Ms. Splosion Man
Ms. Splosion Man
Carátula de Ms. Splosion Man
  • 9

    Meristation

La Señorita Explosiva

Will van Dijk

Qué difícil resulta imaginarse una convención de genios en la que se celebra la captura de Mr. Splosion Man, un fastuoso experimento que trajo de cabeza a media comunidad científica tras su inoportuna huída. Mientras el explosivo héroe se encuentra entre llantos y sollozos al fallar en su propósito, un poco de champán hace de las suyas para liberar a su joven doncella. Ahora le toca el turno a Ms. Splosion Man, una señorita de armas tomar que está lista para cambiar las reglas del juego… otra vez.

Fue uno de los descargables (o videojuegos de distribución digital, para que nadie se sienta ofendido por la etiqueta) más importantes de 2009, precedido por el clásico ambiente que rodea a los sleepers, esos juegos que nadie se espera pero que al final revolucionan el mercado. Como en todo cambio social, la base de la mejora radica en la originalidad, en unas ganas locas por demostrar que la creatividad no está reñida con la diversión. El bazar de Xbox ha dejado tras de sí algunos productos que han ayudado a traspasar el escepticismo que se negaba a abandonar a los jugadores que consideraban (todavía muchos lo hacen) que la distribución digital sería un cambio peligroso, nocivo y poco interesante para los amantes del videojuego clásico. Esta amalgama de expresiones sin sentido (coletillas que, casi en su totalidad, se han venido escuchando desde hace demasiado tiempo) se fue diluyendo en el tiempo gracias a propuestas como Braid o Limbo -en cuanto a intimismo- o a Castle Crashers, por mentar tres de un amplio catálogo de interesantes propuestas.

Splosion Man fue uno de los títulos que llegó por sorpresa. Una obra firmada por los chicos de Twisted Pixel, acostumbrados desde hacía algunos años a trabajar en el universo ‘indie' o independiente de la industria. Tras varios intentos infructíferos llegaría el punto y aparte de su carrera, el tan esperado momento de inflexión que les catapultaría a la fama casi de la noche a la mañana, avalados por la increíble recepción que recibía su retoño. La base de esta peculiar obra no se alejaba, en esencia, de la que imperaba a mediados de la década de los 90: hablamos de un plataformas bidimensional en el que un héroe -esta vez un alocado proyecto de la física con capacidad para inmolarse en el momento que él desee- ha de superar más de 50 escenarios para alcanzar la tan ansiada libertad, entre toda clase de obstáculos, palancas y de barreras de electricidad aparentemente infranqueables.

Es decir: Splosion Man era básicamente el producto clásico por antonomasia que, con unos retoques aquí y allá, hacía valer su propuesta. Así se daba a entender que la fórmula de antaño seguía siendo perfectamente válida para convencer al público de su interés como producto destinado al divertimento. Lo mismo sucedería con otras muchas obras que hemos tenido ocasión de analizar en estas líneas, aunque quizás no de una forma tan llamativa, chocante para los jugadores que no familiarizados con este entorno. Ni que decir tiene que el éxito llevaba al estudio norteamericano a probar suerte con una secuela que busca, como suele ser habitual en estos casos, limar las asperezas que dejaba a su paso la obra original (entre otras cosas, los inexplicables problemas de conexión al disfrutar del modo cooperativo, que por momentos frustraba la experiencia jugable) . En ella se da cita una muchacha de fuerte carácter que, pese a las semejanzas con su otrora héroe, es capaz de imponer nuevas reglas para escapar de un laboratorio que pondrá patas arriba en un abrir y cerrar de ojos.

La Señorita Explosiva
Ms. Splosion Man sigue las pautas de los videojuegos que, protagonizados por un carismático héroe, se inventan a una fémina heroína que básicamente es calcada al héroe original… solo que esta vez con dos o tres detalles que subrayen su parte ‘femenina'. De esta manera nace Ms. Splosion, de una fallida celebración en la que un poco de champán crea una reacción en cadena que acaba dando como resultado en el nacimiento de un nuevo -y más peligroso aún si cabe- experimento. No le falta imaginación a los chicos de Twisted Pixel a la hora de crear un alter-ego femenino de aquel carismático héroe explosivo en el que se aúnen gran parte de los clichés que generalmente se suelen escuchar en la comunidad masculina (lo que hace pensar que, en esencia, este título ha sido creado por hombres), aunque siempre representados de forma cómica. En realidad, esta Señorita Explosiva cuenta con más habilidad y fortaleza que su compañero sentimental (suponiendo que así sea): es más alocada, temible y risueña de lo que cabía esperar en un principio.

