Elección y descarte
Como cada año, llega esa inevitable época en la que esta industria echa el resto en lo que a lanzamientos se refiere. Cada otoño recibimos una tormenta de juegos en los que la calidad es un elemento incuestionable. Llega, pues, el momento de establecer nuestras prioridades.
Es hora de partir. Irremediablemente nos encontramos en ese momento del año en el que nuestro querido amigo el Sr. Verano tiene que emprender su particular periplo hasta reencontrarse con nosotros de nuevo dentro de aproximadamente nueve meses. Nos disponemos a decirle adiós a una de las estaciones más odiadas y amadas a partes iguales. Le decimos 'hasta pronto' al sabor salado del agua de mar en nuestra boca, al simpático camarero que nos servía esas ricas sardinas en el chiringuito y se acaba el deleite para nuestros ojos en el que el ser humano enseña carne sudada gratuitamente. Comenzamos a desempolvar nuestros pads de nuevo.
Si bien durante el periodo estival el volumen de lanzamientos es más bien escaso, con algunas honrosas excepciones, la llegada del otoño se presenta como el inicio de una lluvia de títulos dignos, casi todos ellos, de estar en nuestra colección particular de manera casi incuestionable. Las razones por las cuales en verano no suelen darse grandes lanzamientos de títulos esperados son diversas, aunque a buen seguro existe una frase que seguramente habita en la mente de muchos ejecutivos y que resumiría este hecho: '¿Quién demonios piensa en jugar cuando se va de vacaciones?' Pues quizás quienes no untan caviar en la tostada por las mañanas y no pueden permitírselo, querido amigo.
Pero independientemente de esto, la realidad es tozuda. Un gran porcentaje de los consumidores habituales de videojuegos son personas las cuales se encuentran realizando algún tipo de estudios y, por consiguiente, con unos ingresos limitados o directamente nulos. Esta situación da como resultado que aparezcan juegos sobresalientes que no alcancen las cifras de ventas que realmente merecen. En el curso que nos atañe, el final de 2009 se nos presenta como uno de los mejores de los últimos tiempos en cuanto a lanzamientos se refiere. Sólo existe una pega, ¿quién se puede permitir comprar todo lo que le interesa? La respuesta muy posiblemente sea nadie.
Y es que si ya para la mayoría de las economías llegar a fin de mes costaba un esfuerzo titánico, con la actual crisis económica cualquier persona que aún conserve el juicio no podrá sino estremecerse al ver la cantidad de dinero que costaría tener todo aquello que desea. Suponiendo que, de media, cada jugador adquiriese cuatro juegos en consolas de sobremesa supondría un desembolso aproximado de 280€. Estaríamos hablando de una cantidad cercana a la que costaría adquirir de nuevo la plataforma en sí misma. Por todo esto, es esencial establecer una serie de prioridades de cara a satisfacer nuestros gustos sin llegar a caer en el consumismo descerebrado del que sólo pueden hacer gala aquellos con cuentas corrientes con muchos dígitos a la izquierda de la coma.
Ése es nuestro reto pero, ¿cuál es el de las compañías? Vender. Ciertamente es así de simple, aunque se presenta una situación bastante graciosa, en mi opinión. Imaginémonos a las grandes compañías como si fuesen un puñado de niños. A cada uno se le ha puesto un objetivo: cruzar una puerta. Obviamente no todos podrán pasar a la vez, así que serán inevitables los pucheros y lamentos ante la inminente derrota. Con este símil en mente, veo a las compañías haciendo un ejercicio supremo de egolatría estableciendo la fecha de lanzamientos de sus productos estrellas muy cercanas entre sí con respecto a la de otros títulos de la competencia. Como resultado tendremos las inevitables cifras de ventas que confirmarán qué propuestas han tenido el respaldo de los consumidores y qué propuestas han fracasado en ventas.
Decepción, autocrítica y lamentos varios serán una realidad dentro de muy poco. A buen seguro veremos algún batacazo comercial en títulos que no merecen tan aciago destino. Serán los daños colaterales de toda una explosión de diversión contenida durante todos estos meses cuyas consecuencias deberían hacer pensar a más de un señor encorbatado si realmente merece la pena arriesgarse a que su título pase sin pena ni gloria por las tiendas simplemente por echarlo a pelear con otros gallos más grandes.
Elijáis lo que elijáis, que la diversión os acompañe