Abordando a Sony

PlayStation 3 se había mantenido contra viento y marea como la única plataforma de la presente generación libre de la lacra de la piratería. Sin embargo, las informaciones de los últimos días aseguran que el sistema ya ha sido abordado. ¿Conseguirá Sony expulsar a los filibusteros de su recién asaltada embarcación?

Piratería, una palabra que lleva ligada a la industria del videojuego desde su misma génesis, cuando a principios de los setenta comenzaron a surgir copias de Pong, el primer videojuego comercial de la historia, que nada tenían que ver ni con Nolan Bushnell, creador de dicho título, ni con la por entonces recién fundada Atari Inc. Desde aquellos días hasta ahora el mercado del también llamado entretenimiento interactivo ha crecido a un ritmo imparable, aunque por desgracia los piratas no le han ido ni mucho menos a la zaga. Cuando una nueva plataforma llegaba al mercado, los sistemas de seguridad con los que la compañía trataba de proteger su inversión saltaban por los aires al instante. Los radiocasetes de doble pletina echaban humo con copias caseras durante la generación de los 8 bits; los artilugios conocidos como 'Copiones' permitían que todo hijo de vecino grabara los en teoría impirateables cartuchos en sencillos disquetes durante la era de los 16 bits; los corsarios oportunistas hicieron su agosto durante la generación de los 32 bits usando sus flamantes (y por entonces carísimas) grabadoras de CDs para vender copias ilegales al mejor postor; y luego llegó Internet, y el desmadre ya fue total y definitivo: programas de intercambio de ficheros P2P, innumerables sitios de descarga de ROMs e ISOs de la más rabiosa actualidad, gente anunciando por todas partes chips de modificación y tarjetas lectoras SD…

La presente generación ha sufrido la lacra de la piratería como no se veía desde hacía mucho, mucho tiempo. Esto ha sido especialmente sangrante en portátiles. Los piratas han abordado NDS y PSP, las han saqueado sin compasión, han masacrado u obligado a huir a toda la tripulación, y luego han hundido ambas embarcaciones en la fosa más oscura e insondable que han podido encontrar. Tanto NDS como PSP posiblemente gozarían hoy día de buena salud en lugar de haber sido relegadas al más injusto de los olvidos por parte de la inmensa mayoría de third parties, todo a causa del altísimo volumen de piratería que arrastran ambas consolas desde su nacimiento. Puede que la mencionada lacra no tenga la culpa al 100 %, pero sí le corresponde un más que significativo porcentaje de ella, eso es indiscutible. Wii y Xbox 360 también han sido castigadas por la piratería, aunque dicho castigo se ha llevado a cabo bajo niveles más tolerables (si es que en lo que a piratería se refiere se puede hablar de 'niveles tolerables', claro está). Aun así, son muchos los usuarios de dichas consolas que deciden modificarlas y bajarse juegos en lugar de pasar por caja para adquirirlos, por no mencionar que se siguen dando casos dignos de poner el grito en el cielo, como el de Halo: Reach, el cual puede ser descargado desde canales ilegales y de P2P semanas antes de su puesta a la venta en tiendas.

Mientras tanto, PS3 parecía mantenerse al margen de estos asaltos. Sony volcó todo su empeño en dotar a su nueva plataforma de sobremesa de todas las medidas de seguridad y trabas posibles para los hackers. El lector Blu-ray de la consola también jugaba a su favor, ya que las unidades grabadoras de dicho formato se encuentran poco o nada extendidas en el mercado del consumidor que siempre tiene una tarrina de discos vírgenes en el cajón de su escritorio lista para grabar todo lo que se le ponga por delante. Pero nada dura eternamente y, tras un primer susto que empujó a la compañía nipona a eliminar el sistema operativo Linux de su consola, la liebre acabó saltando el viernes pasado. PlayStation 3 ha sido hackeada. Los muros de la irreductible aldea que aún aguantaba firme los envites de las hordas del parche y la pata de palo ya han caído. Ahora, la compañía nipona deberá replegarse y luchar con uñas y dientes por cada palmo de terreno, y es que desde entonces no dejan de surgir noticias e informaciones que, entre otras cosas, aseguran que el asunto no es tan grave como parece, y que una oportuna y salvadora actualización de firmware podría expulsar a los filibusteros invasores y volver a levantar las murallas recién derribadas.

