Multiplayer Only

Vivimos tiempos en los que el juego online está en boca de todos, ganando cada vez más terreno a los modos monojugador de toda la vida. ¿Acabará el '1 Player' siendo ahogado casi por completo por el juego a través de Internet, tal y como aconteciera con las dos dimensiones tras la llegada de la era poligonal?

Sucedió unos 15 años atrás, siendo hasta la fecha la mayor revolución que ha experimentado la industria en toda su historia. La generación de los 32 bits (ya saben, PlayStation, Saturn y Nintendo 64, aunque esta última contara con el doble de bits) llegaba al mercado con una sorpresa bajo el brazo: la definitiva instauración de las tres dimensiones y los gráficos poligonales. Y decimos definitiva porque ambos conceptos llevaban años pululando por el mercado (esos gráficos vectoriales, presentes, entre otras, en la primera recreativa de Star Wars -1983-, o los arcades de la serie Virtua creados por Sega a principios de los 90, por poner un par de ejemplos de los muchos que los amantes a la cultura retro podrán sin duda enumerar), pero fue la llegada de la generación 32 bits lo que acabó implantando de manera definitiva la era poligonal-tridimensional en nuestro querido mundillo. Una revolución con mayúsculas, que produjo diversos daños colaterales. El más evidente fue la casi total extinción de mecánicas y formas de ver y entender el videojuego que habían estado ahí desde el nacimiento de la industria. Me refiero, como no, tanto a los gráficos 2D construidos a golpe de píxel y sprite como a las mecánicas bidimensionales de scroll lateral.

Afortunadamente, dichos conceptos no llegaron a desaparecer del todo, ya que paulatinamente fueron contando con numerosos ejemplos que se extienden hasta nuestros días. En lo referente a gráficos 2D, quizá sea donde se nos plantea una mayor dificultad a la hora de encontrar dichas muestras. Las más evidentes son las creaciones de esos genios del bitmap llamados Vanillaware (Odin Sphere, Muramasa), los artesanos de The Behemoth (Alien Hominid, Castle Crashers), los recién llegados 2D Boy (World of Goo), Playmore con su KOF XII, Arc System Works con su BlazBlue o Nintendo y su The Shake Dimension, la última aventura plataformera de Wario en Wii. Los ejemplos de juegos que a pesar de sus gráficos poligonales siguen manteniendo un desarrollo y mecánica 'como las de antes' también son numerosos: Ultimate Ghost 'n Goblins, Gradius V, Street Fighter IV… Aún así, debemos rendirnos a la evidencia, y es que dichos títulos no dejan de ser excepciones que confirman una regla: las dos dimensiones pasaron a un segundo plano en el mismo instante en que la generación de los 32 bits irrumpió en el mercado.

La era actual de consolas también ha supuesto una revolución para la industria. Si PlayStation, Saturn y N64 implantaron de manera definitiva las 3D, la actual generación HD ha hecho algo similar con el juego a través de Internet. Por supuesto, tal y como pasó con el anterior ejemplo, el juego online ya estaba ahí antes de que Xbox 360 y compañía irrumpieran en el mercado. Las consolas de 128 bits se acercaron a él tímidamente, mientras que en PC lleva golpeando prácticamente desde que la red de redes se implantó en los hogares. Pero ha sido su establecimiento definitivo en la actual generación lo que ha hecho que esté en boca de todo tipo de público, masificándose hasta impregnar cualquier clase de género y mecánica. Toda revolución lleva implícita una serie de daños colaterales, y en esta ocasión son los modos monojugador los que sufren sus efectos. En las últimas semanas, dicho daño colateral ha golpeado contundentemente a las últimas entregas de dos de mis sagas fetiche: The King of Fighters y Dynasty Warriors. KOF XII es posiblemente el juego de lucha más limitado de los últimos lustros cuando no tienes con quien enfrentarte, y Dynasty Warriors: Strikeforce (PSP, próximamente también en 360 y PS3) apuesta por el juego a cuatro jugadores simultáneos de tal manera que se convierte en una experiencia frustrante, insatisfactoria e injugable si decidimos afrontarlo en solitario.

Personalmente, y aún a riesgo de ser acusado de estar chapado a la antigua, he de decir que prefiero vivir un FPS en solitario, disfrutando de una buena, variada y longeva campaña antes que compitiendo en mapas cerrados con un puñado de jugadores que, o bien acaban de llegar y son simple carne de cañón, o bien llevan machacando el juego con férrea determinación y preocupante obsesión desde el mismo momento en que llegó al mercado, convirtiéndose en dioses avasalladores que nos volarán la cabeza mucho antes de que nos dé tiempo siquiera a comenzar a mover el ratón. En el juego cooperativo suele pasar lo mismo: o bien tu compañero es un 'paquete', convirtiéndose más en un estorbo que una ayuda, o bien es un sumo sacerdote del FPS que exterminará a todos los enemigos del juego antes de que te haya dado tiempo a pulsar el gatillo una sola vez. Lo mismo suele pasar a largo plazo en cualquier otro juego online: el competidor medio se convierte en una especie en extinción, ya que sólo los jugadores verdaderamente apasionados (e incluso obsesionados) con un juego determinado seguirán machacándolo insistentemente meses después de su salida (algo que podremos comprobar en los modos online de SFIV, donde a estas alturas encontrar un jugador de nivel medio es una tarea prácticamente imposible).

Niveles aparte, qué quieren que les diga, disfruto mucho más con media hora siguiendo las desventuras de Kaim en Lost Odyssey que un año entero vagando por las tierras de World of Warcraft; también degusto con mucha más satisfacción (y relajación) el modo historia de un buen juego de lucha (con una IA competente y unos niveles de dificultad equilibrados y adaptables) que la competición online; y por supuesto siempre preferiré el modo campaña de un FPS antes que las estrepitosas y estresantes batallas campales a través de Internet. Así pues, solo me queda desear que esta vorágine multijugador no llegue a desplazar a los modos monojugador hasta un segundo, tercer o cuarto plano, tal y como pasó con las 2D por el simple hecho de que lo tridimensional era mucho más novedoso y 'cool'.

Es obvio que el monojugador subsistirá a pesar de la completa implantación del juego online, pero a uno no deja de darle la sensación de que cada vez serán menos los juegos centrados en él. En la actualidad, un videojuego debe llevar modos multijugador sí o sí, independientemente de que sean o no necesarios. BioShock era una auténtica obra maestra a pesar de que no existiera atisbo alguno de modos online en él, pero para la segunda parte ya se está preparando un multijugador que seguramente implique un recorte de la longevidad del modo campaña (después de todo, un DVD no puede rendir más allá de sus 9 gigas de capacidad). Y qué decir del New Super Mario Bros. de Wii. ¿Acaso la mecánica clásica de un Mario de plataformas necesita cuatro jugadores simultáneos? Y también tenemos el caso Resident Evil 5. La poca tensión, inquietud o desasosiego que pudiera quedar en la saga se fue al traste en cuanto se planteó el título como un multijugador cooperativo en la totalidad de su modo historia.

Bien es verdad que son innumerables los ejemplos de títulos que prestan idéntico mimo y atención tanto al monojugador como al online. Pero tampoco son pocos los juegos en los que el modo campaña no deja de ser un mero trámite de práctica antes de embarcarse en la competición a través de Internet, y eso es algo que debería evitarse a toda costa.