Fútbol y fatiga
Pro Evolution Soccer y FIFA vuelven a la carga esta temporada. Entre la falta de recursos de unos y la sensación de fatiga de otros, el género parece estancarse por momentos. Y 60 euros anuales ya no parecen tan buena idea a ojos de los usuarios.
Una nueva temporada, los dos mismos conjuntos en el terreno de juego. Fifa y PES. EA y Konami. Los juegos de fútbol que mantienen una batalla eterna desde hace temporadas llegan año tras año con su enésima revisión. Desde hace tres años, más o menos, la partida parece ser que se la lleva EA con la revolución que infligió a su archiconocida saga. Poco a poco le comió terreno a una compañía japonesa dormida en los laureles -no sólo en lo que juegos de fútbol se refiere- hasta colocarse en lo más alto gracias a Fifa 09 y, sobre todo, Fifa 10. Pero estar arriba no significa ser perfecto, y el cansancio, después de tan largo encuentro, hace mella en ambos lados.
A pesar de las mejoras que presenta Pro Evolution Soccer esta temporada y que Fifa 11 se haya pulido en su fórmula, lo cierto es que hay cierta decepción en el ambiente respecto a la oferta de ambas compañías. Una por no llegar donde el nombre y los usuarios se merecen; la otra, por ofrecer algunos síntomas de estancamiento. Esta temporada, por mucho que uno sea mejor que el otro, la sensación es que se debe a las rentas y que una entrega anual, si no se busca la excelencia a base de continuos cambios como le pasó a Fifa desde 2006 hasta 2010, es excesivo.
La saga de EA necesitaba dar con la tecla en algunos apartados para convertirse en el simulador definitivo. La física del balón, mejorada año tras año, todavía tenía algunos fallos en el aire, sobre todo en disparos lejanos y en centros colgados al área. En la nueva entrega la mejora existe, podemos controlar a los porteros y tenemos más herramientas en el modo carrera. Pero EA se olvida de lo más importante: la jugabilidad. No fueron líderes con tropecientas licencias, sino cuando dieron en el clavo sobre el terreno de juego. Ahí es donde PES le ganó -antaño- la partida y ahí es donde se deberían meter todos los esfuerzos. Animaciones algo extrañas, una CPU mejorable y partidos similares tengamos delante el Levante o el Real Madrid en la máxima dificultad. Por eso, Fifa 11 acaba sabiendo a poco a pesar de ofrecer mejoras a la anterior entrega. Porque en lo palpable, falta un plus de calidad todavía.
¿Es necesario comprar un nuevo juego si vamos a echar partidas solos o de vez en cuando? Dudo seriamente sobre dar una respuesta afirmativa. Con horas y horas detrás los detalles van saltando más a la vista, pero a todas luces se antojan insuficientes. La saga llega fatigada en el momento más importante, el de dar el broche definitivo y convencer a todos. Incluso a los que se mantienen inflexibles con la saga de Konami entre manos, que es de lo que se debería tratar (contentar a los amantes del género).
Esta es una parte. La otra la protagoniza la compañía japonesa. PES no tiene un problema de fatiga, falta de innovación o de riesgo. Simplemente, tiene un margen de maniobra tan pequeño, autoimpuesto por Seabass y el resto, que es imposible que, como juego de fútbol propiamente dicho, pueda competir con Fifa. La saga ha ido dando bandazos desde la versión más arcade que representa PES 2008 a un intento de simulación la temporada siguiente o un guiño tímido a la fórmula de EA en esta temporada. La horquilla en la que trabaja Konami, con ese motor desfasado -por mucho parche que se coloque- y un concepto de fútbol anclado en la generación anterior, no les permitirá avanzar. Será mejor, pero también insuficiente mientras no se haga un reset' y se busque, aunque se fracase como le pasó a EA, estar a la altura de la generación.
Konami arrastra la sombra de Pro Evolution 3 y 5, incapaz de conseguir un resultado similar en los tiempos actuales. EA ha ido puliendo la saga en estos tres años, y conseguir dotar de herramientas suficientes la fórmula de Fifa 10 para poner algo a la venta que tenga un sabor distinto a lo que sería una simple actualización no parece tarea sencilla. Ambas franquicias han llegado, en su momento, a lo más alto del trono. Pero ninguna de las dos sabe mantenerse con armas suficientes a ojos de un consumidor que sabe que sus productos deportivos tienen una vida útil de 12 meses. Estaría bien un acto de honestidad de las compañías: actualizar un año y sacar nuevo juego cada dos. Eso, por desgracia, es una utopía.