¿Año nuevo?
Final Fantasy, Resident Evil, Alan Wake, Halo, Hitman, Tomb Raider, Assassin's Creed, Diablo, Starcraft y Ninja Gaiden son nombres que suenan. ¿Dónde quedan la innovación, la creatividad y las nuevas propiedades intelectuales? ¿Es 2012 un año con más de lo mismo?
Bienvendos a 2012, el año de las profecías mayas, de la destrucción del mundo y del caos global. O no. Los que dicen, maldicen y especulan ciertos frentes seguidores de los bulos en Internet y pocos documentados en historia no es objeto de análisis sesudo en esta casa. Pero aunque no me interesan las profecías, sí que me gustaría apelar por una vez a mis dotes de analista comercial, cual Michael Pachter (si él puede..) para poner sobre la mesa una cuestión que me preocupa: ¿qué dará de sí este nuevo año en la industria del videojuego?
Permitidme que sea catastrofista y guarde el optimismo para tiempos mejores. La creatividad es la primera gran derrotada del año. Tras demoler los records de Black Ops con Modern Warfare 3, la saga Call of Duty repetirá éxito en noviembre del 2012. Mismo juego, misma tecnología, algo de innovación online y listo para salir a la venta: Black Ops 2. Difícilmente Electronic Arts se quedará al margen ante el despliegue de Activision, más después de estrenar con soltura Battlefield 3, por lo que apuesto por el lanzamiento de un nuevo Medal of Honor que trate de derrotar al nuevo titán de Activision en el género de la acción en primera persona.
Ya nada más comenzar el año recibiremos dos coletazos que demuestran el tradicionalismo que vive la industria del videojuego. Puede que Final Fantasy XIII-2 sea un JRPG japonés sobresaliente y antológico (le concederé el beneficio de la duda) y que Resident Evil Revelations haga un uso excepcional de las tres dimensiones y aproveche Nintendo 3DS para devolver la saga de Capcom a sus raíces, pero no son dos nombres que hemos escuchado durante la última década en bastantes ocasiones. Suenan manidos, iguales, a recuerdos del pasado, y no sorprenden al consumidor exigente, al que busca un nombre nuevo.
Suma y sigue. Diablo III saldrá durante el primer trimestre y se llevará notas excepcionales como panes, conquistando a jugadores en todo el mundo y convirtiéndose en la salvación de World of Warcraft para Blizzard. Correcto. Pero no es más que Diablo 2 con un numerito más. ¿Dónde está el Proyecto Titán, amigos de Blizzard? ¿Se trata, como dicen los rumores, de una licencia nueva, o tendremos que llevarnos las manos a la cabeza cuando, a pesar de las negativas, se descubra que esconde un World of Starcraft? Insito: Blizzard hará de Diablo III el lanzamiento que todos esperamos disfrutar. ¡Y qué decir de Ubisoft! Assassin's Creed seguirá repartiendo estopa en 2012 con una entrega inédita tras Revelations. Tamaña innovación y creatividad me abruma.
Me gustaría tener noticias de Half Life 3 o del Episodio 3 de Half Life 2, pero desde una perspectiva empresarial Valve está ahora inmersa en la plataforma Steam, su máximo baluarte y fuente de ingresos, y en la producción de Counter Strike Global Offensive, por lo que dudo que la tercera entrega de Gordon Freeman se lance en un plazo de doce meses. Es lógico pensar que el estudio de Gabe Newell quiera estrenar nuevo motor gráfico con su franquicia estandarte y el recambio generacional (Xbox 720, Playstation 4) no aparece en mi agenda de predicciones para el nuevo año.
Y así podríamos enumerar hasta el fin de los tiempos: Grand Theft Auto V, Max Payne 3, Resident Evil Operation Raccoon City, Spiderman, Borderlands 2, Mass Effect 3, Final Fantasy Versus XIII, Dead or Alive, Alan Wake American Nightmare, Halo 4, Ninja Gaiden 3, Soul Calibur V, y los todavía por confirmar Dead Space 3, Dead Rising 3, Army of Four, Dragon Age 3. Y sé que me dejo varios títulos que rápidamente superarán el millón de copias. ¿Qué sucede con las nuevas propiedades intelectuales? Pues que de diez que salen, solo un par consiguen abrirse hueco. Y de estas dos, una de transforma en el Assassin's Creed de turno con la anualización de sagas. Que se lo digan a Mirror's Edge (en busca de una segunda oportunidad comercial), Enslaved, al eterno The Last Guardian...
Wii U, la nueva plataforma de Nintendo, me entusiasma. A pesar de la fría presentación del E3 y de la confusión que generó ver el mando y no la consola en sus primeros instantes, la tablet de Iwata, Miyamoto y compañía me atrae como jugador. Pero me pondré en lo peor: ¿qué pasará si Wii U se limita a recibir ports de juegos previamente comercializados en Xbox 360 y Playstation 3, y se nutre a base de exclusivos de Nintendo? La primera Wii ha vendido más de 80 millones de unidades y ha cambiado radicalmente la imagen de Nintendo tras los problemas de GameCube, ¿es Wii U el híbrido perfecto entre las dos consolas?
No nos confundamos. Ni de lejos estoy cuestionando la calidad de videojuegos como los citados o como otros tantos del palo de Hitman Absolution, Tomb Raider y un largo etcétera; solo saco a relucir que, a fin de cuentas, este 2012 no será diferente al 2011. Tampoco a 2010 y a 2009. Y paro de contar. La inversión de las grandes compañías sigue centrándose en sus sagas estrellas, las que dan dinero a espuertas sin demasiadas complicaciones y, en ocasiones, a costa de decepcionar a los compradores fieles. Por desgracia, parece que la creatividad y el riesgo de verdad solo se encuentran actualmente en los estudios independientes y en las plataformas alternativas como los teléfonos móviles.
Solo un título aviva la llama de mi amor por los videojuegos: The Last of Us exclusivo de Playstation 3. El resto entra en mi rutina como gamer, en lo que espero recibir en algún momento del año, en la agenda que tiene marcadas citas perpetuas como la Navidad y la Semana Santa. Y como sucede con estos descansos, no están mal y se reciben con jolgorio cuando los usamos para viajar a la casa de verano de la familia, pero a todos nos gusta de vez en cuando pasar unos días en un paraíso exótico a lo Dead Island, propiedad intelectual que, por cierto, es de las pocas que ha sobrevivido al primer impacto este pasado año.
Esta columna es una opinión personal del autor que no representa necesariamente la de MeriStation.