Pistolas a mansalva

La acual generación de consolas tiene, sobre todo en PS3 y 360, el género de la acción como la gallina de los huevos de oro. Sea en primera o en tercera persona, se apuesta por los quilos de munición parra entretener a los jugadores. Entre tanta explosión y headshot, se echan en falta grandes propuestas jugables que han sido relegadas a un segundo plano.

Splinter Cell Conviction está a la venta desde ya hace algunos días. Juego divertido y con detalles interesantes que sirve para que una de las sagas de la pasada generación haya repetido aparición en las presentes consolas de sobremesa -tomando el testigo de Double Agent. Pero no es un Chaos Theory a la enésima potencia, se habría convertido en el mejor de la saga, ni tampoco es la continuación que algunos esperábamos, jugablemente hablando, de la trama vista en agente doble. Ha perdido la esencia en manos de la acción. El hecho que Sam Fisher no deba rendir cuentas con ninguna agencia sobre sus actos acompaña y, argumentalmente, se justifica. Pero la realidad es que se pierde un producto que formaba parte de un estilo de juego, el sigilo o espionaje táctico, para unirse al carro ganador. Los juegos de acción.

Sea en primera o en tercera persona, hay un tipo de juego que se ha hecho con el control del mercado de manera apabullante durante la presente generación. Los shooters han ido ganando terreno de manera constante a otro tipo de obras. Entre los más valorados de la pasada generación, la saga Halo y Resident Evil 4 se colaron, en consolas, entre los mejores puntuados. Acompañan a la dictadura de los Grand Theft Auto, los representantes del sigilo (Metal Gear Solid, Splinter Cell Chaos Theory) y otros grandes nombres como Zelda, Mario o Gran Turismo. Otro de los mejores productos que se recuerda, precisamente, es el proceso a la inversa. Metroid Prime eligió la cámara en primera persona para que Samus Aran desarrollara su nueva aventura en Gamecube. Pero esa precisa palabra, aventura, no abandona al juego en ningún momento. Algo que no ha pasado con la saga Resident Evil. Ya hubo un giro en la cuarta entrega y una confirmación total con la quinta: adiós al survival horror.

Splinter Cell: Conviction y Resident Evil 5 son buenos juegos y no se pone en duda su calidad desde aquí. Pero han perdido la esencia que los hizo grandes en su momento. Y eso repercute negativamente en el mercado. La saturación de FPS y shooters en tercera persona -cámara encima del hombro, sistema de cobertura y cientos de cartuchos de munición- empieza a ser evidente. Suscribo este lamento admitiendo que estos dos esquemas de juego son de mis favoritos, aunque la tendencia empieza a preocupar. Y es que mientras tenemos a Conviction y a Chris Redfield en plan WWE, nos quedamos en esta generación sin cosas como Resident Evil 2 o Chaos Theory.

No sería justo achacarlo sólo al camino que estas dos franquicias han ido tomando. Ejemplos hay muchos. La secuela de Fallout ha sabido dar el salto de la segunda parte a la tercera de manera brillante en muchos campos. Y haciendo uso del FPS tan de moda -VATS aparte- para colar su sistema de juego (RPG) bastante más profundo que los juegos de acción en primera persona descendientes de Wolfenstein 3D y compañía. En el juego de Bethesda cabe decir, como pasa con por ejemplo la saga Mass Effect, que sus productos pueden responder más a un concepto de videojuego ‘total' que no a un paso al centro de gravedad actual -pistolas por doquier- puro y duro como tantos otros juegos genéricos. Aunque la tendencia está clara. ¿Podemos asegurar que tanto Fallout 3 como la ópera espacial de Bioware serían tal y como los conocemos de haber salido hace siete u ocho años?

Una de las apuestas más arriesgadas que hemos podido ver en los últimos tiempos es Mirror's Edge. El creador de la saga Gears of War -juego que ha popularizado y estandarizado, que no inventado, el sistema de coberturas para los juegos de acción en tercera persona- dijo que echaba en falta más pistolas en la obra de EA. Declaración de intenciones de uno de los hombres fuertes de la industria actual y una muestra de la realidad que nos acecha. Ellos son los que diseñan y crean juegos según la demanda que hay, o que se genera, de parte de los usuarios. Y no parece que la tendencia vaya a cambiar. Tecmo tiene preparado un shooter de diseño discutible con una influencia clara de Gears of War; Shinji Mikami prepara su ración de munición gastada con Vanquish. No son los únicos, pero son relevantes: la trayectoria de la compañía japonesa y del padre de Resident Evil no tienen precisamente una gran experiencia el campo.

La corriente actual es la que es, con shooters saliendo de debajo las piedras desde todo tipo de compañías, expertas o no en la materia. Con juegos de mucha o poca calidad. Pero con munición preparada para gastar sin descanso. Uno está maravillado con lo que puede ofrecer  Uncharted 3, Halo: Reach o Gears of War 3. Aun así, se echa en falta algo que tenga sabor a Resident Evil Remake, un Solid Snake sin decenas de metralletas como arsenal de combate o los cachivaches y la tensión del sigilo puro y duro de Splinter Cell. Corre el rumor que la sexta entrega de Silent Hill podría ser un FPS. No parece el mejor movimiento para acercarse a la obra maestra que supone la segunda entrega de esta franquicia, ciertamente. Otro a la lista de los que no están. De los que se echan en falta entre tanto disparo. De los que no se sabe si servirá de algo seguir esperando.