El veneno de Chávez
El capitalismo es el camino al infierno. Los videojuegos, un atajo rápido. Eso predica Hugo Chávez en su cruzada por retirarlos del mercado venezolano, convencido de que no sólo enseñan a matar, sino que también inducen a las drogas, el alcohol y el tabaco.
Se veía venir. Hugo Chávez lleva cargando contra el imperialismo, el capitalismo y toda forma de control ajena a la suya que pueda afectar a la población del país que preside el líder bolivariano. Él solo ha instigado la derogación de una nueva ley que debatíamos hace unas semanas en el podcast local dirigida a hacer desaparecer todo juego violento de las tiendas venezolanas, sin explicar en ningún momento qué medidas se pretendían tomar o qué clase de operativo se iba a poner en marcha para tomar las 'precauciones necesarias'. El motivo de esta peculiar decisión: erradicar la violencia de las calles caraqueñas. El grupo de consejeros de Chávez analizó concienzudamente la situación de la capital, los problemas que azotan al país fueron analizados, todo estudio o encuesta publicada en los últimos tiempos pasó por los ojos de unos delegados que muy alegremente llegan a la siguiente conclusión: los videojuegos son una de las principales fuentes que muestran a los pequeños de la casa la realidad diaria de la vida, con posibilidad de matar, de extorsionar, de 'tirar bombas'.
Por ende, todo aquel videojuego cuya edad recomendada supere los 18 años ha de ser retirado inmediatamente del mercado. Uno, con su limitada capacidad imaginativa, se crea rápidamente una imagen mental de la situación. Sentados tranquilamente en una butaca se tapan los ojos ante la realidad del mundo en el que viven y apuntan al primer cabeza de turco que pasa por el lugar. Hubo que esperar unos meses para que a los aficionados y a los comercios especializados se les pasara el relinche, después de tantas críticas que serían calificadas de 'absurdas' y 'capitalistas' por parte de los que mandan, de los que deciden por los demás. En cuestión de meses Hugo Chávez hizo un completo recorrido por la Historia de nuestra industria, hizo un recorrido a través de los distintos géneros que pueblan el mercado, fue hasta la raíz del problema y, en un ardid de su grandísimo conocimiento (algo que no se aleja tanto de la realidad, dicho sea de paso), quiso denominar a los videojuegos 'veneno'. Un veneno que 'enseña a los niños a matar'.
"El motivo de esta decisión: erradicar la violencia de las calles caraqueñas"
Sí, se veía venir. Chávez no se conforma con esto, quiere ir un poco más lejos si cabe; está convencido de que los videojuegos son un medio que emplea el capitalismo para vender 'armas', por eso de generar una mentalidad belicosa e intranquila en el pobre niño que se siente delante del sillón a jugar. No hablemos ya de aquellos que osan a poner su cara en uno de estos engendros de la tecnología; 'tienes que encontrar a Chávez y matarlo', recitaba el presidente en uno de sus discursos en el programa matinal Aló Presidente, asegurando que una vez llegó a leer estas palabras en uno de sus innumerables contactos con la industria. Uno vuelve a poner en marcha la imaginación y piensa: ¿cuántas mentiras, falacias, medias verdades, cuentos chinos o duermevelas hacen falta para convencer a la gente de que tus actos son los correctos, y no los del otro? Con mensajes ocultos de ese vecino de más arriba -maldito vecino- que, como ya hicieran los Beatles en su día, 'sólo conducen al Infierno'.
Para Chávez no existe el Bien o el Mal. Son conceptos aleatorios que desaparecían hace mucho tiempo de su programa electoral. Él los impone arbitrariamente cuando mejor le parece. Si la situación se presta a ello, si alguna otra nación del mundo se encuentra inmersa en un conflicto en el que él pueda mediar, lo hará. Que nadie lo dude: aparecerá por el lugar ataviado con su indumentaria de soldado protector de su patria, pedirá silencio y poco más tarde empezará a elevar el tono de voz para concluir que los videojuegos son, han sido y serán siempre uno de los principales productos publicitarios para fomentar 'el consumo de tabaco, drogas y alcohol'. Lo dirá con la boca grande, sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos, la opinión del pueblo o de los comercios que razonadamente explican la utilidad del sistema de calificación por edades. Cuando las críticas callen, volverá a entrar en escena con un discurso aún más patético que el anterior si cabe.
