Broche de oro

Tras un año de records, sonrisas, esfuerzos y mil y una satisfacciones, el equipo de Meripodcast cierra temporada de la mejor forma posible, con un broche de oro que vosotros, los oyentes, habéis tenido a bien regalarnos en forma de recuerdo imborrable en la memoria y aliento indeleble para el corazón.

Fue a mitad de la temporada pasada cuando Nacho Ortiz, redactor jefe de esta casa y alma mater del Podcast de la revista, me comentó por Messenger la posibilidad de participar en uno de dichos programas, petición que finalizó con una frase: ¿Te ves capaz?

Lo pensé durante varios minutos. Siempre me he considerado una persona más de prosa que de verbo. Me resulta fácil escribir; dar vida a mis opiniones a través de la palabra escrita, después de muchos años frente al teclado, se ha convertido en algo natural en mí. Pero, ¿hablar? No, eso no. No soy un buen narrador. Se me da bien escuchar, eso sí, aunque mis pensamientos siempre han fluido mejor a través de los dedos que de las cuerdas vocales. Pero me apetecía mantener una conversación con mis compañeros; hablar de viva voz sobre videojuegos, sentir cercanos a aquellos con los que tengo el privilegio de compartir afición y profesión, mantener ese contacto que tan difícil hace el hecho de encontrarnos cada uno en una punta del país... Así que dije que sí. La cosa fue rodada y, sinceramente, mucho mejor de lo que había pensado.

Trabajar en MeriStation produce multitud de satisfacciones personales. Escribir un texto, ya sea reportaje, análisis, avance o columna de opinión, sabiendo que serán miles de personas las que lean tu trabajo, es algo impagable para un redactor. El esfuerzo realizado se recompensa con creces cuando uno lee los comentarios sobre el artículo escrito, ya sean positivos o negativos; siempre se debe mejorar, y una crítica constructiva es la mejor herramienta para arreglar aquello en lo que cojeas. Algo que me sorprendió tras comenzar a leer los comentarios de cada Podcast en el que tenía la suerte de participar es que eran mucho más cercanos de lo habitual. Los oyentes criticabais nuestros errores y aplaudíais los aciertos, aunque lo hacíais de una manera distinta, más involucrada y pasional. Y es que, seguramente por esa cercanía que ofrece la voz frente a la palabra escrita, todos (oyentes y tertulianos) hemos podido llegar a sentirnos parte de una gran familia.

Sin duda, el mejor regalo que he recibido al participar en el Podcast ha sido poder estrechar lazos; y no solo con mis compañeros, sino también con vosotros, los oyentes. Os habéis convertido en una parte indispensable del programa, que va mucho más allá del obvio 'Si nosotros hablamos, es porque vosotros nos escucháis'. Y si antes éramos conscientes de ello, con los redebates en cada programa y las tertulias mantenidas con vosotros tras la grabación, ahora ya no queda ninguna sombra de duda.

Acabar la temporada con un podcast presencial, grabado in situ, codo con codo junto a mis compañeros y teniéndoos a vosotros en frente, era algo inimaginable para mí, un sueño que esperaba con todas mis fuerzas que llegara a hacerse realidad. Las barreras a salvar para que esa idea llegara a buen puerto eran muchas. Pero Nacho, nuestro incansable Nacho, las fue tumbando una a una con la maestría que le caracteriza. Y allí estuvimos el sábado pasado, gracias al patrocinio de Sony, en una acogedora sala de Columbia Tristar situada en Madrid, frente a 80 personas, haciendo realidad dicho sueño. Las sensaciones experimentadas por mi parte fueron tantas que seguramente necesitaría un artículo de cien páginas para poder plasmarlas todas. La mayoría de nosotros hablábamos por primera vez de cara al público (yo ya lo había hecho en una ocasión, aunque en un evento mucho menos importante que éste), y el nerviosismo, sobre todo en la media hora previa a la apertura de puertas, era más que evidente. Sin embargo, dichos nervios se borraron de un plumazo cuando la sala comenzó a llenarse, a medida que intercambiábamos opiniones con todos vosotros antes de comenzar a grabar. La sensación de sentirnos parte de una gran familia hizo el resto.

Las tertulias amenas, las bromas, los guiños, las risas… Todo se sucedía a una velocidad asombrosa. Fueron casi dos horas de programa, y se me hicieron tremendamente cortas. Entre intervención e intervención, no podía evitar echar la vista a izquierda, derecha y frente a mí, para corroborar que en verdad estaba formando parte de un encuentro histórico e inolvidable. Me sentía un auténtico privilegiado al poder participar junto a unos compañeros que son auténticas enciclopedias andantes del videojuego, de cara a unos oyentes cercanos y amigables. Aquellas dos horas de programa quedan ya como uno de los mejores momentos que he vivido en la vida, y todo gracias a vosotros.

Tras una fiesta que se alargó hasta altas horas de la madrugada, llegó el momento de recogerse, descansar, hacer balance de todo lo vivido y asistir a un almuerzo junto al resto de mis compañeros, antes de despedirnos para regresar a nuestros lugares habituales de residencia. Como ya dije al principio, se me da mejor escuchar que hablar. Y en eso me concentré principalmente mientras compartíamos mesa: escuchar y observar los rostros del resto de la gente con la que tengo el privilegio de compartir afición y trabajo. Eran rostros cansados, en los que la fatiga de un largo viaje, una intensa jornada de trabajo y una noche con poco tiempo para recuperar fuerzas se hacía evidente; pero también eran rostros satisfechos, relajados, alegres y plenos de júbilo. Sólo tenía que mirar a sus ojos para saber que eran plenamente conscientes de lo mismo que yo: acababan de vivir una de las mejores experiencias de sus vidas.

En aquel momento también deseaba fervientemente que todos los que pudisteis asistir al Podcast presencial, tras una larga jornada de viaje (con partida a muy tempranas horas de la madrugada para muchos de vosotros) y el no menos fatigoso regreso a casa, reflejarais las mismas expresiones en vuestros rostros. Si ha sido así, misión cumplida. A pesar de que a día de hoy el inicio de la tercera temporada del Podcast está en el aire, dado que carecemos de un patrocinador que ponga los medios para llevarla a cabo, nadie será capaz de 'quitarnos lo bailado'. No ha podido haber mejor despedida posible. Y, aunque el futuro en lo referente al Podcast se encuentre lleno de incertidumbres y yo no me caracterice por ser una persona demasiado positiva (algo que pueden corroborar los más cercanos a mí), voy a despedir la columna con la siguiente frase: Estoy seguro de que éste no ha sido el final, sino sólo el mejor de los principios.