Jack Sparrow contra Nathan Drake, el combate está servido. ¿Quién ganará? Este humilde servidor de ustedes desea que sea el bueno de Nathan el que se alce con la victoria, aunque por desgracia no lo animaré con el mismo fervor que podía haber hecho antaño. Por supuesto, sigo estando en contra de la piratería, y espero que los creadores del PSJailbreak acaben dándose el más sonoro de los batacazos. Pero echo la vista atrás y no veo otra cosa que una oportunidad desaprovechada. Echo la vista atrás y no puedo sino ser consciente de que en esta batalla, como en todas las batallas, no hay buenos ni malos, sino héroes y villanos que toman uno u otro rol dependiendo de la perspectiva bajo la que sean escrutados. Sony ha tenido en sus manos una plataforma 100 % libre de piratería. Ha disfrutado de dicha posición durante varios años, y no ha hecho absolutamente nada para aprovechar la situación, para tender la mano a los consumidores (entre los que se incluye ese usuario que siempre tiene una tarrina de discos vírgenes en el cajón de su escritorio), para hacer ver y dar a entender que, sin la piratería, la del videojuego es una industria mucho más saludable en la que tanto compañías como consumidores acaban beneficiándose de un mercado en el que la palabra 'pirata' no tiene cabida.

Sony lleva mucho tiempo sin tener que hacer frente en PS3 a las pérdidas que se ocasionan cuando un juego es pirateado a mansalva. Cada copia de cada título que llega a las tiendas es susceptible de ser vendido en lugar de descargado de Internet. Cuando de un juego se venden un millón de copias, no se vende dicho millón al tiempo que se piratea en igual o mayor proporción tal y como pasa en otras plataformas. Para Sony y las third parties que programan en PS3 todo son beneficios. Sin embargo, los precios se han mantenido imperturbables. No se ha llevado a cabo ni siquiera un céntimo de rebaja al precio final respecto al mismo juego aparecido, por ejemplo, en su versión Xbox 360. Tampoco los juegos exclusivos de PS3 lanzados por la propia Sony han recibido rebaja alguna pese a ser lanzados en una consola 'free of piracy'. ¿Dónde ha acabado ese margen de beneficios extra que se han llevado las compañías, claramente favorecidas por dicha situación? Fácil, en el mismo sitio al que suele ir el dinero que se ahorra una desarrolladora cuando decide no doblar o traducir un juego: su bolsillo. Y es que ya se sabe, cuanto más se tiene, más se quiere.

Bajo mi punto de vista, Sony se ha dejado llevar por la codicia. Ha pecado de avaricia cuando debería haber actuado de una manera completamente distinta. Sony debería haber hecho ver al usuario las ventajas y beneficios que puede suponerle disponer de una consola libre de piratería. Es esa, y no otra, la principal herramienta que puede hacer que un consumidor acabe decidiendo dejar su tarrina de discos vírgenes criando polvo en el cajón aun disponiendo de un sistema susceptible de ser pirateado. La cadena podría haberse roto, ya que si no hay demanda por parte del usuario, los vendedores de los sistemas modificadores de consolas dejarán de obtener beneficios; y si dichos vendedores dejan de obtener beneficios, ya no azuzarán a los hackers para que se salten los sistemas de seguridad que las compañías montan en sus plataformas. Pero no es Sony la única que, pecando de avaricia, crea malestar en el consumidor y da alas a la por otro lado siempre injustificable piratería. Ahí está la a todas luces desproporcionada e injusta lucha contra el mercado de segunda mano, con el deleznable Proyecto de los Diez Dólares como principal baluarte; o los DLC abusivos; o los sistemas anti copia, como el tristemente famoso DRM, que a los únicos que dan problemas es a los usuarios que han adquirido su juego original en tienda... En definitiva, uno empieza a darse cuenta (dicen que más vale tarde que nunca) que el principal problema de esta industria no es otro que la forma en que trata a sus clientes. Cuando dejen de vernos como simples bolsillos a expoliar para comenzar a tratarnos como lo que somos, consumidores que quieren disfrutar de su principal medio de entretenimiento de la forma más sencilla y justa posible, entonces la piratería sí tendrá los días contados en el mundo del videojuego.