La muchacha apenas tarde unos minutos en dar con la llave de la salida que le abre las puertas de un nuevo mundo. Nada más empezar, en un menú interactivo que se funde con la pantalla de presentación, es posible navegar entre una amalgama de opciones entre las que destaca la presencia de opciones que jamás hubiésemos imaginado en el original. La más destacada, sin lugar a dudas, se centra en el añadido de un fantasma que marcará los pasos que hayamos recorrido en cada uno de los 50 niveles de los que se compone la aventura (50 en solitario, otros tantos totalmente distintos si preferimos dar rienda suelta al multijugador). A diferencia de su antecesor, Ms. Splosion Man no se limita a ser una sucesión de escenarios calcados entre sí con nuevos obstáculos e impedimentos, sino que prefiere romper moldes añadiendo más contenido y versatilidad a la mecánica original. De esta forma se ofrece al público una obra doblemente completa, no sólo en contenido, sino también en cuanto a creatividad se refiere.


Es interesante tener en cuenta que esta producción busca descaradamente seguir las pautas del original, toda vez que se liman sus hándicaps más importantes. La nueva heroína otorga el primer punto diferenciador, gracias a un tono mucho más jovial, en el que impera el colorido -e incluso diríamos el sin sentido- a base de guiños a las películas de la cultura pop del siglo pasado, a la música y a otros videojuegos. Esto se consigue a través de una selección de niveles que ofrece mayor variedad que el original (en el que nos pasábamos media vida dentro de un laboratorio), además de una variedad de situaciones tan significativa que, desde los primeros compases de juego, es difícil desprenderse de la sensación de estar ante una obra totalmente nueva, que desde luego no se limita a copiar única y exclusivamente la fórmula de su antecesor.

Del mismo modo que se ha buscado eliminar todo fallo de vital importancia, también se ha querido potenciar todo aquello que brillaba con luz propia en el original. Esto se consigue no con un cambio drástico en la impresión que transmite la mecánica, sino ampliando el nivel del contenido que se ofrece. La simple presencia de un fantasma que permite batirnos en duelo contra nuestra propia sombra es un buen ejemplo de este hecho, ya que se trata de ofrecer nuevos motivos a los jugadores para que el modo principal no se abandone. Son 50 niveles, divididos en distintos mundos (cada uno un guiño a nuestra cultura popular, aunque también a la posición de la mujer, a veces en tono realmente hilarante), a los que se le debe añadir otros tantos exclusivamente diseñados para el cooperativo.

Ritmo frenético
La base de Splosion Man se situaba en algún punto entre el frenetismo de la acción, entre la necesidad de correr a toda prisa para superar los obstáculos y la obligación de pensar antes de actuar para sufrir una muerte segura. Como casi todo plataformas que se sustente en una base 2D, el eje gravitatorio de esta producción gira en torno a la mecánica de prueba y error. Es casi imposible evitar morir una media de cinco o seis veces por cada diez minutos de partida. Unas veces echaremos la culpa a la máquina, a algún extraño complot que vaya en nuestra contra para impedir ya no conseguir un buen tiempo, sino superar el escenario en concreto. Sin embargo, la verdadera grandeza del título recae precisamente en la posibilidad de conocer estos escenarios para buscar la vuelta de tuerca necesaria para alcanzar la meta antes que el contrario. Así se fomenta no sólo la cooperación, sino también la competitividad.

A medida que avanzamos descubrimos objetos cuya destrucción nos bonifica con más puntos, algo esencial para obtener una buena puntuación al terminar cada uno de los escenarios de los que se compone el juego. Además, es imprescindible abrir bien los ojos para encontrar los objetos secundarios que se esconden en los lugares más recónditos del mapeado (algunos son realmente difíciles de localizar). Ahora será posible también encontrar salidas alternativas con las que daremos con nuevos escenarios y, generalmente, también tesoros que de otra manera sería totalmente imposible obtener. La idea es perfeccionar nuestra técnica (basada en usar la habilidad de personaje para explotar tres veces mientras se aferra a paredes, barriles y toda clase de estructuras, a cada cual más compleja y retorcida) buscando siempre la intuición como punto de partida. A medida que nos abrimos paso hacia nuevos escenarios, la curva de dificultad se vuelve cada vez más compleja. Twisted Pixel ha acertado al equilibrar la balanza de una forma más meticulosa que en el título original, pero también es cierto que los últimos escenarios, en la recta final de la aventura, sin extremadamente exigentes, por momentos desquiciantes.

La grandeza de cada escenario se encuentra en su diseño, en el enrevesado estilo que se emplea para que cada salto sea más vertiginoso que el anterior; para que cada combate ante el final boss de turno sea aún más asfixiante y desesperante, pero sin rallar el límite de lo absurdo. La diversión siempre va por delante: disfrutar del cooperativo es adentrarse en un mundo totalmente distinto al del modo en solitario, donde se fomenta el buen sentido del humor que está presente de principio a fin de la aventura, pero también la estrategia, la necesidad de que sean dos jugadores (o cuatro) y ni uno el que tenga que buscarse la vida para acceder a la maldita palanca que siempre se baja cuando no debe. Ms. Splosion Man también es comicidad, desde el vídeo de introducción (reservado para los sibaritas del género, que reconocerán el mensaje al instante) hasta los compases finales. Pura diversión que siempre busca la manera de sacar una sonrisa, y a fe que lo consigue.


