Pagas, luego escribo
Si no podemos diferenciar entre publicidad y reportajes, la confusión será peor para la industria que para los lectores.
Como platos se me quedaron los ojos a medida que leía el último caso de corrupción periodística. Dos de los portales más populares que analizan juegos para iPhone e iTouch están exigiendo pagos a los desarrolladores por cada análisis que aparece en portada. TheiPhoneAppReview.com y AppCraver.com utilizan sistemas similares para ganar dinero con las críticas sobre las famosas aplicaciones, principalmente juegos, de la App Store de Apple.
Los lectores caen en estos sites gracias al excelente posicionamiento en Google de ambos portales que aparecen entre los cuatro primeros si se busca 'iphone app review', y entran en un medio de comunicación' que actúa como un publirreportaje permanente. Los redactores de Wired, quienes han destapado con varias pruebas tácitas esta irregularidad, exponen que los pagos van de los 25$ a los 150$, a no ser, que se contrate una campaña de publicidad, mucho más cuantiosa, lo que asegura aún un trato más favorable.
Cuando uno se pasea por las páginas de un periódico convencional en papel, a veces se topa con un encartado, una especie de suplemento especial dentro del periódico, centrado en nuevas tecnologías, motor o belleza, donde se habla desmesuradamente bien de un producto y justo en la contrapágina aparece un anuncio del mismo producto. El lector habituado, dirige entonces su mirada hacia el margen superior de la página y observa la palabra 'PUBLIRREPORTAJE' en todas y cada una de las páginas del suplemento. Esta práctica está aceptada y no tiene por objetivo engañar a nadie. Sin embargo en Internet aún no se han acordado las reglas sobre este asunto.
No es lo que sucede en las citadas webs sobre Apps de iPhone. Quien entra ahí está buscando una opinión objetiva e independiente que le ayude a seleccionar entre los más de 150.000 programas disponibles para su dispositivo. Y sin saberlo, está ante una selección que se basa en quién ha pagado más por aparecer ahí. Según los editores, 'cobramos por realizar análisis de forma urgente, pero esto no afecta a la valoración'. Sin embargo, en otro correo a un desarrollador afirman 'si la nota está por debajo del 5/10, te avisaremos antes de publicarlo'. ¿Qué significa eso? ¿que no lo publicarán? ¿que esconderán la información para que el cliente no se entere de que ese programa es malo? Según mi parecer, tan grave es desinformar como no informar a consciencia.
¿Es ilegal cobrar por escribir un análisis sobre algo? Yo entiendo que esto raya a la altura de la publicidad engañosa, es poco ético y debería denunciarse, si no a los tribunales, sí a la opinión pública. Si el autor no lo advierte, al menos que se le pueda señalar, con el fin de evitar que siga engañando, ya sea por presentación tendenciosa o por omisión de información.
Dice Shaun Campbell, editor de iPhone App Review, que no dirige una oenegé, que su sitio web es un negocio y que el dinero que cobra es para pagar el tiempo y el trabajo de los analistas. Humildemente creo que no podemos hablar de un caso de periodismo o de críticas objetivas. Por algo los críticos de La Guía Michelín no se presentan a los chefs de los restaurantes que evalúan.
Y aunque en medios como el nuestro, los mismos cuyos productos son analizados pueden, o no, poner publicidad, la redacción y el departamento comercial están tan separados como que son compañías distintas y está terminantemente prohibido realizar presión en ninguna de las dos direcciones. Ello conlleva que, a menudo, compañías retiren campañas de publicidad por no estar de acuerdo con la nota recibida. Es una acción legítima y están en su derecho a hacerlo, pero saben que ello no afectará ni modificará el veredicto emitido.
Un medio de comunicación, y más si se dedica al análisis de productos, se debe a la honestidad, la objetividad y la independencia, que es lo mismo que decir que se debe a sus lectores. Si Internet se convierte en un océano repleto de sitios web y blogs que se venden por una copia de su videojuego preferido, la propia industria se ahogará en un tsunami de consumidores defraudados.
Esta columna es una opinión personal del autor que no representa necesariamente la de MeriStation.