¿Tecnología insuficiente?
El panorama actual de los videojuegos está fuertemente vinculado a la tecnología puntera y la innovación. ¿De verdad es necesario todo esto para poder disfrutar de nuestros juegos? Capcom nos demuestra que, sabiendo jugar las cartas, hay muchas otras formas de sorprender.
El tiempo pasa lenta e inexorablemente. Parece que fue ayer cuando las tres dimensiones asomaban la cabeza en nuestros videojuegos, y a día de hoy son un estándar que se quiere ya dejar atrás, con iniciativas como las de Sony para ofrecer sus títulos en las llamadas 3D reales. Pero, ¿de verdad es necesaria tanta evolución tecnológica? ¿Han llegado los entornos tridimensionales a explotar todo su potencial?
La respuesta es evidente: no. Se podrían alegar muchas cosas, como el hecho de que a día de hoy existen todavía muchos géneros que no hay sabido explotar a la perfección la tercera dimensión; o los numerosos problemas con la cámara, sea fija o móvil, a los que debemos enfrentarnos casi constantemente en nuestras partidas. Pero la respuesta más contundente es el hecho de que no sólo las 3D tienen mucho que demostrar todavía, sino que las 2D aún no han dicho su última palabra, incluso a pesar de que hace más de una década que muchos han intentado enterrarlas.
No nos engañemos, en los últimos años se ha asentado la sensación de que el salto de toda franquicia a las 3D era imperativo, que las 2D se quedaban relegadas a los juegos portátiles, de descarga o, en casos no tan numerosos como nos gustaría, para juegos de lucha. Pero todos esos ejemplos se encontraban, una y otra vez, de forma inexorable, con un muro inconsciente en el que la mayoría de desarrolladoras y usuarios renegaban de una técnica y un estilo que se antojaban de otra época.
Pero entonces, llega Capcom y da un golpe de autoridad como pocas veces se han visto. No hablamos de una compañía cualquiera, dado que en numerosas ocasiones nos han asombrado con obras atemporales de muchísima calidad; tal vez por eso se pudo permitir recuperar una franquicia de renombre como es Street Fighter y aprovechar para innovar y experimentar con ella. Y el resultado ha sido, simple y llanamente, soberbio, excelente, un título que marca un antes y un después en el género, tal y como hizo Street Fighter II antes de él.
Lo triste es que tengamos que hablar de innovar cuando lo que Capcom ha hecho ha sido, principalmente, atesorar lo que ya tenía y darle una interesante capa de pintura para ponerlo al día. Estamos ante un juego 2D, pero que da la intensa sensación de que se trata del título más puntero de cuantos han salido en años dentro del género. Surge, de forma inevitable, la pregunta: ¿de verdad es necesaria tanta innovación, cuando todavía queda mucho por experimentar y explotar con lo que tenemos en la actualidad? No nos engañemos, las tecnologías actuales son de lo más variadas, y apenas se ha arañado la superficie de lo que se puede llegar a alcanzar.
A nadie se le escapa que la industria del videojuego ha llevado una ascensión meteórica, que el ansia por estar por delante, por sacar productos más punteros, haya provocado esta espiral en la que se ponen sobre la mesa tecnologías de todo tipo, muchas de ellas con millones de desarrollo invertidos a sus espaldas, pero que caen en el olvido en cuestión de meses, sin que usuarios y empresas sean capaces de conocer todos los recursos que ponen a su disposición. Tal vez sea este el momento de frenar un poco la marcha y aprovechar lo que tenemos, que no es poco. ¿De verdad necesitamos más? De los millones de usuarios de videojuegos que hay en el mundo, apenas un 20% estamos interesados en la tecnología puntera, la inmensa mayoría está satisfecha con títulos sencillos y accesibles, como la línea Imagina Ser.
Capcom no sólo nos ha puesto en las manos una auténtica joya de la jugabilidad, un título atemporal que marcará la evolución de género durante los años venideros y que tardará en ser superado. También nos ha demostrado que vivimos en una burbuja tecnológica en la que nos estamos perdiendo muchas cosas del exterior. ¿Cómo van a estar agonizando las 3D tal y como las conocemos, si Capcom nos acaba de demostrar que ni siquiera hemos visto todo el potencial de las 2D? Esperemos que las compañías tomen buena nota de la lección magistral de Capcom y, lejos de invertir en grandes tecnologías y diseños innovadores, podamos ver más títulos que perfeccionen lo bien conocido por todos, que logren arrancarnos esa sonrisa de felicidad como si descubriésemos los videojuegos por primera vez.