Precisamente el frenetismo del que hablábamos en la página anterior se convierte en una de las pocas pegas que se pueden invocar contra esta obra. La síntesis de Splosion Man era la combinación de distintos géneros dentro de uno, evidentemente un ‘plataformas' en el que prima la velocidad de reacción sobre cualquier otra. Esto nos llevaba a tener que solventar varios saltos sin pausa para luego parar el ritmo, morir, repetir y pasar a la siguiente estancia, donde no basta con sobrevivir: también hay que pensar. Todo unido crea una mezcla explosiva que causa dos problemas de menor calado: por un lado, determinadas ralentizaciones cuando la pantalla se llena súbitamente de elementos en movimiento; por el otro, ciertos parones en el ritmo de la acción al detenernos para solucionar un puzle.

Habrá quien considere este último aspecto uno de los más perjudiciales para el título, en tanto no se decanta por un estilo de juego en concreto. Sin embargo, esta misma variedad le otorga un sentido que difícilmente se puede encontrar en un videojuego desarrollado en esta época, con una marcada mezcla entre géneros. Luego hay que tener en cuenta su valor rejugable, sin el cual no se concibe otro de los pilares de esta producción: repetir el mismo escenario una y otra vez para obtener el mejor tiempo, averiguar dónde se esconde el objeto especial de marras o en qué lugar se ha situado la salida hacia un nuevo mundo de posibilidades.

Hay que tener en cuenta que más allá del buen sentido del humor, los guiños, el genial diseño de niveles o la perfectamente ajustada curva de dificultad (al menos hasta los últimos escenarios, donde es sencillamente imposible avanzar sin miedo a perder la vida en el momento más inoportuno), el juego adolece de un problema básico, ya que es incapaz de salirse de la norma impuesta por su antecesor. Es un movimiento natural en la industria que pocas veces se critica ante las tendencias modernas (secuelas, remakes…), pero que viene pasando factura a los desarrolladores minoritarios a la hora de crear una obra de este carisma. No obstante, no hubiese sido descabellado pensar en nuevas fórmulas que ayudasen a mejorar la sensación de frescura, un hándicap que probablemente muchos jugadores achaquen a la hora de decirse por su adquisición. Algo que, dicho sea de paso, no debería dar lugar a demasiadas dudas, a tenor de lo expuesto en este análisis.

Conclusión
A veces se mejora la propuesta original, otras se amplía su potencial. Ms Splosion Man ofrece un poco de cada. Se liman las asperezas del original al tiempo que se añaden novedades en el plano de las modalidades de juego, con las que se fomenta tanto el juego en solitario como el cooperativo. Las inclusiones mejoran, sin lugar a dudas, la experiencia jugable. La curva de dificultad se ha ajustado -salvo en los últimos escenarios, donde se dispara sin motivo aparente-. Se ha tenido más en cuenta la importancia de un diseño de niveles que cambie la perspectiva del jugador con respecto al juego. Asimismo, se ha trabajado como nunca antes la ambientación, ahora con más guiños y con una personalidad que simplemente no estaba presenta en la obra original. Todo ello se contrapone a la evidente falta de frescura en la temática jugable, que poco o nada cambia, pero de una manera u otra es algo que se perdona gracias a la inagotable cantidad de contenido que se ofrece en esta pequeña joya descargable, una que además se puede adquirir por 800 míseros puntos Microsoft.

  • El buen trabajo que se ha realizado con la curva de dificultad. 
  • La sensación de recompensa al finalizar los escenarios más complejos. 
  • La cantidad de niveles y su valor rejugable. El sentido del humor no tiene precio. 
  • El fantástico diseño de niveles, tantos y tan variados como podamos imaginar. 
  • Los guiños a la cultura pop y al cine, entre muchos otros. 
  • La combinación entre distintos géneros: acción, saltos, acertijos…

LO MEJOR

  • El buen trabajo que se ha realizado con la curva de dificultad.
  • El fantástico diseño de niveles, tantos y tan variados como podamos imaginar.
  • La cantidad de niveles y su valor rejugable. El sentido del humor no tiene precio.
  • La combinación entre distintos géneros: acción, saltos, acertijos…
  • La sensación de recompensa al finalizar los escenarios más complejos.
  • Los guiños a la cultura pop y al cine, entre muchos otros.

LO PEOR

  • La dificultad puede llegar a ser desquiciante en los últimos tramos de la aventura.
  • Pierde frescura respecto al original, ya que en esencia la mecánica apenas varía.
  • …aunque, de cuando en cuando, los puzles entorpecen el frenético ritmo de la acción.
9

Excelente

Un título referente en su género, que destaca por encima de sus competidores y que disfrutarás de principio a fin, seguramente varias veces. Un juego destinado a convertirse en clásico con el paso de los años.