"Chávez no se conforma (...), quiere ir más lejos (...); está convencido de que los videojuegos son un medio capitalista para vender "armas"
No sólo se veía venir: era un secreto a voces. La situación de la industria se ha disparado a nivel mundial paralelamente con el aumento del protagonismo del sector a nivel industrial. Ya no es una rama del entretenimiento que interesa a 'uno o dos freaks': ha pasado a convertirse en un rival considerable de la industria cinematográfica, por lo que ahora es momento de tomar consciencia, medidas, lo que sea, antes de que la situación se vaya de las manos a los que quieren tenerlo todo bajo control. Entiendo que se critiquen tendencia violencias que se han puesto de moda en la actualidad. Que se defiendan los derechos de los menores, que se trate por todos los medios de evitar que un producto adulto llegue a las manos de una persona cuya mentalidad no se ha formado (en lo que viene a ser una dramatización de los videojuegos extremadamente desagradables o con una propuesta que se sale del tiesto para según qué puntos de vista): que se quiera censurar un título determinado por los motivos cuales sean.
Por entender sería capaz de aceptar que de alguna manera se prohibiese la entrada a los menores de edad a establecimientos donde permitiese la venta de estos productos, llegando al máximo extremo de permisividad o de comprensión humana.
Lo que no puedo permitir como jugador, como persona o como profesional del sector es que se denomine 'veneno' a lo que muchos (entre ellos el que suscribe esta columna) consideran arte. Que una persona sin conocimiento alguno de la materia se permita el lujo de criticar y de menospreciar delante de millones de personas una industria que ha venido sufriendo esta lacra durante demasiado tiempo. No se justifican los actos, ni se ofrecen datos concretos sobre fechas en las que la ley con la que abría este artículo se comenzará a aplicar, ni tampoco qué se pretende con declaraciones como las que este señor se defendía hace unos días en televisión. No voy a ir por el camino fácil como hacen algunos lectores que no saben por dónde ni cómo expresar su rabia (sencillamente explotan, iracundos): a nadie importa que Venezuela sea uno de los países con mayor tasa de violencia por metro cuadrado, que la pobreza se haya convertido en el protagonista de los debates políticos o que hayan otras cientos de cuestiones más importantes que urgen ser tratadas.
"Lo que no se puede permitir como jugador (...) es que se denomine "veneno" a lo que muchos consideran arte"
Lo único que pedimos, y en esto incluyo a todos los aficionados de la industria, es que se deje en paz a un sector que nunca ha hecho mal a nadie, que nunca ha pretendido ser esa 'vía de ataque del capitalismo', ni tampoco se puede considerar un veneno que promueve el uso de armas, de tabaco, de drogas o de cualquier otra sustancia semejante. Hay una palabra que flota en mi cabeza desde la primera vez que leí estas declaraciones: Hipocresía. Tan grande como la nación que se pretende defender, como las falacias que tenemos que soportar sin sentido alguno. Ni siquiera voy a expresar la enorme preocupación que me lleva a pensar que otros países sudamericanos 'podrían' seguir los mismos pasos, pero es posible que la situación de la industria por estos lares no les permita tal grandilocuencia, que los que deben hablar se muerdan la lengua antes de cometer los errores del vecino.
El auténtico veneno de Chávez son sus propias palabras, no los videojuegos, ni el capitalismo que tan hábilmente ha criticado hasta la saciedad por la crisis mundial. Es un veneno que pone de relieve el daño que se le hace a la industria, lo pernicioso que resulta para los jugadores, para sus padres (que en muchos casos no saben qué pensar sobre esta cuestión), para los comercios; que contamina a todos los que viven de esto, sea como aficionados o profesionales. Un veneno que para colmo no tiene antídoto ni lo tendrá hasta que alguien, paradojas de la vida, sepa callar la boca de cuando en cuando a un dirigente que viene mereciéndoselo desde hace ya demasiado tiempo.
Esta columna refleja únicamente la opinión del autor, y no necesariamente la de Meristation.com