videojuegos ya han dejado de ser ese pequeño gran oasis en mitad de un desierto cada vez más árido. Al menos eso es lo que parece que ocurre en nuestras tierras, ya que mientras tanto en la ‘soviet Russia’ de los videojuegos, donde el ‘yo la tengo más grande’ es el pan de cada día, se prepara un E3 devastador, espectacular y ¿definitivo?
Se habla de nuevas consolas, renovación en el concepto de entretenimiento virtual, revolución jugable a todos los niveles… Pero yo prefiero pensar fríamente y esperar, como dice Manolo Lama en FIFA 13, “poco, muy poco o nada”. Me explico. Tal y como están las cosas resultaría demasiado arriesgado lanzar nuevas consolas durante este año y casi el que viene. No está el horno para bollos. Más bien es tiempo de tratar de maximizar el retorno de inversión en la presente generación de consolas con nuevas maneras de negocio. Por eso precisamente se está hablando de la ‘famosa’ Xbox 360 a plazos ya confirmada para EE. UU, la posibilidad del juego en la nube para Playstation 3 y de la potencia de Wii U -se trata de una máquina hija de su tiempo, que busca reducir costes y fijar un precio bajo de salida-.
Nintendo busca atrapar al público con algo que les resulte familiar y económico, al tiempo que ofrezca algo distinto a lo que ya conocen. De ahí el aprovechamiento de los mandos de Wii, por ejemplo. Su rango de precio en este caso debería ser inferior a los 250 euros por estos lares para que fuera un verdadero contendiente en la cruenta batalla que se espera. Está por ver si su line up de títulos para el lanzamiento (no espero verla por nuestro país hasta febrero-marzo de 2013) merece la pena, pero al menos Nintendo se ha tirado a la piscina con una propuesta que pretende ser fresca y sencilla.
Desde el corazón espero que tenga éxito, soy un romántico en este aspecto a pesar de los mil y un desencuentros amorosos que he tenido con la tecnología. El mejor ejemplo son Kinect y Move, dos grandes muestras de tecnología completamente desaprovechadas en el mercado del videojuego. Cuando ya están más cerca de cumplir dos años en el mercado que uno, seguimos esperando la demostración de que sirven para jugar y ofrecernos las experiencias que se nos habían prometido. Lamentablemente no creo que lleguen por sus limitaciones técnicas. Que si retrasos en la plasmación del movimiento, que si errores de concepto en su diseño, que si el abuelo fuma en pipa… Por eso, espero de todo corazón que esta vez sí, los juegos tradicionales sean la estrella. No más Kobe Bryant haciendo como que juega al baloncesto o Peter Molyneux anunciando a bombo y platillo bondades que nunca llegarán a cumplirse.
Queremos realidades tangibles. Queremos ver títulos como Halo 4, God of War Ascension, The Last of Us, lo que Dios quiera que Bungie, Respawn y compañía estén haciendo. Juegos que nos hagan recuperar la ilusión. Y mucho mejor si además no van acompañados de una cifra detrás del nombre, que la originalidad no está reñida con las elevadas cifras de ventas. Solo hace falta realizar un trabajo brillante para conseguir atraer al público. Por supuesto, vamos a seguir comprando Call of Duty y demás franquicias de postín, pero quien diga que, por ejemplo, no espera ansioso lo próximo de Fumito Ueda, lo nuevo de Bioware o el siguiente paso de Hideki Kamiya, miente como un bellaco (o no QUIERE suficiente los videojuegos).
Por estas cosas si que merece la pena el E3, por mucho que la prima de nuestro amigo Riesgo no haga más que darnos la vara, o que entre nuestros amigos haya más gente ociosa que ocupada. Por eso precisamente necesitamos volver a ilusionarnos, y ese ha sido precisamente el superpoder que ha caracterizado siempre a los videojuegos. ¡Que llegue ya el E3!