Viaje con nosotros...

¿Se está convirtiendo el videojuego en un sustituto del turismo gracias al realismo conseguido con las nuevas tecnologías informáticas y a los viajes virtuales que propone? Todo jugador ha recorrido cientos de mundos desde los mandos. Ahora valoramos si hemos sido viajeros o no.

Viajar. El hombre, desde sus inicios, ha tenido el deseo o la necesidad de viajar, de trasladarse, de conocer y explorar. Al principio de los tiempos, era una mera cuestión de supervivencia y curiosidad por lo desconocido, pero poco a poco, desde mediados del siglo XIX, estos viajes empezaron a hacerse por mero placer y entretenimiento. El videojuego encuentra en las ideas del viaje y la exploración un refuerzo para su éxito. Propone un viaje a través de la pantalla y consigue distraer con esta idea tan antigua antropológicamente. Los apartados gráficos, cada vez más realistas, juegan un papel importantísimo en esta nueva concepción de videojuego como oferta virtual de viaje y aventura de exploración.

Desde la llegada de las 3D, el sector del ocio electrónico tuvo un punto de inflexión en cuanto al traslado del jugador y la sensación de inmersión dentro de los videojuegos. Se dio un paso vital. Ahora se podían rotar las cámaras (cambiar el punto de mira a nuestro antojo), nos encontrábamos en mundos abiertos cada vez más parecidos a la realidad y cuyo foto-realismo iría en aumento con cada nueva generación, y había un interés prioritario por la recreación detallada y artística de estos entornos virtuales, que servirían de escenario para las aventuras, carreras, creaciones y combates de los personajes de cada título.

Todos los géneros de videojuegos actuales proponen, en mayor o menor medida, el traslado del jugador a un mundo irreal que éste visitará sólo audiovisualmente. No es como un viaje real, pues no podrá oler, tocar ni degustar los elementos que en este nuevo mundo encuentre, por lo que sólo dos de los cinco sentidos quedarán estimulados en los viajes virtuales actuales. Pero, como digo, la vista y el oído sí quedan transportados a estos mundos, que no tienen por qué ser sólo de juegos de aventuras y exploración, también pueden ser desde un escenario de Street Fighter IV al último circuito de Forza Motorsport pasando por la nueva casita de Los Sims o la batalla estratégica de Dawn of War. La pantalla sirve como ventana a estas realidades artificiales construidas por un equipo de programadores y diseñadores que buscan que el jugador encuentre en ellas un viaje interesante, realista y que favorezca el éxito comercial del videojuego.

De ahí nace ese sonado interés por los gráficos y por qué nos gusta tanto que un juego disponga de un soberbio apartado técnico: la experiencia llega a ser más creíble o hasta más transportadora. Esta idea es polémica, y en ningún momento quiere decir que un gran juego ha de tener un sobresaliente apartado gráfico, pero sí que se potencia ese deseo viajero del jugador con un entorno detalladamente recreado, con un buen abanico de texturas, visibilidad lejana y un comportamiento creíble del resto de elementos que aparezcan en estos escenarios, en lo que juega un papel esencial la inteligencia artificial de personajes y el motor de físicas de objetos móviles y partículas.

Es innegable la mochila memorística y viajera que cada jugador lleva a sus espaldas. Todos recordamos como si verdaderamente hubiéramos estado allí cientos de parajes, estancias concretas, habitaciones, entornos naturales, ciudades ficticias… Seríamos hasta capaces de recrear un mapa de estos sitios, o de dibujar una imagen extraída de ellos. Nos marcan como nos podría marcar cualquier viaje real que hiciéramos y hasta podemos ir varias veces siempre que queramos, basta con cargar la partida. De manera radical y trasgresora, podemos hablar incluso de un sustituto o una competencia al turismo tradicional, aunque recordemos que por mucho que avance la tecnología, nunca será igual, y siempre el viaje real será más profundo en cuanto a percepción sensorial y libertad de actuación.

Llegados a este punto hay que hablar de otros productos audiovisuales que nos ofrecen imágenes aún más realistas, como el cine o la televisión. Pero como muchos habréis podido predecir, en estos productos no existe interacción del espectador, no hay esa concepción de lo audiovisual como producto transportador ya que las imágenes y sonidos emitidos en pantalla no son seleccionadas por un 'viajero' que mira donde quiere en estos mundos, se acerca al personaje o elemento que le llama la atención y explora qué hay detrás de cada colina, valla o curva. Además, según estamos viendo, las empresas desarrolladoras están buscando cada vez más una mayor inmersión de los jugadores en los videojuegos, con sensores de movimiento, reconocimientos facial y de voz, cámaras…

Por último hablaremos de los espacios reales recreados en videojuegos, como la recurrente ciudad de Nueva York (en GTA IV con mayor realismo por el momento), estadios de fútbol y otros deportes mundialmente conocidos, templos y ruinas arqueológicas o circuitos de carreras famosos. Es obvio que junto al avance de la tecnología, estos entornos van ganando en realismo, tamaño y detalle, pero, ¿cuándo llegarán a ser como sus referentes reales? Pues la respuesta es bien sencilla: nunca. Por tanto, aunque llevemos seis párrafos hablando de viajes virtuales, recuerdos que todo jugador tiene y que nos parecen totalmente reales de mundos que no lo son, o de cómo cada vez hay más realismo en las experiencias que puede ofrecer un videojuego, nunca llegaremos a obtener lo mismo de un viaje físico que de uno virtual. Y eso, en cierto modo, es algo tranquilizador…

Este artículo refleja únicamente la opinión de su autor y no necesariamente la de MeriStation.