Psicosis comunitaria
Los jugadores tienen la voz en Internet. Son capaces de hacerse oír, de conseguir sus propósitos. La red trae consigo una nueva forma de hacer periodismo apoyada en las comunidades. ¿Qué papel juega para el periodista su ferviente público interactivo?
El medio es el mensaje. Esta gran frase espetada por uno de los teóricos de la comunicación más importantes de la historia, el canadiense Herbert Marshall McLuhan (1911-1980), sirvió para comenzar a definir algunas de las primeras características de los medios de comunicación allá por el siglo XX, cuando los periódicos de prestigio comenzaban a tomar consistencia y la televisión daba sus primeros pasos en tonalidades blancas y negras. Mucho ha llovido desde entonces y mucho seguirá lloviendo. El auge de Internet ha servido para potenciar la creación de una opinión teóricamente de libre, de unos medios de comunicación cada vez más cerca de todos. Con la red, las pluralidad de voces, es decir, los mensajes, se transportan a través de un medio sin precedentes.
Querido lector, seguro que por su cabeza pasa ahora una única pregunta: ¿Y a cuento de qué viene este tipo, un redactor de una revista de videojuegos, a contarme a mí esta breve aportación histórico-periodística? Contestar a esta pregunta puede llevar a millones de respuestas, tal y como sucede cuando como lectores interpretamos una información publicada en un medio de comunicación. Que el medio es el mensaje es una cuestión innegable. Cada publicación, esté o no especializada dentro de un sector determinado -en nuestro caso, los videojuegos-, tiene sus propias circunstancias que la llevan a ofrecer una perspectiva de los hechos diferente, personal y única, con múltiples factores incidiendo sobre el trabajo del periodista a diario durante el proceso de elaboración de la información.
El advenimiento de Internet ha dejado, en parte, obsoleta la afirmación de Marshall McLuhan, pues ahora además de medio y mensaje encontramos un tercer factor extremadamente determinante: el lector, capaz de interactuar con ambos elementos citados, capaz de opinar en tiempo real sobre una noticia, artículo o crítica, capaz, en definitiva, de hacerse notar de inmediato, de protestar por lo que desea. Este 'feedback' se traduce en inteligentes comentarios publicados en foros y otras catervas digitales de usuarios que opinan sobre un acontecimiento, consideran su impacto sobre la comunidad y crean corrientes de opinión. Internet sin estos movimientos socio-virtuales no es absolutamente nada. Atrás quedaron las antológicas cartas al director y su nimia inmediatez.
Muchos redactores e informadores padecen una patología que podríamos bautizar como psicosis comunitaria. Y es que ven en esta comunicación entre el lector y el escritor un enemigo capaz de menospreciar su trabajo. Por mi posición en esta casa habitúo a leer los comentarios que los lectores dejan en nuestras noticias. Aunque tienen un doble rasero, estos comentarios pueden servir de mucho para el periodista. Por un lado, en ocasiones los lectores pueden ayudarte a conocer mejor el contexto de una información, a entender un tema desde más perspectivas. También es muy interesante pulsar la opinión de éstos para saber cuáles temas serán de interés general. Por otro, sin embargo, tener en consideración determinados comentarios puede terminar casi en una depresión para los escribas más sensibles.
Nos encontramos en un sector de pasiones, donde los jugadores defienden a muerte su plataforma o compañía preferida, algo que proporciona una "salsa" intrínseca que nos hace la vida más alegre a todos. Pero nunca podemos olvidar que detrás de unas líneas escritas en formato digital o en papel se esconde una persona de carne y hueso, capaz de reaccionar de millones de maneras a un comentario de un lector. Somos capaces de tomar de buen grado las críticas de los usuarios, pues sirven para mejorar en tu trabajo. De hecho, y aunque de cara a la galería no lo parezca, sé de buena tinta que en ésta y otras casas se tienen en muy buena consideración las valoraciones del público por crudas que sean. El problema radica cuando el lector, ya sea por inocencia o por falta de información, ve conspiraciones donde no las hay, interpreta señales inexistentes y realiza valoraciones subidas de tono.
No estoy aquí para juzgar la opinión de nadie, pero sí para advertir al público sobre una tendencia que se está dando últimamente. Señor o señora, tenga cuidado con el vecino, con ese que comenta a su lado y que parece opinar como usted: puede que sus palabras las cargue el marketing y la publicidad. Sí, cada vez son más las compañías que apuestan por invertir recursos en los 'Community Managers', esto es, personas que se encargan de asaltar foros y comunidades de la red para crear corrientes de opinión favorables sobre ciertos productos. Es su trabajo, crear desde cero expectación o 'hype', y como tal deben ejecutarlo de la mejor manera posible. El nuestro, como garantes de la estabilidad de una comunidad, será controlar que no sobrepasen los límites impuestos a todos los usuarios.
Compartan o no una opinión publicada dentro de las páginas de un medio de comunicación, no olviden el respeto y la consideración tanto con la comunidad como con los periodistas. Eviten caer en el envío de mensajes privados burdos y vacíos de contenido poniendo de vuelta y media a familia y amigos del redactor de turno y, sobre todo, no dejen que la pasión por un producto ciegue el raciocinio y termine convirtiéndolos en herramientas del marketing y de la publicidad. No se fíen ni de sus sombras: ahora el enemigo está en casa.
Esta columna es la opinión de su autor y no representa necesariamente la postura de Meristation.