Fuego nuevo consumido

La generación actual de consolas está viendo como afloran nuevos juegos totalmente originales. El trato que están dando las compañías a estas nuevas producciones, por desgracia, no ayuda. se están explotando las franquicias a un ritmo peligroso en el que una idea de éxito tiene secuela garantizada. Y cuánto antes... ¿mejor?

La actual generación mantiene intactos los grandes nombres del mundo de los videojuegos. Ya sean históricos como Mario, Zelda o Sonic (en este caso, aparecer sigue apareciendo a pesar de su calidad media) u otras franquicias que se hicieron fuertes no hace mucho: Halo, God of War, Grand Theft Auto, etc. Junto a este star system aparecen nuevas propuestas. Juegos originales, protagonistas nunca vistos y mundos diferentes a lo ya conocido. El elenco de obras para recordar eternamente se va ampliando gracias a los nuevos y a como evolucionan los viejos. Pero precisamente en este punto queda demostrado que aquí prima la industria. Quien quema las ideas originales a pasos agigantados.

El sector está creciendo de una manera espectacular. Sólo hace falta ver como se agranda el mercado hacia todas direcciones. Se abre el mercado con periféricos o ideas distintas. De Singstar a Wii, cada uno a su manera va recogiendo más y más usuarios. Se abre, también, porque los jugadores de antaño siguen al pie del cañón actualmente mientras van entrando nuevos jóvenes. Crece la industria, y con ella la necesidad de sacar partido. No se trata de hablar del contenido descargable, tema ya manido y discutido y que ejemplifica lo que es sacar tajada, si no de otro tipo de movimiento: cómo se está explotando la novedad. La obra original que rompe al clásico fontanero o espía secreto se consume a toda velocidad.

Entre A Link to the past y Ocarina of time pasaron siete años. El salto de Super Mario 64 a Super Mario Sunshine fue de seis. Incluso entre Metal Gear Solid 3 y la cuarta entrega, con Old Snake a la cabeza, hay cuatro años de diferencia. Hablamos de sagas por las que el sector se detiene. Esos juegos en boca de todos de los cuáles se quiere saber hasta el más mínimo detalle. De hecho, cualquier dato se convierte en un titular. Y las compañías, aunque suene más a justicia poética que a un hecho veraz, las dejaron descansar y reposar en la memoria de los jugadores. Esto se ha acabado. Super Mario Galaxy, el juego con mayor nota de Wii en Metacritic y sólo superado esta generación por Grand Theft Auto IV en este aspecto, tiene secuela anunciada para escasos dos años y medio después de revolucionar el mundo de las plataformas. Uncharted 2, uno de los referentes absolutos de esta generación, tardó dos añitos a salir después de su primera parte. Y así podríamos seguir con otros ejemplos que van desde Gears of War hasta Modern Warfare 2. Incluso un sleeper como Batman Arkham Asylum ya tiene secuela en el horizonte cuando todavía no ha podido ni saborear todo el éxito cosechado.

Sí, todo el mundo quiere rememorar una campaña más espectacular, un diseño de niveles todavía más ingenioso y saber más sobre ese nuevo universo del que sabemos poquito. Pero ya no hay la sensación del punto y final. De jugar a algo que es único para mucho tiempo. Se encargan las compañías mismas de que ese producto especial, por ejemplo Bioshock, ya no pueda ser redondo por su secuela. Con esto no quiero matar antes de tiempo a ninguno de los presuntos, remarcando la palabra, juegazos que están por venir. Si no a la tendencia de la industria. Aquello original y que supone una manera única de concebir un videojuego acaba convertido en producto de masas. Parece, por desgracia, que ya no existan los juegos de principio a fin. Con una sonrisa maliciosa podemos decir que están de moda las trilogías que 'no está planeada' (desarrolladores dixit) pero que acaban siéndolo a pesar de las negaciones de turno. Sólo hace falta ver el próximo año y comprobar cómo volverán los números detrás de las grandes franquicias. Algunos ya han esperado suficiente (God of War 3, Gran Turismo 5), otros vuelven a la carga sin casi descanso (No More Heroes, Super Street Fighter IV, Mario Galaxy 2). Suerte que hay nuevas ideas... aunque podríamos poner la mano en el fuego que Heavy Rain o Alan Wake no se quedarán en el 2010 y cono entregas únicas si cumplen. 

Si a veces podemos sentir cansancio previo por ver otra vez a Mario, aunque lo cierto es que cuando que hace algo acaba bailando un vals con la excelencia y ese posible agotamiento se esfuma, la sensación de fatiga se puede acentuar con la dinámica actual. Lo nuevo se hace viejo en un santiamén. Por eso los puntos y a parte entre las grandes obras atemporales de antaño y sus secuelas o derivados son de agradecer. Y por eso, y también por el arte en sí, dan ganas de celebrar que obras como Shadow of The Colossus -yendo al otro extremo del quid- no tengan secuela.