Más juegos, menos nuevo hardware
El E3 arranca la semana que viene y la tecnología está eclipsando a los juegos. ¿Merece la pena centrarse en evolución en vez de en diversión?
Se aproxima un nuevo E3, y posiblemente sea uno de los más esperados de los últimos tiempos. Cierto es que esta manida frase se aplica de forma inexorable a prácticamente todas las ediciones del evento de Los Angeles, por lo que hay que coger con pinzas las afirmaciones que se hacen al respecto. Sin embargo, no se puede negar que en los últimos años el E3 ha estado a la altura de todas las expectativas generadas, en todos los aspectos posibles, y ha recuperado un prestigio que parecía perdido para convertirse de nuevo en la referencia del mundo de los videojuegos, por mucho que la gamescom y el TGS aprieten fuerte año tras año.
Es en Los Angeles donde se hacen los anuncios más importantes, donde se determinan los caminos que seguirá la industria a lo largo de los meses e incluso años siguiente. El año pasado todas las compañías abrieron un frente de guerra que se quedó en eso, en una declaración de intenciones que la semana que viene tiene que llegar a su momento álgido y convertirse en una realidad. Un E3 que continúa donde lo dejó el anterior y en el que todos van a gozar de su momento de gloria dado que hay muchas cartas ocultas que ha llegado el momento de destapar.
Más allá de los juegos tradicionales y los grandes títulos que a buen seguro nos esperan, hay dos focos de atención que son los que más están dando que hablar en las últimas semanas: por un lado, los sensores de movimiento; por otro, las 3D. Las apuestas son arriesgadas en todo caso. Microsoft con Natal y Sony con Move intentan llegar a un mercado abierto por Wii, pero en el que precisamente el público potencial ya posee una máquina de Nintendo. Se promete que los juegos estarán enfocados hacia los jugadores de toda la vida, pero habrá que ver hasta qué punto esto va a ser así cuando precisamente esos usuarios son los más escépticos ante los posibles usos que se les darán a estos periféricos. Este E3 será la prueba de fuego para ambos productos, ya que tienen que demostrar no solo que poseen un catálogo apto para todo tipo de públicos, sino que además deben superar la prueba del precio, algo a lo que muchos usuarios están prestando especial atención.
El tema de las 3D es más complejo. Parece que poco a poco las compañías están intentando sumarse al carro de la última moda en el mundo del cine (aún a pesar de que mucho tiene que mejorar la tecnología para llegar a conseguir lo que se promete sobre el papel), pero, ¿hasta qué punto es esto necesario en los videojuegos? No olvidemos que el público todavía está dando el salto a la alta definición, como para exigirles un nuevo cambio de televisor que, a día de hoy, tienen precios excesivos, más en el estado actual de la economía mundial. Obviamente, lo que se verá en este E3 de 3D serán pruebas, demostraciones técnicas y alguna que otra idea por evolucionar, pero precisamente no debería ser hasta la siguiente generación cuando se aplique de verdad esta tecnología, ya que toda compañía que intente dar un paso más allá e intentar implantar ahora las 3D, es muy posible que se llevase un buen chasco que muy seguramente no le compense la inversión realizada.
Obviamente, el caso de 3DS es diferente, dado que es un dispositivo independiente que juega en un mercado portátil, que todavía tiene que mostrar su funcionamiento para saber cómo juzgar esa portátil. Pero para las 3D de sobremesa todavía es demasiado pronto, hace falta que se instaure un estándar y que todos los hogares estén preparados para ello antes de dar un salto que, para muchos, todavía es innecesario. El mundo de los sensores de movimiento dará, posiblemente, más que hablar; en sus manos tienen, tanto Natal como Move, el convertirse en un éxito o en una sonora decepción. En unos días lo sabremos, pero esperemos que por muchas iniciativas que haya, ninguna compañía pierda de vista lo más importante: no solo innovar más que las demás y sorprender con demostraciones técnicas, sino ofrecer grandes juegos para disfrutar, que a fin de cuentas es el objetivo último de este mercado.